“El hombre que me encare tiene que tener muchas agallas” – GENTE Online
 

“El hombre que me encare tiene que tener muchas agallas”

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En qué momento de tu vida te encuentro?
–¡En qué momento! En una nueva etapa. No cambié: mi esencia es la misma, pero me siento renovada, más madura, más centrada. Te podría decir que encontré mi eje. Hoy sé lo que quiero y aprendí a decir que no. Estoy contenta con mis 31 años, orgullosa de todo lo que conseguí cuando miro hacia atrás. Muy bien, me encuentro muy bien. La ebullición, el torbellino, pasaron. .........................................................................

Mariana Fabbiani ríe, como ríe siempre: fresca, contagiosa, con todas las ganas. Pasó. Pasó lo del dolor por la separación, lo de tener que dejar la casa que compartió junto a Gastón Portal (su ex marido, hoy de novio con Julieta Prandi), lo de enfrentar a los medios para explicar lo que ni ella entendía todavía. Fueron doce años juntos, llevan catorce meses separados, y recién ahora siente que puede tomar la distancia necesaria para hablar. Entonces, dice que nada sucede de un día para el otro, que llegar hasta acá le llevó un gran proceso. Pide un cortado, un tostado de tomate y queso, firma un autógrafo para el hijo del encargado, apaga el celular…

–Contáme: ¿cómo te rearmaste?
–La verdad es que cuando nos separamos yo me tomé mi tiempo. Dije: “Tengo un dolor muy grande y no quiero tomar decisiones que me distraigan de esto. Es un dolor que debo asumir y atravesar”. Ahí paré con todo. Quería vivir mi tristeza, hacer el duelo y como sé que el laburo me conecta con un lado muy feliz mío y no quería tapar el sufrimiento, dejé de trabajar.

–Suena muy masoquista…
–Ah, no sé, pero yo necesitaba vivirlo de esa manera. Ojo, que jamás me puse en el rol de víctima. Siempre tuve los pies muy sobre la tierra: lo que me pasaba a mí, le pasa a millones de parejas… ¡y nadie se muere por eso! Pero después de tanto tiempo juntos, necesité mi tiempo para reencontrarme, para analizarme, para observarme, para ver dónde estaba parada y qué quería hacer de mi vida. Si de algo estoy orgullosa es de que me sorprendí al descubrir que era una mujer mucho más fuerte de lo que yo misma creía.

Y eso no lo sabés hasta que no te pasan estas cosas, hasta que no te ponen a prueba. Hoy ya sé que me puedo bancar cualquiera. Como diría una buena cacerola: “Apriete que no se abolla” (carcajadas). Igual, no fue fácil.

–¿Qué te costó más? ¿Asumir el fracaso? ¿Encarar la soledad…?
–Sufrí un desarraigo cuando me fui de la casa. Me mudé a un departamento que yo tenía de soltera y no aguanté mucho. Sentí que había retrocedido. Me mudé a otro antiguo, divino, soñado, y ahora estoy por mudarme de nuevo a un lugar que espero sea el definitivo. Las mudanzas fueron difíciles. Además, me costó encontrarme. Me di cuenta de que cuando uno está tantos años en pareja se despersonaliza muchísimo. Se complica armar tu vida sola cuando hasta ayer todo lo planeabas de a dos.

–¿Te sorprendió la separación?
–¡Pero no! Después de diez años, fue una decisión charlada y pensada. Tuvimos la posibilidad de elegir de nuevo, nos miramos y nos dimos cuenta de que no estábamos viviendo lo que habíamos soñado y que no era tarde para rearmar nuestras vidas. Entonces, preferimos tomar esta decisión antes que terminar odiándonos. Lo nuestro fue muy fuerte y no estaba bien destruirlo.

–¿Compartir el trabajo influyó?
–La convivencia desgasta y el trabajo también. Nosotros compartíamos las dos cosas. Pero uno le puede dar mil vueltas al asunto y nunca hay una razón. La vida es así. Nos tocó vivir esto, estuvo buenísimo y guardo el mejor recuerdo.

–¿Y ahora qué hacés trabajando otra vez con él?
–¿Viste? Las mujeres somos animales de costumbres… (carcajadas). No. En realidad, siempre separamos el trabajo de la pareja, y nuestra relación laboral fue y es impecable. Con Gastón nos respetamos y nos admiramos mucho desde lo profesional.

–Aviso: si vas a decir que no te cuesta trabajar con tu ex, no te lo creo.
–Es muy difícil, claro que sí, pero se puede. Lo hablé mucho con Gastón cuando me ofreció hacer RSM (Resumen de los Medios) y te digo más: en ese momento tenía un montón de ofertas de otras productoras, algo que me puso pilas y muy contenta, porque a nadie se le ocurría llamarme cuando era su mujer. De todas formas, para este año lo elegí, porque me gustó su idea y porque antepuse la amistad.

–¿Qué amistad?
–Sí, te juro, la nuestra, porque seguimos teniendo una relación de mucho cariño, de mucho afecto. Yo le deseo lo mejor y me preocupo si no está bien. Y sé que a él le pasa lo mismo conmigo. Pensá que estuvimos doce años juntos. Doce años muy importantes en nuestras vidas, porque compartimos una etapa de crecimiento personal y profesional muy fuerte. Creo que debo ser la persona que más conoce a Gastón, y él el hombre que más me conoce a mí. Como las buenas intenciones están, decidimos probar cómo funcionaba…

–¿No hay pase de facturas?
–No. Si fuera así no podríamos seguir. Somos grandes, adultos. Ninguno está en la histeria de ver qué maldad puede hacerle al otro. Todo lo contrario. Pensá que yo estoy en GP, su productora, desde que se puso el primer ladrillo. Es un lugar donde montaron proyectos a mi medida, que me hicieron crecer en lo profesional… No puedo dejar de valorarlo. También ayuda el conocernos tanto: tenemos un mismo criterio en el trabajo. Obviamente, en algunas cosas no pensamos igual y nos enfrentamos mucho. Discusiones que antes se solucionaban a la noche, cuando llegábamos a casa, ahora lleva unos dos o tres días superarlas.

–¿Estás con ganas de volver a enamorarte?
–Tranquila… No creo que uno pueda evaluar, pensar, proyectar eso. Te pasa. Yo creo que enamorarte te sorprende.

–¿Y te sorprendió?
–(Risas) No, todavía no me sorprendió. El hombre que se me acerque en este momento tiene que tener muchas agallas. Es para valorarlo, porque vengo con un historial muy público detrás... Además, cuesta más enamorarte a los 30 que a los 20, porque uno se pone más exigente. Por ahora, lo único que quiero es divertirme.

–Tirar la chancleta, que le dicen…
–No, no en ese sentido. Divertimento sano: pasarla bien conmigo, disfrutar de mis afectos. Hoy nada me desespera.

–Decías que en esta nueva etapa sabés qué querés… ¿Qué querés?
–Por el trabajo descuidé mis afectos. Me parece que antes no tenía muy claro dónde estaba parada. Ahora sé que soy una persona pública, que tengo mucha responsabilidad, pero que a pesar de todo eso llego a mi casa y tengo una vida normal…

–¿Acaso antes no?
–No. En un momento no tuve una vida normal. Desde el año 1994 que hago tele y no paro. Encima, todo el 2003 y el 2004 viví bajo mucho estrés laboral: grababa doce horas El ojo cítrico y viajaba una vez al mes a los Estados Unidos a grabar un programa para Telemundo. Era maravilloso y asfixiante a la vez, porque soy de involucrarme mucho con mi trabajo. Seguía, le daba para adelante, porque me costaba decir que no, y recién el día que me separé me di cuenta de que la vida también pasa por otro lado, que tenía ganas de rescatar mis afectos, de ver a los amigos que tenía abandonados. Hoy elijo mejor, creo…

–¿Y en lo laboral cuándo vas a elegir despegarte de tu ex?
–Seguramente el año que viene. Todas las propuestas que me llegaron este año fueron más que nada vinculadas a la actuación. Me dan ganas. Creo que en el 2007 me animo. De todas formas, quiero seguir conduciendo. Es algo que me encanta, y como me costó mucho llegar al lugar que tengo hoy, siento que debo cuidarlo. También estoy con ganas de generar cosas propias, y como soy polvorita sé que no me voy a quedar quieta hasta conseguirlas.

–Me dijeron que ahora tenés perro.
–Me estaba separando cuando lo compré. Es un labrador. Se llama Oringo. Fue una compañía muy grande en este tiempo. Duerme conmigo, en mi cama, con la cabeza apoyada en la almohada y todo. Dice el paseador que es muy sociable, alegre y simpático, que le ve mi personalidad. Así que salió a la madre... Gastón todavía me pregunta por él.

–Hablás de tu perro como si fuese un hijo…
–No, che. Por favor, no es lo mismo. Pero hoy canalizo mucho en Oringo el afecto que tengo para dar. Es una gran compañía para mí. No estoy en el momento ideal para querer tener un hijo, pero muchas veces se me cruza la idea por la cabeza y creo que cuando esto llegue voy a ser una buena madre. Pese a todo, sigo soñando formar una familia y tener muchos bebés.

–¿Te arrepentís de no haber tenido hijos con Gastón?
–Cuando me hiciste esa nota antes de casarnos, me imaginaba a los 30, 31, con algún hijo de él. Por algo no se dio. De todas formas, yo siento que con Gastón tuvimos muchos hijos: cada proyecto que gestamos juntos fue como un bebé que parimos y que todavía hoy vemos crecer.

Sonrisa eterna: ésa es su marca registrada. A los 31, la conductora de <i>RSM</i> deja a un lado el humor para hablar de sus más íntimos cambios y esas cosas del amor.

Sonrisa eterna: ésa es su marca registrada. A los 31, la conductora de RSM deja a un lado el humor para hablar de sus más íntimos cambios y esas cosas del amor.

“<i>No cambié. Mi esencia es la misma, pero me siento renovada, más madura, más centrada. Hoy sé lo que quiero, y aprendí a decir que no</i>”

No cambié. Mi esencia es la misma, pero me siento renovada, más madura, más centrada. Hoy sé lo que quiero, y aprendí a decir que no

“<i>Cuando uno está tantos años en pareja se despersonaliza muchísimo. Se complica armar tu vida sola cuando hasta ayer todo lo planeabas de a dos</i>”

Cuando uno está tantos años en pareja se despersonaliza muchísimo. Se complica armar tu vida sola cuando hasta ayer todo lo planeabas de a dos

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