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"El gran desafío es que la escuela vuelva a enseñar"

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Entra a su despacho, entusiasmado. Lleva en la mano derecha 23 pequeños
libros: 14 centímetros de ancho, 20 de largo, 10 páginas promedio. -Están
calientes… Recién salidos del horno, celebra.

Son cuentos. Miro los dos primeros: Final del juego, de Julio Cortázar, y
El penal más largo del mundo, de Osvaldo Soriano.

-Quiero repartir libros por todos lados. Sin libros, no hay educación,
-sentencia.

Esa sentencia lo define. Daniel Fernando Filmus (48, casado, dos hijas),
sociólogo, profesor universitario (vasto curriculum: 7 carillas a un espacio
entre cargos, cátedras, investigaciones y publicaciones), ministro de Educación,
Ciencia y Tecnología desde mayo del 2003, está a la cabeza de una cruzada:
inundar las escuelas con 3.500.000 libros "que estamos comprando con mucho
esfuerzo"
, aclara.

-Hace 30 años y muchos ministros que vengo a este despacho para hablar de lo
mismo: el drama (o la tragedia) de la educación. ¿Podré cambiar de tema algún
día?
-La decadencia del sistema educativo es consecuencia de la decadencia del
país. Seguramente le pasó lo mismo con los ministros de Economía, de Justicia,
de Salud…

-Sin duda. Pero creo que de todos los clavos ardientes, la educación es el que
más quema… ¿Cuándo y por qué empezó el derrumbe?
-Quizá en 1966. Gobierno de Onganía, La noche de los bastones largos. Se
cerró un ciclo y empezó otro.

-¿Bajo qué credo?
-Que la Argentina podía sobrevivir sin educación porque los argentinos
éramos inteligentes y no la necesitábamos.

-Un credo criminal…
-Y así se fueron del país los mejores. Recuerde uno, nomás: César Milstein,
premio Nobel…

-Podemos hablar de periodista a Ministro, pero también de profesor a
profesor: yo lo soy también. ¿Cómo superar las pavorosas cifras de fracaso
universitario, ese 43 por ciento de abandono antes de terminar primer año?
-Si mejora el nivel socio-económico del país, esa tendencia tiene que
revertirse. Pero no por arte de magia: además, deben cambiar muchas cosas.

-Es evidente que una mayoría de los alumnos no puede superar el paso de la
escuela secundaria a la universidad. Es una especie de abismo. ¿La culpa es del
Polimodal, que prolonga la inmadurez?
-No. Sucede que el modelo pedagógico de la Enseñanza Media es muy
estructurado, muy compartimentado, y sin visión global. El chico pasa de una
escuela primaria en la cual la maestra es la segunda madre, a un ámbito donde
tiene, de golpe, catorce profesores.

-Conozco el resultado: alumnos que preguntan obviedades como "¿Pongo mi
nombre a la izquierda o a la derecha?
", o se desploman ante un examen
parcial, o…
-O regatean la nota, porque su objetivo no es aprender: es zafar.

-¿Cómo romper ese esquema perverso?
-Es imperioso lograr una articulación entre los ciclos educativos. Hoy, los
profesores no se reúnen, no analizan los casos en conjunto, no investigan por
qué un alumno fracasa en determinadas materias.

-El modelo toco y me voy. El profesor-taxi…
-Exactamente. Por eso queremos avanzar hacia el modelo de dedicación
exclusiva, de tiempo completo.

-Con los sueldos actuales, suena imposible.
-Desde luego. Es primordial pagarles no sólo las horas-cátedra en las que
están con los alumnos, también las de su dedicación a proyectos, a
investigaciones, etcétera. De lo contrario, seguirán imperando la falta de
rigor, la escasa exigencia, la…

-El famoso como si. Los profesores hacen como si enseñaran, y los alumnos
hacen como si estudiaran y aprendieran.
-Tal cual. Porque se perdió la cultura del trabajo, del esfuerzo, del premio
al mérito.

-¿Es posible recuperarla, o hablamos de una causa perdida?
-No es fácil, porque el Estado, el que debe emitir los buenos y claros
mensajes, hace cuatro décadas que desatendió la educación. Por lo tanto, ¿con
qué autoridad puede hablar? Es necesario mejorar los salarios docentes, invertir
más y recuperar la jerarquía profesional.

-¿Por qué otros factores se perdió todo eso?
-Durante el último gobierno militar, los profesores recibimos una cartilla
en la que se nos pedía no pedirle libros a los chicos. La orden era
disciplinarlos, sólo disciplinarlos. Después, llegada la democracia, la orden
fue contenerlos. En ambos casos, enseñar -lo prioritario- pasó a último plano.

-¿Qué papel jugó la pobreza?
-Un papel clave. Si un alumno no come, ¿qué podemos exigirle?

-Mate cocido y pan versus la regla de tres, digamos.
-Es así. Cuando mejore el nivel socio-económico, tal vez la voz del Ministro
de Educación sea escuchada. La mía o la de otro, por supuesto: no estoy
personalizando. Pero que algo quede claro: el Estado no puede producir el
milagro si la familia no se pliega a la batalla. En mi época, si la maestra
ponía una mala nota, nuestra madre nos gritaba. Hoy, en cambio, lo más probable
es que la madre le grite a la maestra. Si los padres legitiman que lo importante
no es aprender sino pasar, no hay esfuerzo del Estado que valga.

-¿La situación es así de grave?
-¿Conoce algún padre que premie a su hijo regalándole un libro? ¿Conoce
padres que lean media hora todos los días junto a sus hijos? Hay una verdad
irrefutable: los chicos no aprenden lo que decimos sino lo que hacemos.

-Llegamos al gran tema: el libro, la lectura.
-En la Argentina, a comienzos de los 70, se vendían 12 millones de libros de
texto. Hoy, con mucha más población escolar… ¡se venden 2 millones y medio! Un
libro cada tres chicos, mientras Chile tiene tres libros por chico. Y estoy
hablando de Chile, no de un país superdesarrollado. Hoy, aquí, los padres
ahorran en libros, pero no en marcas de zapatillas… La responsabilidad del
fracaso es nuestra, del Estado, pero la complicidad familiar no es menos grave.

-Volvemos al principio: el libro.
-Siempre. La capacidad de un chico para escribir, para pensar -pensamiento
lógico y pensamiento abstracto-, para comprender, es directamente proporcional a
sus lecturas. Hoy, en mi cátedra universitaria, primer año de Sociología, no
consigo que los alumnos escriban una frase que tenga que ver con otra.

-Leer, leer y leer.
-Sí, absolutamente. Soy el loco de los libros. Por eso soy fanático de Harry
Potter. Permitió que mi hija, y millones de chicos, lean 500 páginas, y más de
una vez. ¡Bienvenido sea!

-De paso, Ministro, ¿a qué escuela van sus hijas?
-Una es muy chiquita: todavía no empezó. La otra, a la escuela de una
congregación religiosa.

-¿Hay grandes diferencias de calidad entre la educación pública y la privada?
-No. En ambos frentes hay escuelas muy buenas y muy malas, pero la
decadencia es general.

-Más allá de la construcción de 700 escuelas, de los miles de becas, de los
millones de libros, de la capacitación docente, de todo lo que su Ministerio
promete, ¿cuál es el escollo más difícil de superar?
-La pobreza. Ni Mandrake puede enseñarle a un chico que no comió. Superar
eso no depende de nosotros, de este Ministerio, y es un factor decisivo.

-¿Qué depende estrictamente de ustedes?
-Que la escuela vuelva a enseñar, y que los docentes -740 mil en todo el
país, sin contar los universitarios- se capaciten, porque nadie puede enseñar lo
que no sabe.

-Pero, ¿cómo lograr el apoyo de la familia?
-Tenemos que conseguir que tome conciencia y sea un aliado de la educación.

-No parece fácil.
-No lo es. Pero si demostramos vocación, esfuerzo y autoridad, es posible
que nuestro mensaje llegue y funcione.

-¿Cómo se demuestra esa autoridad?
-Con coherencia. Haciendo lo que decimos.

-¿Podré volver a este despacho sin usar las palabras drama o tragedia
educativa?
-Ojalá. Si hay un proyecto de país, todo es posible. Y ese proyecto existe.

Filmus en su despacho. Un despacho que vio pasar muchos ministros en cuarenta años sin que el drama de la decadencia educativa dejara de agudizarse. ¿Podrá cambiar la historia?

Filmus en su despacho. Un despacho que vio pasar muchos ministros en cuarenta años sin que el drama de la decadencia educativa dejara de agudizarse. ¿Podrá cambiar la historia?

El Ministerio tiene que recuperar autoridad, trazar un proyecto claro y lograr que las familias de los alumnos sean aliadas de la recuperación de la calidad educativa", dice Filmus.">

"El Ministerio tiene que recuperar autoridad, trazar un proyecto claro y lograr que las familias de los alumnos sean aliadas de la recuperación de la calidad educativa", dice Filmus.

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