«El estilo de las modelos raquíticas ya pasó» – GENTE Online
 

"El estilo de las modelos raquíticas ya pasó"

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Su mirada deja sin aire a cualquiera y es una de las pocas modelos argentinas que tiene la altura de las top internacionales. Soledad Ainesa trabajó durante dos años en Europa, Australia y Estados Unidos con mucho éxito, pero un día hizo las valijas y se tomó un avión de vuelta a Buenos Aires. Hoy, es la cara de Bailey´s, Tucci, Revlon y Rimmel.

-Usted era una modelo exitosa en el exterior, ¿por qué volvió?
-Porque extrañaba. Y aproveché que el trabajo había empezado a repuntar acá, en Argentina. Justo había pasado el tema de la devaluación y los contratos empezaron a crecer. A mí me va muy bien acá y, además, tenía ganas de estudiar.

-¿Qué?
-Estoy en tercer año de Diseño de Indumentaria, en la Universidad de Palermo.

-¿Quiere tener su propia línea de ropa?
-Ese es mi deseo, pero me parece que antes debería diseñar para las marcas de otros.

-¡Qué alta que es! ¿Cuánto mide?
-Un metro ochenta. Afuera me iba muy bien con esta altura. Acá, a veces, es más difícil, aunque empezaron a aparecer chicas nuevas, más altas, con un estilo más europeo.

-Y además, tiene un cuerpo voluptuoso, raro de ver en las pasarelas…
-Cuando empecé, a finales de los noventa, sufrí muchísimo porque estaban de moda las chicas flacas, lánguidas, anoréxicas, casi raquíticas. Y a mí me volvían loca y me decían que tenía que adelgazar, porque si no, no iba a trabajar. Pero a partir de que apareció Giselle Bündchen, creo que la cosa cambió, las pulposas se reposicionaron, y el estilo de las modelos raquíticas pasó. Yo me acomplejaba mucho. Venían a veces las productoras con pantalones talle 26 y me decían "a ver nena, no te entran". ¡Gracias a Dios que no me entran, porque estaría muerta con ese talle y esta altura!

-Sigamos con el cuerpo. ¿Se desnuda, hace topless?
-En realidad, yo trato de cuidarme con eso. Yo hago otro tipo de cosas. Hago moda y no necesito desnudarme. Pero no juzgo a las que lo hacen, me parece bien, si ellas quieren...

-¿Cuáles son los pros y los contras de trabajar afuera?
-Lo malo es que se extraña mucho y lo bueno es que la agenda está mucho más llena. Tenés mucho más trabajo.

-¿Y en cuanto a los privilegios que tienen las modelos?
-Allá son todas números. Hacen su trabajo, se van a su casa y se acabó. No hay divismo. Acá no es así, aunque creo que ahora las cosas están cambiando. Estamos todas trabajando y no hay estrellas.

-¿Le parece? ¿No hay tratamiento diferente para chicas como Pampita o Nicole Neumann, por ejemplo?
-Mirá, yo ayer hice el desfile de Adidas con Nicole, y ella llegó a la misma hora que todas, no tenía camarín especial, ni nada. Así que las cosas están mejor. Nosotras trabajamos de modelos y eso no significa más que eso.

-Usted hablaba de estudiar una carrera. ¿Por qué, yéndole bien en Europa, decidió ir a la facultad en Buenos Aires?
-Porque quería conectarme con otra cosa, con otro mundo. El universo de la moda está vinculado con la imagen. Y a pesar de que estás permanentemente en contacto con gente, las relaciones son a nivel de la superficie, son poco profundas. Necesitaba ver otras realidades, otros tipos de vida.

-¿Y cómo la recibieron en la facultad?
-Al principio fue raro. Me llevaba mejor con los varones. Las chicas tenían más reparos conmigo. Viste cómo somos las mujeres. Tal vez más difíciles, competitivas, o no sé. Después, cuando me conocieron de verdad, ya todo estuvo bien. Me tratan re bien.

-¿Tiene novio?
-Estoy de novia desde hace dos años y medio con el fotógrafo Claudio Divella, y estamos viviendo juntos hace un año. Nos conocimos trabajando. Igual, ahora preferimos trabajar por separado. No sé muy bien por qué.

-¿Es hija única?
-No, somos cinco hermanas mujeres y muy seguidas. Somos muy unidas y amigas.

-Pobre su padre, entre tanta hormona femenina.
-Mi papá casi se muere con tantas mujeres. A mí me hubiera gustado tener también algún hermano varón, así hubiera podido entender más a los hombres.

-No se desespere. No los va a entender jamás.
-¿En serio? ¡Ay, no! Igual, tuve una infancia genial con mis hermanas, en el campo.

-¿De dónde es?
-Viví hasta los dieciséis años en Arribeños, muy cerca de Junín. Estábamos todo el día al aire libre, jugando debajo de los árboles, andando a caballo. No jugaba con muñecas. Yo no podía entender a las chicas que jugaban con muñecas. Para mí era un embole. Nosotras teníamos la casita del árbol, no sé, todo era mucho más divertido.

-¿Y cómo fue llegar a la capital?
-La pasé muy mal. Pensá que yo estaba lejos de la civilización. Fue muy duro, me costó un año adaptarme, y fue muy triste. Estaba muy sola. Pero después, de a poco, me fui acostumbrando. Igual, yo me quería venir a Buenos Aires y sabía que la iba a pasar mal un tiempo. Pero eso no me iba a hacer volver a Arribeños. Sólo tenía que tener paciencia.

por Florencia Canale

fotos: Santiago Turienzo

producción: Estefanía Allende

Soledad Ainesa tiene sangre italiana y vasca. Algunos dicen que es la Giselle Bündchen argentina. Ella sólo sonríe y mueve su cuerpo con languidez y sensualidad.

Soledad Ainesa tiene sangre italiana y vasca. Algunos dicen que es la Giselle Bündchen argentina. Ella sólo sonríe y mueve su cuerpo con languidez y sensualidad.

Venían las productoras con pantalones taller 26 y me decían: 'No te entran'. ¡Gracias a Dios, porque estaría muerta con ese talle y esta altura!"

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"Venían las productoras con pantalones taller 26 y me decían: 'No te entran'. ¡Gracias a Dios, porque estaría muerta con ese talle y esta altura!"

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