El editor de Charlie Hebdo: “No vivo con miedo ni me siento un héroe” – GENTE Online
 

El editor de Charlie Hebdo: “No vivo con miedo ni me siento un héroe”

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No sale mucho del hotel donde se hospeda en Buenos Aires, a pocos metros del Obelisco. Su custodia, que lo sigue de cerca todo el tiempo, prefiere evitar las caminatas por espacios públicos. Gerard Biard, el periodista francés que a los 58 años pisa por primera vez suelo latinoamericano, es un hombre amenazado. Editor en jefe de la revista satírica Charlie Hebdo, llegó a nuestro país para participar del evento Ideas. Pensemos juntos el futuro, organizado por el Ministerio de Cultura de la Nación.
 
En cada entrevista que concede surge el inevitable recuerdo de aquel 7 de enero de 2015. Esa vez, Biard no se encontraba en la redacción parisina –estaba de viaje por Londres– cuando dos terroristas irrumpieron en el lugar al grito de “¡Alá es grande!” y mataron a doce personas, la mayoría dibujantes de la publicación. El mundo se conmovió por el hecho y hasta patentó una frase: “Yo soy Charlie Hebdo”. Lejos de abandonar su posición anti-religiosa, Biard la reafirma. Y explica por qué.
 
–Gerard, ¿con qué expectativas llegó a nuestro país?
–Sin esperar nada en particular, pero con curiosidad. Argentina tiene toda una historia en relación a la democracia y la libertad de expresión pisoteadas. Y también una historia respecto de las relaciones con la religión.
 
–Bueno, por supuesto sabe que tenemos un Papa argentino.
–Sí, lo sé. Y también sé que él es un “careta”.
 
–Epa... ¿Por qué?
–Cuando habla a propósito de la libertad de expresión, acerca de las tapas de Charlie Hebdo sobre la religión, dice que cuando se insulta a los creyentes es como si insultaran a su propia madre. Y que le dan ganas de darle una trompada al que insulta. Yo le pediría al Papa que releyera los Evangelios, donde Jesús dice que hay que ofrecer la otra mejilla.
 
–Lo que dijo Francisco es que no se puede insultar la fe de los otros. ¿Ustedes hacen eso?
–No, no insultamos a la fe. La fe es íntima y concierne al individuo. Insultamos o criticamos a las religiones, especialmente cuando se meten en el terreno político y social. Atacamos a las religiones cuando dicen que la ley debe ajustarse a la ley de Dios.
 
–¿No cree que Francisco, en algunos aspectos, tiene un pensamiento progresista?
–Que es más progresista que Juan Pablo II y Benedicto XVI es indiscutible. Pero creo que, al igual que Juan Pablo II, no deja de ser un Papa muy político. Entendió cuál es la carta que puede jugar en estos tiempos: volver a ser la Iglesia de los excluidos, de los pobres. Lo cual es una estafa, porque el Vaticano es uno de los Estados más ricos del mundo. Pero al menos en apariencia tiene un discurso diferente al de sus predecesores.
 
–De todos modos, la Iglesia Católica como institución ha perdido fuerza a través de los años.
–Ciertamente. Pero la perdieron por un combate político. Como resultado, fue la democracia la que les impuso la obligación de secularizarse. Hoy existe una religión en proceso de conquista política, el Islam. La Iglesia Católica aprovecha ese impulso para recuperar terreno, justamente en el plano político. Nunca renunció a eso.
 
–¿Usted separa a la institución del creyente que tiene fe y la profesa?
–Sí, lo que concierne al individuo en su fe íntima no es asunto mío. Es asunto mío cuando ese individuo o la institución me dice a mí y a la sociedad lo que tengo que hacer, y lo que no debo hacer.
 
–Desde el terrible atentado que sufrió la revista, ¿qué cosas cambiaron en su vida?
–En mi vida personal, lo que cambió es que estoy con custodia permanente. Gracias a esa protección sigo haciendo lo que hacía antes. Puedo seguir diciendo y defendiendo mis ideas. Lo que cambió es que la sociedad empezó a someterse al chantaje que ejerce el terrorismo. Lo comprobamos especialmente en el terreno de la libertad de expresión y representación artística. Hay obras de teatro o debates que no pueden tener lugar por razones de seguridad, por miedo... Es un verdadero problema.
 
–¿Usted vive con miedo?
–No. Diría que soy fatalista. No dejaré de ser lo que soy o pensar lo que pienso sólo porque otra gente quiera que lo haga.
 
–¿Cree que hay personas que piensan como usted y se autocensuran?
–Entiendo el miedo, no lo condeno. Lo condeno sólo cuando obliga a otros a callarse también.
 
–La intolerancia y el odio han sido algo histórico en el devenir de la Humanidad. ¿Cree que alguna vez sucederá lo que usted sueña, que todo se reduzca a un debate?
–En algún sentido, ése es el objetivo de la democracia. Que todo se pueda debatir, hablar, discutir. Incluso hablar de manera vigorosa o violenta, pero limitándose siempre a un debate. No creo que el hombre sea naturalmente bueno; las sociedades humanas siempre han sido violentas y continúan autodestruyéndose. La democracia es un medio para alcanzar ese objetivo de debatir, pero no creo que yo viva para verlo.
 
–¿Confía en la democracia como sistema?
–Sí, porque es el único que permite que la sociedad avance. Se puede utilizar bien o mal, pero es el único sistema político que dice: “Puedo perfeccionarme”.
 
–¿Hay algún país en el mundo donde la democracia se ejerce de manera pura?
–¿Que exista hoy? No. En la historia de la Humanidad, la democracia es joven. Es un medio muy lento. En cambio la violencia es un medio rápido, mucho más simple. La democracia requiere trabajo y reflexión; la violencia, no.
 
–Quiero serle franco: tengo en el recuerdo un dibujo de su revista que me shockeó: aquel niño sirio que quedó muerto en la orilla del mar, y ustedes dibujaron al lado de un cartel de McDonald’s...
–Charlie Hebdo es una revista satírica. Usa la sátira como lenguaje y es un lenguaje muy particular. No es necesariamente agradable. Ese dibujo se utilizó para decir algo particular en un contexto particular. Ese niño sirio ahogado es una foto que se convirtió en una imagen sagrada. Refugiados sirios que se ahogan en las costas europeas hay decenas cada día. De pronto teníamos esa foto de un niño, del que ni siquiera veíamos la cara, acostado de manera muy limpia. Se convirtió en un ícono, un símbolo del calvario de esos refugiados que tratan de escapar de la guerra. Ese dibujo, con el cartel del payaso de McDonald’s,  ¿qué dice? Que los refugiados vienen a buscar a Europa algo que la gran mayoría no va a encontrar nunca. ¿Por qué escandalizó? Porque en algún sentido ese dibujo es una blasfemia: desacralizamos una imagen santa. La dificultad con la sátira es saber leerla. Vivimos en un mundo de imágenes, que nos interpelan constantemente. Estamos obligados a reaccionar casi por reflejo y eso nos impide pensar y aprender a leerlo. Si fuéramos capaces de leer correctamente una imagen, empezaríamos a resolver los problemas de la ofensa o la estigmatización.
 
–Son temas sensibles...
–Una de las funciones de la sátira es desacralizar. En particular, la muerte. Se nos ataca especialmente cuando hacemos dibujos sobre catástrofes naturales. Porque nos metemos con algo que todo el mundo teme y sacraliza, que es la muerte. Sin embargo, reírse de la muerte es el mejor modo de engañarla.
 
–Hay ideas, pero también emociones. Y entran en conflicto.
–Sí, claro. Todo el mundo tiene emociones; es lo que nos hace vivos. El objetivo de una obra de arte, de un texto, de un dibujo, es hacer reflexionar, pero también provocar emociones. El peligro es cuando las emociones se imponen a la reflexión, y cuando se manipulan.
 
–¿Cree que vale la pena arriesgar la vida o morir por defender una idea?
–No, nunca vale la pena. Después del atentado se dijo que éramos héroes. No somos héroes. Nadie en Charlie Hebdo se anotó para morir por sus ideas. Somos periodistas y dibujantes, no héroes. De hecho, creo que mucha gente a la que se la considera héroe, incluidas figuras históricas, lo son como fruto del azar. La imagen del héroe es aquel que se tira delante de las balas. Y nadie hace eso.

 

Con la espalda cubierta. Hospedado en el hotel Panamericano porteño, Biard apenas salió a la calle, por recomendación de su custodia. Desde aquel 7 de enero de 2015, cuando dos hombres armados irrumpieron en la redacción parisina de Charlie Hebdo y mataron a 12 personas, nada fue igual para el periodista. El mundo, conmovido, se unió bajo una misma consigna: “Yo soy Charlie”. Las tapas del semanario –de tono provocador y lejos de toda corrección política– levantan polémica.

Con la espalda cubierta. Hospedado en el hotel Panamericano porteño, Biard apenas salió a la calle, por recomendación de su custodia. Desde aquel 7 de enero de 2015, cuando dos hombres armados irrumpieron en la redacción parisina de Charlie Hebdo y mataron a 12 personas, nada fue igual para el periodista. El mundo, conmovido, se unió bajo una misma consigna: “Yo soy Charlie”. Las tapas del semanario –de tono provocador y lejos de toda corrección política– levantan polémica.

Detrás de las noticias. Biard, de excelente humor durante toda la entrevista, llegó al país para participar del evento Ideas. Pensemos juntos el futuro, organizado por el Ministerio de Cultura de la Nación.

Detrás de las noticias. Biard, de excelente humor durante toda la entrevista, llegó al país para participar del evento Ideas. Pensemos juntos el futuro, organizado por el Ministerio de Cultura de la Nación.

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