El dolor de una madre, el dolor de todos – GENTE Online
 

El dolor de una madre, el dolor de todos

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Agosto, 2007. Mientras Agustín (8), Lucía (5), Matías y Sofía (3) y Santiago (6 meses) juegan con ollas, batidoras, y una nube de harina toca casi el cielo (techo) de la cocina, Maru Botana (38) les cuenta que está embarazada. Agustín y Lucila, los mayores, le preguntan: “¿Otro más, mamá?”. Testigo: un periodista de GENTE. “Si es nena, llego al empate de los sexos”, se entusiasma la chef, multi-madre, esposa, empresaria, princesa de la tevé, etcétera. “Si queda embarazada de nuevo, me separo. Y aclarálo en la nota”, bromea el marido, Bernardo Solá (40), ingeniero agrónomo, once años de casado. Pero broma o más o menos, ella, por las dudas, recuerda las reglas del juego: “Desde que nos pusimos de novios supe que quería una gran familia, y él aceptó”. Pregunta de GENTE:

–¿Buscaste el sexto hijo?
–Me moría de ganas, pero Bernie no quería saber nada… Fui al ginecólogo porque noté un bultito y creí que era un quiste, pero no: ¡era un clásico… otra vez embarazada!

–¿Respuesta de Bernie?
–Primero se lo conté a una amiga, porque él me había dicho: “Listo, ya son cinco, olvidáte”. Pero me moría por uno más, de modo que lo miré y le dije: “¿Vos me amás?”. Y adivinó al toque…

–¿Lo tomó bien?
–Hummm… Al principio le costaba mirarme, y hasta hablarme. No podía digerir la noticia. No porque no le gusten los chicos, pero… ¡ya teníamos cinco!

–¿Problemas de parto, alguna vez?
–No. Por suerte tengo un cuerpo que me banca siempre.

–¿Cómo se rompió el secreto?
–Pensaba decírselo a los tres meses, pero el 17 de agosto, cuando María José González Botana (o sea yo…) cumplió sus treinta y ocho, en plena fiesta y con algunas copitas de más… se lo dije, y él tampoco pudo contenerse: ¡lo anunció en público!

Febrero, 2008, Punta del Este. A punto de tener su sexto hijo, otra confesión a GENTE en la playa. Confesión estadística: “En los últimos nueve años… ¡estuve cincuenta y cuatro meses embarazada!”. Mil seiscientos treinta días. Treinta y nueve mil ciento veinte horas”.

–¿Cuánto falta para que llegue el sexto?
–Dos semanas. Pero tengo todo bajo control. Vida normal, playa, juegos, encuentro con amigos… y mientras, estoy preparando el primer cumpleaños de Santiago. Y apenas me reponga del parto voy a empezar la pre-producción de un programa que va por Telefe, y que conduzco yo.

–¿Cómo hacés?
–Soy hiperkinética, y me gusta sacarle el jugo a la vida. No puedo quedarme todo el día en mi casa. Además, aunque no lo creas, los embarazos y los partos le dan mucha energía a toda la familia. Agustín, el mayor, ¡comió por primera vez en un estudio de televisión! Y a los seis días de nacer Lucía ya estaba trabajando.

–¿Cómo se va a llamar el sexto?
–No nos pusimos de acuerdo… Mi marido quiere ponerle Gastón. Mi hija Sofía, Felipe. Yo, Francisco. ¡Siempre nos peleamos por los nombres!

–¿Tu marido va a estar en el parto?
–No: nunca estuvo, y éste no va a ser la excepción. Además, en ese momento prefiero estar sola con mi médico.

–Después del sexto, ¿habrá un séptimo?
–No sé… Pero no tengo muchas ganas.

Buenos Aires, 5 de marzo, 2008. Nació Facundo, el sexto. Parto normal. “Ese día me levanté muy temprano, y mientras desayunaba con los dos más grandes empecé a sentir algunas molestias. Seguí mi día como si nada. Después, tranquila, busqué mi bolsito… ¡y fui al gimnasio! Una vez allí, la cosa se puso peor: el bebé estaba llegando. Fui a casa, tomé un café con Bernie, y salimos para la Clínica de los Arcos. Llegué con seis centímetros de dilatación. No me quejé, pero Facu, el sexto, fue el que me dio más trabajo de parto. Me costó sacarlo, porque pesó tres kilos. Fue el más grande de sus hermanos. Nació a las cinco menos cuarto de la tarde. Te confieso que tendría otra nena, pero cierro la fábrica. Si no, Bernie me mata…”.

Buenos Aires, 21 de marzo, 2008. Las siete de la mañana en la casa de Maru. Todo hierve. Agustín, Lucía, Matías y Sofía parten a la escuela. Santiago (un año) y Facundo (diecisiete días) duermen en la planta alta. Como una orquesta afinada y de largo ensayo, unos y otros ayudan a vestirse, comen yogur con cereal, y a las ocho menos diez, todos a bordo de la camioneta Kia que maneja Maru. Después, ella, la mujer-orquesta, gimnasio, una hora de cinta, café con amigas, y Facundo, que mamó a las seis de la mañana, reclama su segunda ración. Cerca de la una de la tarde, mientras Facundo mama otra vez, Santi llora. Maru se divide en dos y calma el hambre de uno y las lágrimas del otro… y así sigue todo el día.

Buenos Aires, 14 de agosto, 2008. Facundo, el sexto, tiene ya cinco meses. Entrevista:

–¿Estás embarazada otra vez?
–No, no, no…

–¿Segura?
–Bueno, creo que no. No me hagas dudar, por favor.

–¿Seguís manejando bien tu tiempo, o a veces perdés el control?
–Soy feliz. Muy feliz. Pero mis días se alargan. Sé cuándo empiezan, pero no cuándo terminan…

–Realmente, ¿planeaste tener tantos hijos?
–Toda mi vida quise tener muchos hermanos y ser madre. Era un deseo que pedía, por cábala, cada vez que oía pasar un tren.

–¿Miedo a la soledad?
–Miedo no… Pero no me gusta estar sola. Si no tengo nadie a mi alrededor, salgo a buscar compañía en cualquier parte.

–¿Cómo criás a tus hijos?
–Muy a la antigua. Como me criaron a mí: feliz, pero con límites y horarios. Lo contrario sería un caos…

–¿Le tenés miedo al caos?
–En teoría, sí. Pero de pronto mi casa se llena de amiguitos de mis hijos… ¡y termino siendo una maestra jardinera!

El golpe. De pronto, una noticia bajó un telón de sombras sobre esas ocho vidas: Maru, Berni, sus seis hijos. Facundo, de apenas seis meses, se fue de este mundo a las cuatro de la madrugada del domingo 21 de septiembre. Dos palabras terribles: muerte súbita.

Maru, Berni y sus hijos estaban esquiando en el Valle de Las Leñas, en Mendoza. Se habían ido el jueves 18 ya que Agustín (9) y Lucía (6), los más grandes de la familia, tenían vacaciones de primavera en el Saint Mary of the Hills, el colegio al que van. Esta vez –Maru, la madraza de la tele, es partidaria de viajar en dulce montón, pero ésta era una escapada corta y a un lugar muy frío–, el bebito se quedó en casa (en un barrio privado de La Horqueta) y al cuidado de su abuela materna, Susana. La historia que sigue es la que nadie querría escuchar. Hagamos silencio… Junto a sus seis hijos en el jardín de su casa, hace un par de meses. En sus brazos, Santiago. Agustín, el mayor, acuna al bebé Facundo. Lucía, Matías y Sofía completan una escena feliz, hoy en sombras.

Junto a sus seis hijos en el jardín de su casa, hace un par de meses. En sus brazos, Santiago. Agustín, el mayor, acuna al bebé Facundo. Lucía, Matías y Sofía completan una escena feliz, hoy en sombras.

<i>“Siempre quise tener muchos hijos, desde muy chica. Por cábala pedía ese deseo cada vez que oía pasar un tren. Y la vida me cumplió ese deseo”</i>

“Siempre quise tener muchos hijos, desde muy chica. Por cábala pedía ese deseo cada vez que oía pasar un tren. Y la vida me cumplió ese deseo”

Otra vez en el jardín familiar, con el pequeño Facundo y tres de sus hijos. Ella, Bernardo, su marido, y Facundo, apenas salido de la clínica. Maru y su último hijo, casi recién nacido: ternura incomparable… que hoy es dolor enorme.

Otra vez en el jardín familiar, con el pequeño Facundo y tres de sus hijos. Ella, Bernardo, su marido, y Facundo, apenas salido de la clínica. Maru y su último hijo, casi recién nacido: ternura incomparable… que hoy es dolor enorme.

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