El delfín cantó y casi grita ¡gol! – GENTE Online
 

El delfín cantó y casi grita ¡gol!

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Uno sobre otro, los sellos de Migraciones se amontonan en su pasaporte y se vuelven casi ilegibles. Pero no es tarea compleja descifrar dónde puso Lionel Messi (23) sus pies –esos mismos que se cotizan en millones de euros– durante las vacaciones. Porque una jauría de paparazzi lo siguió implacablemente desde los primeros días de descanso junto a su novia, la bellísima Antonella Roccuzzo (23), en las apacibles playas de Río de Janeiro, hasta su visita a los refugiados de Haití como embajador de buena voluntad de Unicef.

Y, por supuesto, no lo abandonaron en la última escala de este viaje: las paradisíacas playas de Cancún y la Riviera Maya, México, donde se relajó junto a su novia antes de reintegrarse a las filas del Barça y su rigurosa agenda de partidos.

En tierra azteca, los chicos visitaron el acuario Delphinus Riviera Maya, a sólo veinte minutos de auto desde el hotel de Playa del Carmen que los cobijó. Fascinados, los dueños del enorme estanque invitaron a la pareja a una experiencia casi increíble: nadar con un delfín sin más compañía que una instructora, besarlo y arrancar de su gran garganta una dulce y extraña melodía. A pesar de lo exclusivo de la visita, el mágico 10 no pudo ni quiso gambetear a los cazadores de autógrafos, insistentes hasta el agotamiento: cada uno se llevó su firma.

Y así, entre caricias y arrumacos con Antonella, Leo exprimió la licencia que le concedió Pep Guardiola, máximo taumaturgo del mundo de los DT, quien lo único que no consiguió es que su niño mimado bajara los dos kilos que ganó en México, liberado de dieta y entrenamiento.

Kilos de más que para nada influyeron en su performance ante el combinado K-League (las estrellas de la liga coreana) en Seúl, la capital del país: jugó apenas un cuarto de hora para que el Barça se asegurara 200 mil euros (sin Messi no había negocio), y metió dos pelotas a su estilo: una al ángulo superior izquierdo y otra en la ratonera. Porque, salvo cantar como un delfín, Leo lo puede todo.

Entre caricias y arrumacos con Antonella, Leo exprimió la licencia que le concedió Pep Guardiola, máximo taumaturgo del mundo de los DT, quien lo único que no consiguió es que su niño mimado bajara los dos kilos que ganó en México, liberado de dieta y entrenamiento.

Entre caricias y arrumacos con Antonella, Leo exprimió la licencia que le concedió Pep Guardiola, máximo taumaturgo del mundo de los DT, quien lo único que no consiguió es que su niño mimado bajara los dos kilos que ganó en México, liberado de dieta y entrenamiento.

Guiados por una instructora, Leo y su fidanzata aprendieron las claves para lograr que el delfín bailara, saltara, cantara... y los llevara de paseo con su fuerte y pulida nariz.

Guiados por una instructora, Leo y su fidanzata aprendieron las claves para lograr que el delfín bailara, saltara, cantara... y los llevara de paseo con su fuerte y pulida nariz.

Y por si poco fuera, el animal le robó un beso a la novia del astro, que aplazó los celos para otro momento.

Y por si poco fuera, el animal le robó un beso a la novia del astro, que aplazó los celos para otro momento.

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