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El bautismo de Ariane

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Sábado de gran fiesta para la familia real holandesa. Esta vez fue la pequeña Ariane, tercera hija de Máxima y el príncipe Guillermo de Orange, que estuvo en el centro de las miradas. Pero la princesita no sólo acaparó la atención de la pareja heredera del trono. En la iglesia de Kloosterkerk –del culto protestante– en la que fue bautizada, hubo más de 850 invitados.
La agasajada, Ariane Wilhelmina Máxima Inez (tal el nombre completo de la niña), hizo su aparición en el templo –una construcción que data del año 1400– envuelta en el mismo faldón de encaje con el que fue bautizada su tatarabuela, la princesa Guillermina, en 1880, y su propio padre en 1967.

LOS PADRINOS. Entró en brazos de su tía, Inés Zorreguieta, que fue elegida madrina junto a Valeria Delger, íntima de Máxima. Los padrinazgos estuvieron a cargo del futuro rey de Holanda: el príncipe Guillermo de Luxemburgo, Tijo Baron Collot d’ Escury (amigo de Guillermo y testigo de la boda religiosa) y Anton Friling (amigo de la pareja), estuvieron entre los afortunados.

Fue llamativa la ausencia del príncipe Felipe de Borbón y de su esposa, Letizia Ortiz, ya que hace un tiempo se barajaba la posibilidad de que la española fuera una de las madrinas. La ceremonia no tenía carácter oficial, sino privado, y su faltazo no generó revuelo en el ámbito real.

EL LOOK. Junto a la pila bautismal la esperaban sus padres y sus hermanas mayores: Amalia (3) y Alexia (2), ambas con vestido rosa de manga corta y capa de terciopelo morada. Sus abuelos maternos, Jorge Zorreguieta y María del Carmen Cerruti (ella con un diseño lacre de Graciela Naum), llegaron junto a Beatriz, la reina, que optó por un traje rosa. La madrina, Inés, lució un tapado de shantung natural con bordado de hilos de colores en círculos y espejos con corte imperio y vestido crêpe de seda verde, que Benito Fernández le diseñó especialmente para esta ocasión. Máxima estaba sobria: un traje de seda gris perla, zapatos de taco alto y un casquete al tono, creación de la sombrerera belga Fabienne Delvigne.

LA CEREMONIA. Su hermana mayor, Amalia, de tres años, fue la encargada de ayudar al pastor Deodaat van der Boon, quien ofició la ceremonia, a volcar el agua del río Jordán sobre su cabecita. La pequeña Ariane, de seis meses, rompió en llanto. Máxima la acarició con ternura. Y el príncipe Guillermo simplemente sonrió.

La fiesta continuó, como es costumbre, en el palacio Noordeinde, en La Haya. Para culminar el bautismo de Ariane, cuarta en la línea de sucesión al trono de Holanda, la familia real ofreció un impresionante banquete.

El pastor Deodaat van der Boon vierte el agua del río Jordán sobre la cabeza de la pequeña Ariane. A la pila bautismal se asoman sus hermanas, Amalia y Alexia, y su primo Claus.

El pastor Deodaat van der Boon vierte el agua del río Jordán sobre la cabeza de la pequeña Ariane. A la pila bautismal se asoman sus hermanas, Amalia y Alexia, y su primo Claus.

 El príncipe Guillermo, Máxima (con Ariane, de seis meses, en brazos) y las princesas Alexia (2) y Amalia (3) posan para el retrato oficial.

El príncipe Guillermo, Máxima (con Ariane, de seis meses, en brazos) y las princesas Alexia (2) y Amalia (3) posan para el retrato oficial.

Inés Zorreguieta ingresa a la imponente iglesia de Kloosterkerk con su ahijada en brazos. Más de 850 invitados aguardaban el momento.

Inés Zorreguieta ingresa a la imponente iglesia de Kloosterkerk con su ahijada en brazos. Más de 850 invitados aguardaban el momento.

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