El amigo de todos nos llenó de lágrimas – GENTE Online
 

El amigo de todos nos llenó de lágrimas

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Primero, fue la lluvia. Una cortina cruel y densa, aquel viernes 14 de marzo, que cubrió Buenos Aires con la intensidad de un llanto inconsolable. Se había muerto Jorge Ibáñez –el de la sonrisa primaveral, a sus 44 años– y no había espacio para el sosiego. Pura tristeza, bajo el manto gris de las calles solitarias. Pero el lunes, ya velado, ya llorado (aunque lo seguirán llorando, claro), salió el sol. Y una canción, dulcemente cantada por Sandra Mihanovich y Marilina Ross y acompañada por todos, resonó en el Cementerio de la Recoleta, con la intensidad de una oración:

No, permanecer y transcurrir no es perdurar,
no es existir, ni honrar la vida.
Hay tantas maneras de no ser,
tanta conciencia, sin saber, adormecida.

Hubo aplauso, cerradísimo, y hasta un “¡Jor-ge, Jorge!” que retumbó al calor del mediodía, encerrado en esa multitud acongojada. Jorge Ibáñez permanecerá, qué duda cabe, en sus gestos, su ética de trabajo y en el recuerdo de aquellos que lo conocieron. Y lo quisieron, irremediablemente. “Maravilloso, talentoso, alegre... ¿Qué te puedo decir de él? Fue una excelente persona. Siempre veía el vaso medio lleno y hacía fácil lo difícil. Jamás lo escuché criticar a nadie. Respetaba a sus colegas, porque era muy seguro de su trabajo: sabía que había espacio para todos”, contó Nequi Galotti. Durante el fin de semana, muchas modelos –de diferentes generaciones– dieron el “presente”, tanto en el velatorio como en el sepelio. Una de sus más grandes amigas, Anamá Ferreira, tenía concertada una cita para cenar con él. No pudo ser. “¡Díganme que no es verdad!”, repetía el día de su muerte, abrumada por la tristeza. “Era una de las personas más generosas que conocí. Siempre se lo veía con una sonrisa a flor de labios”, agregó la brasileña.

Por el velatorio, en la casa O’Higgins del barrio de Belgrano, fueron pasando todas. Desde Mirtha Legrand (también envió una corona) y Nacha Guevara, hasta Mariana Fabbiani (conmovida, además, por la muerte de su abuela Mirna Mores) e Ingrid Grüdke, su última inspiradora. Y familiares, amigos, admiradores. Jorge los reunió a todos, sin distinciones, como sólo él sabía. El servicio se retrasó porque sus familiares debieron esperar la llegada de Alejandra, única hermana de Jorge, desde Colombia, acompañada de sus tres hijos. Con su arribo, se procedió a velarlo, desde el domingo hasta la mañana del lunes, cuando finalmente trasladaron sus restos a Recoleta. Allí, de nuevo, lo esperaba una multitud.

“JORGE NO RESPONDE”. Vital, enérgico, alegre y lleno de proyectos, la muerte de Jorge dejó sorprendidos a todos. “Cuando me lo dijeron por teléfono no lo podía creer... ¡Justo Jorge! Impensado. Si era todo vitalidad...”, decía Dolores Moreno. La realidad, sin embargo, devolvió esa noticia dolorosa. El viernes 14, alrededor de las 11 de la mañana, la empleada doméstica que trabajaba en su casa de Esmeralda y Santa Fe lo halló sin vida, tendido en el piso a los pies de la cama, y vestido con ropa deportiva. Ella entró a la habitación acompañada por Tania, quien trabaja en la maison de ropa y moda (en Guido 1735), preocupada porque Jorge había faltado a una reunión con una clienta, pactada para las 10.30. “Andá a ver qué pasa”, le pidió Mabel, madre de Jorge, porque su hijo no atendía el teléfono. “O lo secuestraron, o lo asaltaron, o mi hijo está muerto”, pensó angustiada Mabel, aunque no se lo dijo a nadie.

Cuando las dos mujeres lograron entrar al departamento, no pudieron creer que Jorge estaba muerto. No sabían que Sergio, el personal trainer, había tocado timbre a las ocho en punto para acompañarlo en la rutina física. Y que Jorge no respondió el llamado. “Me llamó la atención que no contestara. Seguí tocado un rato más, por si estaba dormido, pero no hubo ninguna respuesta... Jorge se entrenaba tres veces por semana: los martes, miércoles y viernes. Yo mismo lo pasaba a buscar por su departamento, como hice el viernes. Hacíamos una rutina de gimnasia que incluía veinte minutos de bicicleta, abdominales y ejercicios con aparatos; tardábamos un poquito más de una hora, pero trabajábamos muy tranquilos, porque a él le gustaba tomarse su tiempo”, relató Sergio. Y aclaró que su cliente “había presentado el certificado de aptitud física cuando arrancamos, hace cinco años; me mostró un chequeo y estaba todo perfecto”.

SU CORAZON ENFERMO. La autopsia, sin embargo, arrojó el siguiente resultado: Jorge presentaba “una congestión y edema pulmonar y una cardiopatía hipertrófica y dilatada”. ¿De qué se trata esta cardiopatía? El miocardio –el tejido muscular del corazón– se enferma y se ensancha. Y provoca una arritmia, que contiene un alto riesgo de mortalidad. Si a eso se le suma ejercicio físico, ese riesgo aumenta muchísimo. La cardiopatía hipertrófica es genética, aunque quienes sufren de hipertensión también pueden generar dicha anomalía (sería el caso de Ibáñez). El llamado al SAME –lo hizo la portera y la ambulancia llegó a las 12.18– para tratar de reanimarlo resultó infructuoso. “Los médicos constataron que llevaba algunas horas muerto –se podría calcular que desde las 8 de la mañana–, por lo que no se le practicaron maniobras de reanimación”, dijo Alberto Crescenti, titular del SAME. Jorge ya se había ido.

LA DESPEDIDA DE SUS AMIGOS. Antes del sepelio hubo un responso en la Basílica Nuestra Señora del Pilar –histórica iglesia que se terminó de construir en 1732–, a pasos de la entrada del cementerio. La ceremonia fue presidida por el cura párroco, el padre Rómulo Julio Puiggari, y arrancó a las 12.35. Los asistentes habían llegado mucho antes, cerca de las 11, y abarrotaron la nave. Ente ellos, la acongojada Flor de la V y su marido, Pablo Goycochea, quienes encabezaron la marcha. “Jorge era un gran devoto de la Virgen, que para los católicos es la madre de todos. Recordémoslo rezando”, pidió el padre Puiggari, y todos recitaron el Ave María. El breve responso terminó a las 13.47, con un sentido homenaje por parte de Sandra Mihanovich, quien cantó a capella Soy lo que soy, tema favorito de Jorge.

Yo soy lo que soy,
mi propia creación
y mi destino.
Quiero que me des
tu aprobación o tu olvido.

El momento fue de lo más emotivo y culminó con un gigantesco aplauso... y muchas lágrimas. Tanto que el sacerdote, apenas ella terminó de cantar, se le acercó y le preguntó por su relación con Jorge. “Fuimos amigos muchos años. A él le gustaba mi música. Y ésta era su canción preferida”, le contó Sandra.

La procesión se inició por el interior del cementerio, en medio de enorme cantidad de cámaras y micrófonos. “Se ha ido un ser humano increíble. Como profesional, tengo un millón de cosas buenas para decir; pero como persona, el triple. Era especial. No hablaba mal de nadie... Tomábamos mate y café, sentados en el piso”, lo recordó Carmen Yazalde. “Fue un hombre que realizó sus sueños, sin envidias, y que ahora está con Dios. Lo voy a extrañar. Era una persona necesaria. Para el mundo de la moda representaba una columna. Ya empezaba a ser importante afuera. Tenía un ángel increíble. Demasiado buena persona para este mundo”, agregaba Mora Furtado.

ADIOS AL HIJO. Asiendo el ataúd, en medio de la maraña de clics y llantos, Jorge y Mabel, los padres del diseñador, sobrellevaron el momento con estoicismo. “No quiero llorar; mi hijo hubiese querido que lo recordara con felicidad”, atinó a decir su madre en medio del dolor. Llovieron flores –nadie dejó de llevar un ramito–, tronaron los aplausos finales y se escuchó el eco de aquel Honrar la vida, todavía fresco en el aire, más dulce y simbólico que nunca. Se lo merecía, Jorge. Por haberla honrado, sin dobleces, con la alegría de aquellos que saben vivirla.

Papá Jorge y mamá Mabel (tomada de la mano por una desconsolada Flor de la V) se abren paso en el Cementerio de la Recoleta. Tristeza sin fin...

Papá Jorge y mamá Mabel (tomada de la mano por una desconsolada Flor de la V) se abren paso en el Cementerio de la Recoleta. Tristeza sin fin...

Tras despedir a su entrañable amigo, Flor de la V y su marido, Pablo Goycochea, se retiraron del Cementerio de la Recoleta junto al consultor de moda Fabián Medina Flores y a Cathy Fulop (esta vez sin su esposo, Ova Sabatini, quien la acompañó al velatorio del domingo). Desandaban el corredor central cuando la actriz, todavía muy conmovida, quiso dirigirse a la prensa.

Tras despedir a su entrañable amigo, Flor de la V y su marido, Pablo Goycochea, se retiraron del Cementerio de la Recoleta junto al consultor de moda Fabián Medina Flores y a Cathy Fulop (esta vez sin su esposo, Ova Sabatini, quien la acompañó al velatorio del domingo). Desandaban el corredor central cuando la actriz, todavía muy conmovida, quiso dirigirse a la prensa.

Se ha ido un ser humano increíble. Como profesional, tengo un millón de cosas buenas para decir; pero como persona, el triple”, afirmó Carmen Yazalde

Se ha ido un ser humano increíble. Como profesional, tengo un millón de cosas buenas para decir; pero como persona, el triple”, afirmó Carmen Yazalde

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