“Diego actúa como si fuera de su propiedad, pero yo soy dueña de mi vida” – GENTE Online
 

“Diego actúa como si fuera de su propiedad, pero yo soy dueña de mi vida”

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No hablo porque sí. Si lo hago es porque me siento en la obligación de salir a defenderme”. Pese a sus 23 años, Rocío Oliva argumenta con la madurez de quien pasó por muchas. “Acusándome de robarle, o con la casa... Diego siempre quiere tener las cosas aseguradas, tenerte agarrada de algo. Pero en mi caso no tiene con qué, porque a mí me sobra dignidad”, dice la ex de Maradona, a sólo dos meses y medio de aquel 14 de febrero en que, pese al anuncio del segundo embarazo de Verónica Ojeda –quien después perdió el bebé–, se comprometieron en Roma. “Diego quería que nos casáramos en Nápoles”, dirá en otro momento de la entrevista, en la que nunca admitirá que dejó de amar a Diego, pero sí que está emocionalmente devastada, que el médico le ordenó alejarse de su celular y que toma pastillas para dormir desde que recibió la carta documento en la que el mismo hombre que la sigue llenando de rosas y llamando para decirle que la extraña y la necesita de regreso con él en Dubai, la intima a dejar la casa a la que insistió para que se mudara con su familia en noviembre de 2013. “Pero ni yo ni mi familia valemos una casa. Por eso doy esta nota, sabiendo que mañana voy a tener el camioncito de la mudadora en la puerta. A Diego no le va a gustar... ¿Sabés qué? Ya no me importa”.

De Dubai, y de Roma y de las Maldivas –las paradisiacas islas del Indico donde hicieron una romántica escapada antes de que Rocío se instalara junto a Diego en la meca del lujo– como de tantas ciudades que visitaron juntos en el año y medio que duró su noviazgo formal (se conocieron en 2010) hablan los imanes de la heladera en la cocina. Allí, mientras Rocío se prepara para las fotos, su mamá, Mónica, se conmoverá hasta las lágrimas cuando recuerde el desmayo de su hija y asegure que no va a permitir que nadie la humille. Ya no.

–En un primer momento, cuando volviste de Dubai, decías que tu relación con Diego no estaba terminada. ¿Cuándo sentiste que estabas separada de él?
–Desde el día en que, por mensaje de texto, me habló de mi papá (quien murió cuando Rocío tenía 11 años y delante de ella, en un confuso episodio durante un tiroteo tras una discusión con los dueños del salón en el que festejaban un cumpleaños familiar).

–¿Qué te dijo?
–Que a un cumpleaños nadie va armado. A lo que yo le respondí que no era verdad y que yo a su madre la respetaba. Se metió con lo más sagrado de mi vida, con lo que no se tenía que meter.

LO MAS SAGRADO. No evita el tema. Al contrario. “Me hace bien contarlo, porque siento que el que asesinó a mi papá debe tener hijos, una familia que le debe preguntar por qué”. Fue en Moreno, en 2003. “Mi prima cumplía cuatro años. Era sábado, y ese domingo era el Día del Padre. ¡Yo le insistí tanto para ir...! La fiesta terminaba a las diez, pero la semana anterior otro tío había hecho un cumpleaños que se extendió hasta las doce. Entonces mi tío les pide a los dueños que nos dejen quedarnos dos horas más, igual que el sábado pasado. Los dueños eran los hermanos Nogueira, Joaquín y Mariano. Uno se queda en el auto, el otro dice que si nos quedamos hay que pagar una suma que era un disparate y pregunta si vamos a pagar o no. Empieza una discusión y saca un arma, y le dispara a mi tío dos veces en los testículos. Papá tenía 36 años. Trabajaba en la carpintería de mi abuelo. Era joven... Salió corriendo para agarrarlo a piñas y el otro le disparó en el estómago. Se desangró. Yo estaba shockeada. Estuve meses sin entender. Recién el año pasado me pude desprender de su ropa. Me quedé con su cama, su mesa de luz, todo. Yo no jugaba a la pelota cuando él vivía; papá decía que era de varones. Pero ese día, frente al cajón, le prometí que iba a ser hincha de River, como él, toda la vida. Por él me hice un tatuaje de River en la espalda, que Diego me pedía que me sacara. A mí, River me llenó un vacío: iba todos los domingos a la cancha con papá, y seguí yendo sola. Diego no quería que fuera...”.

–¿Creés que él sabía que para vos era el final que te hablara mal de tu papá?
–Si lo hizo es porque ya no tiene más consideración por mí. Yo también le había dicho cosas feas; lo mandé a cagar, lo insulté. Pero nunca me metí con su familia. Diego un día te dice “te amo, no sabía que te amaba tanto”, y al siguiente “esto se terminó, vos estás haciendo las cosas mal”. Si sigo escuchándolo me voy a enfermar. Decidí darle un corte definitivo. Tenía ganas de hacer esta nota para mostrarme como soy, no con el perfil que me impusieron.

–¿Qué perfil?
–El de alguien que puede hablar mal de un nene.

–¿Decís que no es cierto que hablaste mal de su hijo?
–Es mentira, pero lo dijeron para hacerme quedar mal, como muchas otras cosas.

–Llegó a decirse que Claudia Villafañe te pagaba para que fueras la acompañante de Diego.
–Nunca van a decir que estuve con Diego por amor, porque estábamos enamorados. Yo a él le demostré mi amor y lo que sentía. Si hubiera querido otra cosa, me podría haber embarazado, tener un hijo de él. Y sin embargo no lo hice. La vida da muchas vueltas, y tener un hijo por dinero me parece bajísimo.

–Ustedes se iban a casar, y vos sos muy joven. ¿Tener hijos estaba en los planes?
–A otras personas, Diego les decía: “Yo no tengo más hijos”. A mí me decía que quería estar conmigo hasta el último suspiro y dejarme un hijo. Quizás él lo deseara. Para mí no era la prioridad. Para todo hay un tiempo: conocerse, vivir juntos, comprometerse, casarse, tener hijos...

–Sonás muy chapada a la antigua.
–Pienso así. Creo que es más lindo tener a tu marido al lado para tener un hijo. Me gustaría eso para mí.

–¿Cómo pasaron del compromiso y de fantasear con un hijo a tu abrupto regreso a la Argentina, quince días después?
–Una semana antes de nuestro compromiso había viajado de sorpresa la ex de Diego con el nene. Diego estaba enojado, porque decía que él no la había invitado. Estaba mi familia. Ella no tenía nada que hacer ahí.

–¿Nunca trataste de conciliar a las partes para que él se acercara a su hijo?
–No podía conciliar con ella diciendo que se había acostado con Diego, que él decía que ella era el amor de su vida, que lo ataban a mí...

–¿Sentís que los separó Verónica Ojeda? ¿No te afectó su embarazo?
–No, no existía para nosotros. El nunca me reconoció que se hubiera acostado con ella.

–¿Y qué fue lo que pasó?
–Después del compromiso, cuando volvimos a Dubai y mi familia se fue, nos quedamos con los amigos de Diego. Pasaba el tiempo y seguían ahí. Y Diego cuando está solo es una persona, y cuando está con determinada gente es muy influenciable. Yo siento que el que tuvo que ver en nuestra separación es Alejo Clérici. Cuando estaba con él era distinto; todo el tiempo se quería mostrar. Yo no lo conocía así.

–¿El no quería que Diego se casara con vos?
–Ni conmigo ni con nadie. No sé qué quiere. Es un tipo de casi 40 años, al que nunca se le conoció una novia... Un día nos peleamos; su amigo siguió allá, yo no.

–¿Sentís que Diego lo eligió a Clérici?
–Sí, sentí que lo eligió a él. Hay muchas cosas alrededor de Diego que no están buenas. Vos entrás transparente y adentro son todas pirañas. No podés tener una relación de pareja normal, porque se mete todo el mundo. Empezamos a discutir... Y yo no me callo nada. Quizás a otra él le decía “quedate sentada tres horas” y le hacía caso... Yo no. Y sé que en parte eso era lo que le gustaba de mí. Con cada mujer que tuvo –Claudia, Verónica y yo– actuó como si fuéramos de su propiedad. Pero yo me separé de él y no tengo hijos. ¿Me persigue por la casa? Se la doy y soy dueña de mi vida.

–¿Qué sentiste cuando recibiste la carta documento en la que te intimaba al desalojo?
–Me di cuenta de que era verdad que se había terminado. Porque todo lo que hace y dice Diego hay que tomarlo con pinzas. Un día te manda una carta documento y al día siguiente, flores. Igual, me la manda a mí, pero el acuerdo lo hizo con mi mamá. El insistió para que se mudaran acá. Nosotros vivíamos juntos en Dubai; la casa no era para mí. Un día le dijo a mi mamá que tenía que mudarse, porque el barrio estaba lleno de chismosos. José, el marido de mamá, no quería. Decía que él ya tenía su quincho, sus cosas. Pero Diego los convenció. Le dio un tope de 150.000 dólares y mamá encontró una casa que estaba abandonadísima. La arregló, la pintó... Se escrituró en octubre y se mudaron en noviembre. Las Fiestas las pasamos acá con Diego. Se puso a su nombre, pero Diego le dijo a mi mamá que le daba el usufructo por cuarenta años. Igual, te repito, yo no valgo una casa. Nos vamos a mudar. José va a pedir un crédito. Vamos a salir adelante.

–Diego también te acusó en Dubai de llevarte relojes, aros y otras cosas de la casa que compartían.
–Nunca se me notificó de esa acusación, pero me dolió muchísimo. No es lindo que te acusen de ladrona. Todos sabemos que no podés entrar al país con valijas costosas y cinco relojes adentro, porque todo hay que declararlo en la aduana. Los aros son los que tenía puestos, que él me había regalado. Me acusa de llevarme una cámara de fotos que compramos en un viaje y tenía fotos de los dos, o mi teléfono... Son cosas que yo consideré que eran mías. Estuve un año y medio y volví con tres valijas con mi ropa, nada más.

–El otro día dijiste que cuando te llamó le patinaba la voz, como si hubiera tomado.
–No se le entendía nada. Realmente no lo encontré como siempre; no era él. Me llamó con la excusa de la casa. Estaba agresivo y le corté.

–¿Es cierto grabaste las conversaciones con él?
–Desde que recibí la carta documento, mi abogado –José Vera– me asesoró para que las grabara, sí. No de mala, sino para defenderme cuando sea perjudicada. No se puede ser inocente, porque te pisan la cabeza.

–¿Te arrepentís de haber estado con él?
–No, porque lo amé.

–¿El te amó?
–No tengo dudas.

–¿Cómo era tu vida con él?
–Desayunábamos, salíamos a caminar por el barrio, mirábamos partidos, películas, jugábamos al fútbol-tenis y al ping pong, cantábamos horas en el karaoke, a la tarde yo le preparaba su proteína, entrenábamos. El me ayudaba a cocinar los días que no venían las señoras. Conmigo estaba bien. Tenía el pelo corto y se sentía bien físicamente. Vivíamos a los besos. Los que venían a visitarnos decían “nunca lo vi así a Diego”, y a mí me enorgullecía.

–¿Lo extrañás?
–Ya no. Ahora quiero estar bien. El médico me dijo que tenía que dejar el celular, la compu, la tele, que hiciera lo que me gusta. Yo dejé de hacer muchas cosas que me gustaban por Diego, midiendo si se iba a enojar o no. Ahora tomo pastillas para dormir; no estoy bien emocionalmente. Siento que teníamos todo para ser felices, todo. Eramos una pareja feliz hasta que él se dejó influenciar. Y me angustia su actitud, porque yo nunca le fallé.

–¿Cuándo te sacaste el anillo?
–Cuando me vine, por seguridad. Y porque sentí que no nos casábamos, que ya no volvía.

–¿Y si te dijera que quiere que vuelvas con él a Dubai?
–Yo creo que unas disculpas sinceras arreglarían las cosas, pero Diego no pide disculpas. Nunca me pidió perdón por lo que tuve que pasar. No pensó en mí ni en el daño que podía causarme con todo esto. Teníamos todo para ser felices... Ahora ya está. Hago mi vida, la retomo. No nací con Diego. Tengo a mis amigas, juego a la pelota. Soy visitadora médica, me encantaría ejercer...

–¿Vas a ir al Mundial? Ahí te lo vas a cruzar.
–Sí, voy a ir. Me encantaría comentar los partidos, porque sé de fútbol.

–¿Es cierto que te llamaron para el Bailando...?
–Me llamó el Chato Prada y me ofreció bailar. Quedamos en que lo pensaba. Eso fue un lunes y después Diego me preguntó si era cierto. No me llamaron más, pero hoy aceptaría.

Rocío en el sillón colorado de Diego, en su casa de Bella Vista. Sobre la chimenea, las fotos de su compromiso con el Diez, en febrero pasado en Roma. Quince días después, en medio de una pelea, decidía volver a la Argentina para que la pareja <i>“tomara un poco de aire”</i>. Ya no regresaría a Dubai.

Rocío en el sillón colorado de Diego, en su casa de Bella Vista. Sobre la chimenea, las fotos de su compromiso con el Diez, en febrero pasado en Roma. Quince días después, en medio de una pelea, decidía volver a la Argentina para que la pareja “tomara un poco de aire”. Ya no regresaría a Dubai.

En la cocina de la casa sobresalen los souvenirs de los viajes que Rocío hizo junto a Diego y las botellas de Dom Pérignon, el champagne preferido del astro, así como las pequeñas, de las disponibles para los pasajeros de Primera Clase en los vuelos internacionales. Después de sufrir una descompensación, a Rocío le recomendaron alejarse del teléfono y tomar pastillas para dormir.

En la cocina de la casa sobresalen los souvenirs de los viajes que Rocío hizo junto a Diego y las botellas de Dom Pérignon, el champagne preferido del astro, así como las pequeñas, de las disponibles para los pasajeros de Primera Clase en los vuelos internacionales. Después de sufrir una descompensación, a Rocío le recomendaron alejarse del teléfono y tomar pastillas para dormir.

Con Diego, en Dubai. Se conocieron en 2010, en Mar del Plata. <i>“El se tenía que ir al otro día y se quedó cuatro. A la semana él se tenía que ir a ver a Benja a España y me mandaron a llamar para que viajara. Yo decía:</i> ‘No tengo pasaporte. Nunca viajé tan lejos’.<i> Pero me fui una semana a Madrid con él. Entonces me hizo prometerle que nos íbamos a volver a ver. A los dos años me llamó para que fuera a Dubai. Cuando llegué, me esperaba en el aeropuerto, de traje y con un ramo de rosas en la mano”</i>.

Con Diego, en Dubai. Se conocieron en 2010, en Mar del Plata. “El se tenía que ir al otro día y se quedó cuatro. A la semana él se tenía que ir a ver a Benja a España y me mandaron a llamar para que viajara. Yo decía: ‘No tengo pasaporte. Nunca viajé tan lejos’. Pero me fui una semana a Madrid con él. Entonces me hizo prometerle que nos íbamos a volver a ver. A los dos años me llamó para que fuera a Dubai. Cuando llegué, me esperaba en el aeropuerto, de traje y con un ramo de rosas en la mano”.

<i>“Hay muchas cosas alrededor de Diego que no están buenas. Vos entrás transparente y adentro son todas pirañas. No podés tener una relación de pareja normal, porque se mete todo el mundo”</i>

“Hay muchas cosas alrededor de Diego que no están buenas. Vos entrás transparente y adentro son todas pirañas. No podés tener una relación de pareja normal, porque se mete todo el mundo”

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