“Desde que tengo rating dejé de comprarme ropa en la feria de La Salada” – GENTE Online
 

“Desde que tengo rating dejé de comprarme ropa en la feria de La Salada”

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Ahora que Beto es figura en radio y tevé, lo saludan los taxistas y firma una parva de autógrafos. “Todo esto es un malentendido”, insiste. No ha cambiado demasiado. Exacerbó un poco su histrionismo natural, aunque mantiene el método de debate que utilizaba hace años en la redacción de GENTE: dispara máximas irrefutables y desarrolla teorías sobre encuestas de dudosa procedencia. Un estilo muy Gelblung. Todavía fuma, claro. Aunque cambió los Marlboro por cigarrillos importados, más finitos. “De marica”, como él mismo definió en una nota que hace años ofendió al Muñeco Mateyko.

También mantiene prolijamente viejas enemistades y, cada tanto, suma nuevos rivales. Su adversario más antiguo es Mario Pergolini, con quien sostiene un enfrentamiento que ya cumplió diez años. La pelea comenzó en esta redacción, en un escritorio vecino, cuando el fundador de Cuatro Cabezas y su amigo De la Puente leyeron al aire una nota suya. Hasta ahí, nada nuevo. Sin embargo, remataron así su lectura: “¿Quién firma la nota?”, “Un tal Beto Casella”, “¿Quién es Casella?”, “¡Matate Beto!”. Beto entró a la redacción furioso: “Que se rían de mi nota no me jode. Pero, ¿cómo van a decir que me tengo que matar?”. Llamó varias veces a Cuatro Cabezas, pero nunca pasó el filtro de una secretaria. En su tercer o cuarto llamado, decidió dejar mensaje: “Entiendo que Mario está ocupado. Bueno, decíle que dentro de media hora voy a estar esperándolo en la esquina de la radio para arreglar todo como hombres...”. Extrañamente, segundos más tarde llegó la respuesta de Pergolini: un breve pedido de disculpas. No hubo pugilato. Pero, como dicen, adonde hubo odio, cenizas quedan.

–Después de tanto tiempo, seguís peleado con Pergolini.
–Mario me “alquiló” hace diez años, me tiene de hijo. No entiendo por qué me da tanta importancia. Cada tanto contesto sus ataques, pero imagino que en algún momento me va a llevar a Tribunales.

–Y ahora, también te ganaste la enemistad de Sofovich.
–Gerardo me faltó el respeto al aire. Ahí descubrí que le falta el chip del humor y que esconde una parte oscura. Es una enemistad sostenida en el tiempo y prolijamente cuidada desde las dos partes.

–¿Cómo podés estar enojado con Mirtha Legrand?
–Cuando estaba en América, después de ella, nos entregaba el aire siempre diez minutos tarde. ¡Una irrespetuosidad! Nos perjudicó a conciencia. No me interesa amigarme, tengo adónde comer al mediodía. Ya fui a su programa, pude chivear un par de libros que escribí. Lo tengo grabado para mostrárselo a mis hijos, no necesito volver.

A Beto le sentó bien el cambio: hoy conduce Bendita TV que, con poco más de seis puntos, se mantiene en el podio de los programas más vistos de Canal 9. Pero se siente fuerte en la radio, adonde es el conductor más escuchado de la primera mañana. Con Bien levantados, que va de 6 a 9 por el aire de Mega, les gana a Roberto Pettinato, Fernando Peña, Elizabeth Vernacci, Viviana Canosa y Ari Paluch. ¡Hasta el propio Pergolini reconoció al aire su liderazgo!

–¿Qué quiere la gente a la mañana?
–A las seis somos todos desgraciados. El que se levanta para trabajar por 400 mangos y el gerente de una multinacional están igualados en la desgracia. No quieren más de diez noticias, algo de humor, un poco de opinión y que le cuenten cosas que no saben: los diez síntomas para saber si tu novia te engaña, por ejemplo. Paso poca música, porque no voy a la radio a robar. Estar arriba de Pettinato, Vernaci o Paluch, el dueño de la FM durante años, es un orgullo.

–A propósito de Petti, ¿lo sumaste a tu lista de enemigos?
–Le dolió perder el liderazgo. Imaginate: venís primero solo, ganando la carrera al trote, y aparece un tapado que te pasa a 200 kilómetros por hora…

–Te desafió a un duelo de dardos.
–¡Ahí dejó de tener interés la pelea! Desafiar a los dardos es de maricón. Te desafiás a las trompadas o, en su defecto, a ver quién hace más jueguito con una pelota… Igual lo veo enamorado, el matrimonio le va a dar un nuevo impulso.

–Evidentemente, a algunos les molesta que estés primero.
–En la Argentina, tener éxito es como estar en Bagdad con una remera de McDonald y una banderita que dice “I love Bush”. Genera envidia y maldad.

–¿Qué cosas cambiaron con la fama?
–Nada. Siempre que llego a la radio pienso que es el último día, que pronto me van a despedir. Cada tanto llamo al director de GENTE y le pido que me guarde el puesto. No me creo el personaje, no vivo en Gran Hermano. Todo es una broma del destino. Estudié periodismo y mi sueño era ver mi nombre impreso en papel. Luego vino un loco y me propuso hacer radio, y uno más loco que me llevó a la televisión.

–Sin embargo, no te va nada mal.
–Eso habla de lo mal que están la tele y la radio... La AM está oscura, perdiendo gente que la FM no sabe absorber. Y yo me beneficio de los errores ajenos.

–¿Y qué cosas cambiaron a tu alrededor desde que pusiste la cara en la pantalla?
–Como sushi más seguido.

–Antes no te gustaba el sushi.
–Me gustaba, pero lo mangueaba en eventos. También dejé de ir a La Salada, aunque sigo comprando buenas imitaciones. Y disfruto del canje: nunca hubiese podido comprar un Sarkany, pero mirá (levanta los pies y muestra sus mocasines). Hoy puedo ponerme pantalones con apliques de cuero y la gente piensa: “Está en la tele, debe ser lo que se viene”. Pero si fuese un vendedor de seguros, dirían: “Mirá este ridículo lo que se puso”. La única contra de la tele es que das más gordo.

–Siempre cuidaste tu imagen, pero ahora sumaste items metrosexuales.
–Mi mayor preocupación estética es no perder el talle 42. Tengo cosas de neomarica: compro velitas aromáticas y escucho a Enya. Pero soy un macho en extinción que no toma helado en cucurucho, no tiene perro chiquito, ni conoce colores como el terracota o el rosa chicle. Veo Fútbol de Primera, me como un buen asado, prefiero el yogur entero y detesto el wok de vegetales.

–Dicen que la pantalla calienta, que te vuelve más deseable.
–Es verdad, las chicas deben sentir que estar en la cama con un famoso es como vivir en un reality show. Como no pueden entrar en Gran Hermano, se llevan a un famoso a su casa.

–¿Qué habría pasado si la fama te hubiese llegado antes?
–Habría entrado en el camino del desenfreno sexual sin ánimo selectivo, más preocupado por la cantidad que por la calidad.

–¿Qué opinan de tu fama los viejos amigos de Haedo?
–Los veo una vez por mes. Y siempre me dicen: “Andá a laburar, vago”. Ellos tampoco entienden el malentendido. Igual van por ahí diciendo que son amigos de Beto Casella, y eso me llena de orgullo. También me invaden con preguntas, claro. Cosas de la tele, como todos: “¿Marley es gay?”, “¿Cuánto pesa Susana?”, “¿Es verdad lo del tamaño de Majul?”…

–¿Qué es lo peor que dijeron de vos?
–Lo que más me jode es lo que “no” dijeron: ¡Nunca me inventaron un romance! Es una frustración. Fui a eventos y me planté delante de los fotógrafos con Analía Franchín y Gisela Marziotta, pero nadie me prestó atención. Si me van a inventar un romance, que sea con Rocío Guirao Diaz. O, en su defecto, algo curioso con Betiana Blum para que hable la gilada.

–¿Cómo definirías al personaje que hacés en televisión?
–Doy el cuñado borracho de la fiesta, en la madrugada, con la lengua suelta. Lamento tener una imagen más chanta de la que quisiera. Soy una mezcla de Isidoro Cañones y Marquitos Di Palma del periodismo. Gracias a Dios, muchos me dicen que en radio parezco otra persona.

“<i>En tele doy el cuñado borracho de la fiesta, en la madrugada, con la lengua suelta. Lamento tener una imagen más chanta de la que quisiera</i>”, asegura Beto.

En tele doy el cuñado borracho de la fiesta, en la madrugada, con la lengua suelta. Lamento tener una imagen más chanta de la que quisiera”, asegura Beto.

“<i>La fama me permite ponerme pantalones con apliques de cuero y que la gente piense</i>: ‘Está en la tele, debe ser lo que se viene’. <i>Si yo fuese un vendedor de seguros, dirían</i>: ‘Mirá este ridículo los pantalones que se puso’”

La fama me permite ponerme pantalones con apliques de cuero y que la gente piense: ‘Está en la tele, debe ser lo que se viene’. Si yo fuese un vendedor de seguros, dirían: ‘Mirá este ridículo los pantalones que se puso’”

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