La gente me aceptó por mi humor y no por mi sexualidad", se defiende mientras disfruta del éxito de Los Roldán, encabeza una marquesina de la calle Corrientes con Diferente y sueña con formar una familia." /> «Desde muy chica supe que era diferente» – GENTE Online
 

"Desde muy chica supe que era diferente"

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Es lunes por la mañana en un departamento del barrio de Las Cañitas
y la mucama de uniforme rosa abre la puerta. Cayetano, el perro maltés, juega en el living decorado de blanco, abundante en madera, regado de flores blancas y con tres cuadros de colores pintados por la dueña de casa. De repente, se abre
una puerta y aparece ella, aunque su documento diga que se trata de él: Roberto Carlos Trinidad. Florencia lo mira, lo muestra y lo decide. "Dale, vamos
para adelante... Siempre voy para adelante"
, desafía y se apresta a mostrar por primera vez los detalles de una vida que quedó en el pasado, pero que esta semana, en medio de la polémica por la difusión de imágenes que ratifican su condición de
travesti, volvió al presente. Por esas fotos y los comentarios,
se sintió discriminada y tuvo una crisis
depresiva que la llevo a internarse en la clínica Suizo
Argentina. "Arranquemos de cero", propone valiente.
Y la seguimos...

SU INFANCIA. "Fue muy linda pero a la vez muy
triste y solitaria. Yo perdí a Sabina, mi mamá, a los
dos años, y eso me marcó para siempre
", arranca.

-¿Y quién se encargó de su crianza?
-Mi papá y mis tías. El era metalúrgico y trabajaba bastante para poder criarnos a mi hermano y a mí. Yo vivía con mis primas en un mundo de mujeres, de muñecas y de objetos femeninos.

-¿Ese mundo femenino lo trasladó al jardín de infantes?
-Sí, en el colegio siempre tuve conductas afeminadas. Me gustaba jugar con las mujeres, me disfrazaba con pelucas. Eso motivó varias reuniones de papá con mis maestras. Una vez me mandaron a un psicólogo, y el tipo me ponía delante de
los ojos una muñeca y un auto. Entonces yo, astuta, agarraba el auto. Le mentía al psicólogo pero no me mentía a mí: por dentro me moría por la
muñeca. Sabía que algo extraño me pasaba.

-¿Se sentía diferente?
-Sentía que vivía a contramano. Yo desde chico me di cuenta de que era gay. En el jardín, incluso, recuerdo que me gustaba uno de mis compañeros. Pero lo oculté porque era vergonzosa.

-¿Y su hermano, su medio hermano o su papá, nunca la invitaron a jugar al fútbol con ellos?
-Seguro, pero yo prefería quedarme en casa leyendo o jugando con mis primas.

-¿Cuándo fue la primera vez que se vistió de mujer?
-En el jardín. Me puse una peluca y empecé a cantar temas de Rafaela Carrá. Después, cuando descubrí que estaba mal, lo hacía en la intimidad. Creía que, al no tener madre, buscaba en algún lugar la imagen femenina. Desde que tuve uso de razón, desde muy chica, supe que era diferente. Pero nunca en mi vida pensé que iba a terminar como
travesti. Sin embargo, a medida que iba creciendo, sentía la necesidad de ser cada día más mujer. Pasa que en 1984 si hablabas de un travesti, hablabas de un marginal, y yo no quería ser marginal.

-¿Y sus compañeros no se burlaban de usted?
-Sí, porque en la primaria desarrollé toda mi conducta homosexual. Yo jugaba a la soga y al elástico, y no iba a los bailes de mis compañeros de mi grado para evitar sentirme incómoda. Pero recién en el secundario lo asumí. Cuando empecé
primer año dije que era gay y nadie más me molestó.
En cambio, a un compañero que no asumía
su homosexualidad, lo vivían cargando.

-¿Cuándo fue la primera vez que se pintó los labios y delineó sus ojos?
-Tenía ocho años y quería ser una estrella de telenovela. Me había cambiado de turno escolar para poder mirar los culebrones de Verónica Castro. Entonces, aprovechaba que en mi casa no había nadie, me ponía una peluca que le había robado
a mi tío (no sé por qué la tenía), me hacía los vestidos con las fundas de las almohadas y me pintaba con sombra lila. Uno de esos días, yo no me había podido sacar la pintura y me descubrió la mujer de papá. Cuando se enteró el viejo, me c… a palos. Más que los golpes me dolió descubrir que estaba sola. Casi no podía confiar en nadie.
Sólo contaba con mi prima Flavia. A ella le
contaba sobre mi vida. Pero también me daba
cuenta de que no había nadie que pudiera entender
mis sentimientos. Y yo necesitaba descubrir
cosas nuevas. Era inquieta, curiosa.

-¿Y cuándo sintió la necesidad de ser independiente
e irse de su casa?

-Cuando tenía 9 años, armé por primera vez mi
valija y me quise ir a un circo. Igual que lo había
hecho Andrea Del Boca en una película que vi. Un
compañero mío hacía de conejo en un cuadro circense
de Blancanieves, entonces fui a pedir trabajo
ahí. Como la dueña se dio cuenta de que yo
era gay, me contrató para que le cuidara a sus hijos.
Hasta que un día mi compañero se enfermó
y me ofreció reemplazarlo. Nadie sabe que debuté
en un circo y disfrazada de conejo. Pero fue mi
debut y despedida, porque cuando empecé a
saltar atropellé a Blancanieves, su peluca voló por los aires, todos se rieron y terminé volviendo con
la frente marchita a la casita de mi viejo, en Lomas
de Zamora.

-¿Le reprocha algo a su papá?
-No, todo lo que soy se lo debo a él. Me enseñó a
ser independiente y a saber hacer las cosas del
hogar.

SU ADOLESCENCIA. "Arrancó cuando me
asumí, viví mi primer amor y sentí la necesidad de
experimentar mi sexualidad
", confiesa.

-¿Recuerda sus primeros besos?
-En séptimo grado. Un compañerito me besó y me
shockeó. El segundo beso fue a los quince, cuando
me enamoré de un chico. Y aunque estaban todas
las hormonas a flor de piel y me gustaban todos
los hombres, durante esos años me reprimía.

-¿Qué le miraba a los hombres?
-No sé. Michael Landon era mi tipo favorito.

-¿Nunca nada con ninguna mujer?
-¡Yo no soy lesbiana! Sin embargo, cuando estaba
en el secundario, algunas chicas querían ser las he-roínas y cambiar mi sexualidad. Más de una mujer me besó, y querían algo extra. Pero yo ponía el freno.
Creo que algunas mujeres tienen fantasías con
los gays, se sienten atraídas por ellos.

-Háblenos de su primer amor.
-Yo tenía 15 y él 17. Eramos vecinos e íbamos al
mismo colegio. Cuando descubrieron nuestro romance,
se armó mucho revuelo. Nos querían matar.
Duramos tres meses, porque a mí me daba
pudor que hablaran de nuestra historia. Al año,
volví a enamorarme pero de un hombre diez años
mayor. Papá no me dejaba salir con él y yo me
escapaba para poder verlo.

-¿Cómo fue la primera vez que pisó la calle vestida de mujer?
-Tenía 17 años, hacía dos que me había empezado
a depilar y fui a bailar con amigas a un boliche
que no era gay. Me maquillé, me puse una pollerita
negra, una camperita y unas botas. La pollera y
el primer corpiño que usé, aun los guardo en una
caja como si fuese mi ropa de bautismo. Cuando me preguntaron mi nombre, no sabía qué decir.

-¿Se iba acostumbrando a la imagen que reflejaba
en el espejo?

-Al principio, no. Pero por sentirme diferente, no
me iba a autoexcluir. Para ir al colegio me ponía
Angel Face, brillo en la boca y me delineaba de
negro los ojos. Un día, incluso, fui con la polvera.

-¿Qué pasó cuando armó la valija para irse,
ahora sí, definitivamente de su casa?

-Estudiaba de noche y trabajaba de día, planchando
y doblando camisas en algunas fábricas
de ropa. Los fines de semana me iba a lo de mis
amigas y llevaba ropa. Hasta que un día me di
cuenta de que en la casa de papá ya no me quedaba
nada, y me fui a lo de Inés, una amiga. En
ese momento corté vínculo con mi familia. Sentía
que les iba a ser difícil aceptar mi nueva condición
y decidí bancarme todo sola.

NACE FLORENCIA. "Recién ahí comencé a vivir.
Antes no era nada definido. Nadie sabía bien lo que
yo era. A veces hasta a mí me costaba entenderlo
".

-¿Y cuándo nació Florencia?
-Me bautizaron un miércoles a la noche en la casa
de un amigo. Antes, había tenido otros nombres,
pero nunca sentí que eran los indicados. Si no me
hubiese llamado Florencia, me hubiese gustado
Delfina. En esa época me vestía de mujer y para tener
busto me rellenaba el corpiño. Aún no había decidido
hacerme las lolas. Luego de ese día, apenas
pasaron cinco meses. Me operé con el cirujano López
Bandera. No me cobró un peso. Si no, me hubiese
sido imposible pagarle con mis sueldos de
manicura y modista de vestidos de novia.

-¿Qué sintió cuando salió del quirófano?
-Me sentía realizada. Era lo que más deseaba y lo
que me faltaba para verme completa. Pero tampoco
tenía mucha piel, entonces sólo me puse siliconas
hasta sumar 85 centímetros de delantera. Para ser
travesti no te puede faltar ni teta ni pelo. Y yo había
decidido ser travesti. Porque para mí no estaba bien
lo indefinido. Tenía pelo largo y curvas, era flaca y
muchas personas me confundían con una mujer…

-¿Y cuándo sorprendió a su padre, apareciéndose
vestida de mujer?

-Fue en el casamiento de mi prima. Entré muy producida
y todos se sorprendieron. No lo podían creer.

-Una vez superado semejante paso, ¿hacia
dónde apuntó?

-Después de demostrar y demostrarme quién era,
comencé a pensar en realizarme como actriz. Lo
que vino, la gente lo conoce bien. Debuté en teatro.
Llegó la televisión. Me hice popular, y lo sexual pasó
a segundo plano. Tanto que este año, con la revista
Diferente, en la calle Corrientes, y con Los Roldán,
en Telefe, sentí que toqué el cielo con las
manos. Hoy recibo innumerables propuestas laborales
y me entrevistan de Chile, Colombia, España y
Miami. Pero bueno, eso el público lo sabe. Lo que
no sabe es que en lo profesional ya logré todo lo
que soñaba, y que ahora quiero formar una familia.

-Cuéntenos…
-Se llama Pablo Goicochea, tiene 39 años y es
odontólogo. Nos conocimos un 11 de diciembre de
1997, en Gualeguaychú. Yo fui a hacer un show al
boliche El ángel. Después, hablamos por teléfono y
arreglamos un encuentro. La primera cita fue en
Los sospechosos de siempre, donde comimos
pizza y bailamos cumbia. A los cuatro meses, nos
mudamos juntos a un departamento en Almagro.
Fue la primera y única pareja con la que conviví.

-¿Cómo se dio cuenta de que Pablo era distinto a los otros hombres?
-Sentía que con él podía llegar a formar una familia. El tiene dos hijas y no es un buscavidas. Cada uno trabaja de su profesión y respeta el lugar del otro.
Ahora compartimos a Cayetano, el perrito que me regaló el 7 de agosto, el Día de San Cayetano.

-¿Cómo logran mantener una pareja estable?
-Pablo me dio estabilidad emocional y me permitió
desarrollarme en mi carrera. Nunca tuve la necesidad
de otro hombre mientras estuve con él.
Aunque, a veces, nos peleamos por celos, nos
comprendemos mucho.

-¿Usted es demostrativa?
-No, aunque tras dos años de terapia estoy siendo
más afectuosa. Hasta con mi familia aumenté
el diálogo.

-¿Le gustaría adoptar un hijo?
-Sí, sería un gran sueño cumplido. Y, salvando
las distancias, también me encantaría ocuparme
de los detalles de mi casa. Pasa que
ahora no tengo tanto tiempo para cocinar,
planchar y mimar todo el día a mi pareja.

-¿Y operarse? ¿Nunca pensó en recurrir a la
cirugía para cambiarse el sexo?

-Hoy por hoy, no tengo necesidad de hacerlo.
Quiero seguir siendo travesti pero no voy a permitir
que me agredan. Elegí una sexualidad diferente
pero tengo los mismos derechos. Solo quiero seguir
trabajando y vivir sin molestar ni ser molestada
por nadie.

-¿Piensa en la vejez?
-Sí, las arrugas me asustan, pero más me asustaría
quedarme sola.

por Pablo Procopio
fotos: Santiago Turienzo
producción: Fini Bencardini
peinado: Joaquín Persson
Agradecemos a Nana Lou y Claude Benard

Flor muestra el documento en el que figura con el nombre de Roberto Carlos
Trinidad. Me gustaría que dijera Florencia de la V, pero lo acepto. Hoy por
hoy, no tengo la necesidad de operarme", dice.
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Flor muestra el documento en el que figura con el nombre de Roberto Carlos
Trinidad. "Me gustaría que dijera Florencia de la V, pero lo acepto. Hoy por
hoy, no tengo la necesidad de operarme
", dice.

Su dormitorio es de color blanco. En el ropero hay ropa y perfumes de ella y de
su pareja Pablo. En una de las cajas guarda la primera pollera que usó de frente al mundo. Esa pollerita y el primer corpiño aún los guardo en una caja, como si fuesen mi ropa de bautismo", recuerda.
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Su dormitorio es de color blanco. En el ropero hay ropa y perfumes de ella y de
su pareja Pablo. En una de las cajas guarda la primera pollera que usó de frente al mundo. "Esa pollerita y el primer corpiño aún los guardo en una caja, como si fuesen mi ropa de bautismo", recuerda.

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