La ley se ablandó, el crimen crece, la impunidad es cada vez mayor, y no hay voluntad política para legislar a favor de la gente y contra los delincuentes"." /> Desde 1995 los delincuentes mataron ¡750 policías! – GENTE Online
 

Desde 1995 los delincuentes mataron ¡750 policías!

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-Hace un año lo entrevisté para hablar de lo mismo, Casanovas: la inseguridad.
Eso significa que vamos de mal en peor…
-Me acuerdo muy bien. Ese día le dije
que la ley se ablandó, y que estábamos cosechando lo que sembramos.

-Y hoy, ¿qué me dice?
-Que en un año no hicimos nada, y que estamos mucho peor. Desde 1995 los
delincuentes mataron ¡750 policías! Sin contar los asaltos, los asesinatos, los
secuestros, los delitos a cargo de menores (algunos, niños…), etcétera.

-¿Qué quiere decir "No hicimos nada"?
-Que en agosto del año pasado, la Cámara de Diputados aprobó tres proyectos de
ley: prisión perpetua cuando se mata a un secuestrado, reducción de la pena al
que colabora para recuperar vivo a un secuestrado, y aumento de la pena para los
que cometen delitos junto con menores o les venden, prestan o alquilan armas a
menores. Resultado: hasta hoy siguen siendo proyectos. Un discurso para sordos…

-¿Quiénes son los sordos?
-Los legisladores (algunos, claro…) que siguen al pie de la letra el peor de los
postulados seudogarantistas.

-¿Cuál es el peor?
-El que dice que los derechos son sólo de los delincuentes. No me escuchan
cuando pido que la cadena perpetua sea realmente perpetua, y no de veinte años,
como ahora. No me escuchan cuando pido que se prohíba la salida anticipada de
los asesinos y los violadores. Ni siquiera me escuchan cuando pido algo tan
elemental como recuperar el respeto por la ley.

-¿Qué argumentan en contrario?
-Que no es el momento de aumentar las penas (si hoy no es el momento,
¿¡cuándo?!), que aumentar las penas no disminuye el delito, que no hay que
actuar "espasmódicamente y en caliente", etcétera.

-Pero, ¿con qué fin? Porque ningún momento es tan urgente como ahora…
-Lo que realmente quieren es no tocar los privilegios de los delincuentes. Y
repito: cuando la ley se ablanda, reina la impunidad, y cuando reina la
impunidad, cada vez hay más delitos. Es una ecuación fatal, y agravada por dos
fenómenos: los delincuentes son cada vez más jóvenes y cada vez más violentos.

-¿Por qué cree que ciertos legisladores frenan los proyectos de aumento de
penas?
-Al principio no lo entendía. Pero cuando se dictó el fallo que autorizó a los
presos el derecho al voto, sí. ¡Mire la importancia que tiene, para algunos
partidos, un puñado de votos!

-Sin embargo, los votos de las víctimas deberían ser más que los votos de los
delincuentes…
-Pero yo ni siquiera pienso en los votos: estoy del lado de las víctimas por
convicción, no por razones políticas.

-Hay algo paradójico: el delito está cada día más presente en los debates
(mediáticos o no), pero cada día más lejos de su solución. ¿Por qué?
-Porque una cosa es enseñar, escribir o conferenciar sobre el crimen y sus
causas, y otra muy distinta es sufrirlo y combatirlo. Desgraciadamente, el
sentido común no superó todavía a la probeta, al laboratorio.

-Hace apenas unos días, un secuestro notorio (Florencia Macri) puso al rojo el
tema. ¿Cree que ese caso impulsará el aumento de las penas contra los
secuestradores?
-Espero, porque es uno de los delitos más abominables. Es el que exige mayor
premeditación, mayor trabajo de inteligencia, mayor infraestructura
(comunicación interna, trabajo de postas), y al mismo tiempo el que genera más
riesgo y más daño psíquico contra la víctima.

-Además del estado de inseguridad en que vive la población, ¿qué otras
consecuencias acarrea la pasividad parlamentaria que usted denuncia?
-El efecto bola de nieve. La ley blanda aumenta el crimen, el crimen aumenta la
inseguridad, las libertades de los delincuentes aumentan la impunidad, y esa
combinación lleva a no creer en la Justicia ni en la policía. Es un gravísimo
proceso de desintegración social…

-¿Adhiere a la tesis de que la desocupación y el hambre son los principales
motores del delito?
-Absolutamente no. No es por hambre que mataron a Diego Peralta, a Juan Manuel
Canillas y a Santiaguito Pérez. No es por hambre que a un secuestrado le
arrancaron un dedo con una tenaza y se lo mandaron a los padres para acelerar el
rescate. No es por hambre que un criminal que debía estar preso violó y mató, en
Olavarría, a una niña de siete años. No es por hambre que mataron a treinta y
ocho policías en los primeros cuatro meses de este año, ¡y a cuatro de ellos en
apenas dieciséis horas!

-Entonces, ¿cuál es la causa?
-El desprecio por la vida ajena, el odio a la autoridad, el repudio a la ley,
que crecen sin cesar porque no hay instrumentos legales ni decisión política
para combatir el delito desde el lado de la gente y contra los delincuentes.

-¿Cree que la relación aumento de penas-disminución del delito se cumple
matemáticamente? Porque hay muchas posiciones en contrario.
-Si las leyes contra el delito fueran duras, los padres no sufrirían, como
sufren hoy, esperando que sus hijos vuelvan vivos del trabajo, de la escuela o
de sus lugares de diversión, la gente no viviría prácticamente presa tras las
rejas de su casa, y nadie temería ser asesinado por una campera, un par de
zapatillas o una bicicleta.

-¿Qué contesta cuando alguien lo acusa de impulsar la política de mano dura?
-Que si hubiera leyes, sentencias y penas adecuadas (y además se cumplieran…),
muchos muertos estarían vivos. Porque, cuidado: yo no hablo de mano dura. Hablo,
simplemente, del imperio de la ley.

-¿Es partidario de la pena de muerte?
-En algún momento, y frente a ciertos casos, lo fui. Pero hoy no.

-¿Por qué?
-Porque, tal como es nuestro sistema judicial, es muy posible cometer errores y
condenar a un inocente. En los Estados Unidos es muy distinto, porque hay juicio
por jurado. En todo caso, el que dictamina vida o muerte es el pueblo.

-¿Tiene esperanzas de que esta situación se revierta, o cree que este proceso de
desintegración está demasiado enquistado?
-La esperanza nunca se pierde, aunque la voluntad política de cambiar las cosas
parezca tan lejana. Pero tenga en cuenta algo: es posible que hoy, ahora mismo,
mientras hablamos, un delincuente esté matando a un policía o a un civil. Y que
mañana, mientras usted escribe esta nota, suceda lo mismo.

(Nota: no se equivocó Casanovas. En el transcurso de las 24 horas aludidas por
Casanovas, tres policías fueron baleados. Lugares: San Isidro, Hudson y José C.
Paz, y todavía estaba fresca la tierra de las tumbas donde yacen los cuatro
policías muertos el martes 6 de mayo).

… tras las rejas de nuestras casas, mientras los criminales gozan de todos los derechos

… tras las rejas de nuestras casas, mientras los criminales gozan de todos los derechos", dice el doctor Jorge Casanovas, cuyos proyectos para aumentar las penas "siguen durmiendo en los cajones del Congreso".

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