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Mariana Redi, con solo una pierna triunfa en básquet: “Los límites están en la cabeza”

Mariana Redi, con solo una pierna triunfa en básquet: “Los límites están en la cabeza”

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Nació sin parte de su pierna derecha, ni la falange de cinco dedos de sus manos. Hoy brilla en la Selección Nacional de básquet adaptado que desde el 23 de agosto está compitiendo de los Juegos Paralímpicos en Lima.

Cuando Mariana Redi (27) estaba en la panza de su mamá, parte de su pierna derecha y la falange de cinco dedos de sus manos (dos de la derecha y tres de la izquierda), no llegaron a formarse. Y el 4 de octubre de 1992, en el hospital Policlínico del docente, Ana y Sergio –ambos profesores de educación física–, fueron papás por primera vez. Lo que siguió para esa beba de apenas semanas fueron decenas de estudios y cirugías. Mariana creció e intentó llevar una vida normal. Y si bien gran parte de las horas del día la pasaba en rehabilitación, nunca se privó de nada. A los 10 meses y con una prótesis especial, comenzó a dar sus primeros pasos, y desde muy temprana edad se aferró al deporte como pocas personas lo hicieron. Mai, sobrenombre con el que la rebautizaron sus familiares y amigos, practicó gimnasia artística, patín, natación, vóley, danza jazz, hockey y handball.

Para Mariana, no existen los límites. Además de básquet practicó:

Cuando terminó el colegio secundario, todavía sin una vocación clara, comenzó a estudiar diseño de interiores, luego comercio internacional y finalmente diseño multimedial. “Los límites sólo están en tu cabeza”, fueron las palabras que escuchó de pequeña y la marcaron a fuego. Como si todo esto fuera poco, en paralelo, Mariana decidió trabajar. Arrancó como mesera en un bar y siguió como operaria en una fábrica de juguetes, preceptora de un colegio secundario, niñera, profesora de inglés particular, atendiendo un bufet de comida, como vendedora en una tienda de ropa, y su último trabajo en 2016,  fue en una colonia en el servicio nacional de rehabilitación en el barrio de Belgrano. Y fue ahí donde su vida cambió para siempre.


“Yo no tuve problemas, me senté en la silla y comencé a jugar al básquet. Y te confieso algo… ¡no sabés lo feliz que estoy!”.

En ese lugar se entrenaban las chicas de básquet adaptado del club Buenos Aires y una tarde la invitaron a entrenarse con ellas. Y a los 24 años, Mariana por primera vez se sentó en una silla de ruedas, algo que para muchas personas con discapacidad pero que pueden caminar, se asemeja a un síntoma de debilidad. “Yo no tuve problemas, me senté en la silla y comencé a jugar al básquet. Y te confieso algo… ¡no sabés lo feliz qué estoy! Ninguna discapacidad es excusa para cumplir tus sueños, confiesa la jugadora de River Plate que hace dos años y medio fue seleccionada para formar parte del equipo argentino.

Salto a la fama. Hasta no hace mucho, Mariana era una jugadora anónima, sólo conocida en el ambiente del básquet. Pero cuando este año el Ente Nacional de Alto Rendimiento Deportivo, decidió no renovarles la beca que cobraban, publicó una extensa carta en su cuenta de Instagram que rapidamente se viralizó, y muchas personas la descubieron. Por suerte, su queja causó el efecto deseado y a los 8 mil pesos que cobra de beca de la Secretaría de Deportes, el ENARD corrigió su error y les pagó a todas las jugadoras tres cuotas de 10 mil pesos. También hizo pública la promesa de mantenerles ese dinero en caso de que consigan una medalla en los Juegos Panamericanos paralímpicos que el 23 de agosto se desarrollaran en Lima, Perú.

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De izquierda a derecha: Pérez, Chirinos, Sallis, Olmedo (adelante); Redi, Coria, Muñoz, Pallares, Linari, Paiva, Capdeville. Completan: Cairo (entrenador), Iglesias (preparadora física), Ferreyra (kinesióloga), Pacheco (mecánico), y Cardarelli (entrenador).
 

Pero esto no fue lo único que consiguió Mariana. Como el seleccionado no tenían los medios para entrenar, la Fundación Tendiendo Puentes de la provincia de Santa Fe los recibió con los brazos abiertos y cada 15 días todas las chicas viajan hasta Venado Tuerto para entrenar y concentrarse. Y ahí, mientras prueba un tiro desde afuera de la zona, La Loba (nombre con el que se las identifica a la Selección Argentina Femenina), sonríe. Porque sabe que ese temple de heroína que forjó desde el mismo día que nació, sirvió para cambiar su vida y el de sus compañeras.

Fotos: Mariel Bruschi

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