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Camila Gómez Ares, figura de Boca: “Antes, si queríamos jugar al fútbol, las mujeres teníamos que poner plata”

Camila Gómez Ares, figura de Boca: “Antes, si queríamos jugar al fútbol, las mujeres teníamos que poner plata”

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Comenzó a jugar al fútbol de pequeña y aunque recibió maltratos y discriminación, nunca bajó los brazos. Hace dos meses, firmó su primer contrato con Boca Juniors. La historia de una Gladiadora que además es periodista deportiva y quiere ser DT. 

Camila, con la pelota en la mano y la Bombonera de fondo. Sueño cumplido.

“Vos y todas las estrellas que vistieron esta camiseta, brillan por siempre en la historia de Boca”. La frase está escrita en una de las paredes de la Bombonera, pero son muy pocas las personas que pueden verla. Y ese circulo tan íntimo como exclusivo, se cierra aún más si a esa leyenda se le agrega otra característica. Sólo algunos privilegiados, de esos que están tocados por la varita, podrán leer estas palabras mientras el cemento se mueve al ritmo de miles de personas saltan y cantan sin parar.

Esa escalera es la que bajan los jugadores de Boca para salir al campo de juego. Las chicas de Boca también juegan en la Bombonera.

Ahí es cuando el estadio más emblemático del fútbol mundial, late. Escritas en azul y amarillo, aquellas palabras que tocan las fibras más íntimas, son las que leen los jugadores mientras recorren la escalera que los lleva al campo de juego. Y ese lugar sagrado que siempre estuvo vedado para los hombres que pusieron al club en lo más alto del fútbol mundial hoy, como la película que inmortalizó Al Pacino en 1992, también tiene “perfume de mujer”.   

El jueves Boca presentó a las 23 jugadoras profesionales: Chaves, Oliveros, Tortolo, Cruz, Espíndola, Gergo, Ghigo, Manicler, Stábile, Benítez, Gómez Ares, Quiñones, Vallejos, Vázquez, Cabrera, Huber, Ojeda, Palomar, Recanati, De Zotti, Fanny Rodríguez, Yamila Rodríguez y Troncoso.

“Esto es Boca”. Es la frase que inmortalizó Daniele De Rossi cuando llegó a Boca, copiando la impronta que el club le pone a cada cosa que hace. Y con el plantel profesional femenino de fútbol, marcó una diferencia enorme con el resto de los equipos. Con la aprobación y el empuje de Christian Gribaudo, secretario general del club y candidato a presidente por el oficialismo, el equipo de la ribera picó en punta y fue el único del país que contrató a 23 jugadoras.

A los tres años, Cami sabía que iba a ser jugadora.

“Para nosotros, es una enorme satisfacción poder acompañar el crecimiento del equipo femenino de fútbol. Tomamos la decisión de profesionalizar a todo el plantel, porque queremos que todas tengas el mismo reconocimiento. Ahora, nuestro siguiente paso, es que nuestras Gladiadoras juegen de local todos los partidos en la Bombonera. El crecimiento de las chicas es un orgullo para toda la familia boquense”, confiesa Gribaudo. 

Junto a Carlos Tévez, uno de sus ísolos.

Y una de estas jugadoras es Camila Gómez Ares (24), quien hace diez años juega al fútbol en primera división, y hace cuatro que lo hace en Boca. Orgullosa, luce en sus vitrinas varios logros que van a quedar en la historia. Porque Camila es una de las primeras jugadoras en firmar contrato con el club de la ribera, y pionera en ser modelo de campaña de Nike. “Como dice Christian, Boca es un club modelo. Todas las jugadoras tenemos contrato, tenemos la ropa necesaria para cada entrenamiento, los botines, campos de entrenamiento de nivel europeo, una dieta preparada por un nutricionista para cada jugadora y obra social. ¡No podemos pedir más nada!, asegura Camila y arranca con su historia.

Daniele De Rossi le dijo: “Quiero ir a ver un partido de ustedes”.

La lucha de una Gladiadora. Según le contó su mamá, su primer contacto con la pelota fue cuando apenas era un bebé. “Mi hermano Ramiro (28) me ponía con el andador en el medio del patio de casa y me usaba de arquero –relata Cami– El siempre fue mi ídolo y yo lo seguía a todos lados. Así fue como comenzamos a jugar juntos y cuando mis papás le compraban botines, yo lloraba hasta que me traían unos para mí. Junto a mi hermana Lucila (31), comenzamos a ir al club Defensores de Florida en Vicente López para hacer gimnasia artística, pero las mamás de las otras nenas se quejaban porque yo iba con botines de fútbol con tapones. Y cuando teníamos que hacer alguna figura en equipo, lastimaba a mis compañeras”.

En el vestudario donde se cambia la primera y las chicas cuando hacen de local.

Esos años para Camila se volvieron una tortura. Porque en el mismo club su hermano jugaban al fútbol y ella se angustiaba cuando escuchaba picar una pelota. Ahí fue cuando sus papás Susana y Oscar, decidieron darle el gusto y anotarla para jugar al Baby. “Fue uno de los días más felices de mi vida. Aunque era la única mujer, a los cuatro años ya estaba entrenando en el equipo de varones. Pero al año ese club cerró y me anoté en Villa Pirson. El entrenador me aceptó y con mis compañeros de equipo me llevaba muy bien. El problema llegó cuando mandábamos a pedir los carnets: ¡llegaban todos menos el mío! Hasta que mis papás armaron una carta, la firmaron los presidentes de todos los clubes y ahí me dejaron jugar”, confiesa Camila.

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Todo un símbolo, impensado en otros momentos. Camila saliendo a la cancha por el túnel de la Bombonera.

Al principio, cuando la nena rubia salía a la cancha, a todos les parecía tierno y colorido. Pero esas sonrisas se convertían en muecas de ira cuando Ricitos de oro, gambeteaba a alguno de los nenes, convertía un gol que servía para ganar un partido, o levantaba por el aire de una patada a un rival: “¡Dale maricón, no te puede pasar una nena! ¡No puede hacerte un gol una mujer! ¡Levantante que la patada te la dio una mina!”, eran algunos de los gritos de los papás de los equipos contrarios. Incluso un técnico, retiró a su equipo cuando Camila ingresó a la cancha. Y sólo volvieron a jugar cuando su DT la volvió a sentar en el banco. Camila era la única mujer en toda la liga hasta que al año siguiente se cambió el reglamento para que no pudiera jugar.

Pasión por el fútbol. Es lo que Camila siempre sintió. Y a pesar de la discriminación y el ambiente machista que siempre rodeó a este deporte, ella nunca se dio por vencido. Y a los 14 años hizo una prueba en River y a los 15 debutó en primera. Un dato color, en los 4 años en los que jugó para el equipo Millonario, nunca le pudo ganar a Boca. Luego pasó un año por el Club Deportivo UAI Urquiza, vuelta a River, y la propuesta de vestir la camiseta del equipo de sus amores. “Yo jugaba en la Selección Argentina Sub 20 y estaba feliz. Pero cuando me dijeron si quería venir a Boca, mi vida cambió para siempre. Estoy en el mejor club de Argentina, un modelo a imitar por todos. Es un orgullo decir que el equipo en el que yo juego está un paso delante de todos. Acá tenemos el mismo trato que tiene el plantel profesional de fútbol y este año nos armamos para ser campeones”, confiesa la jugadora que está soltera porque hace unos meses terminó la relación con su novio. Y aunque hace un año se recibió de periodista en Deportea, realiza el curso para DT, y sueña con jugar al fútbol hasta los 35 años, confiesa: “Antes las mujeres teníamos que poner plata para jugar al fútbol y hoy somos profesionales. Esta conquista no tiene precio”.  

Fotos: Diego Soldini y Julio Ruiz

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