Dengue: así se vive la epidemia en los rincones más pobres de nuestro país – GENTE Online
 

Dengue: así se vive la epidemia en los rincones más pobres de nuestro país

Martín Caserta, hermano franciscano y sacerdote durante su recuperación de dengue

“Acá se espanta al mosquito quemando hojas o cartón”, dice Martín Caserta, hermano franciscano y sacerdote radicado en la localidad de Pichanal, Salta. ¿Cómo se protegen del virus los más pobres?

"En Semana Santa de 2019, haciendo el Via Crucis por las calles de la misión San Francisco de Pichanal se ve que me picó un mosquito. Cuando llegué a casa después de confesar hasta medianoche me agarró un dolor de cabeza muy intenso, fui a dormir y a partir de ahí se intensificaron los síntomas de dengue", cuenta Martín Caserta. Él es sacerdote y hermano franciscano: su vocación lo lleva a estar cerca de los pobres y en contacto con la naturaleza.

Aunque ya pasó casi un año, los recuerdos de la enfermedad están muy vívidos. "Era como si el cerebro estuviera estallando. A los 10 años había tenido paperas en las meninges: esto me recordó esos dolores. Estuve prácticamente 10 días, sin apetito, con dolor de cabeza muy fuerte y mucha fiebre. No tenía apetito y el olor de las comidas me daba rechazo. Fueron varios días de tomar sólo agua o Gatorade para mantenerme hidratado", comenta.

"Si vuelvo a contagiarme, podría traer riesgos más severos", dice consciente de que la segunda vez que el virus se activa puede ser fatal. Explica que hay cuatro serotipos y que si bien uno queda inmunizado del que haya tenido, puede enfermarse de cualquiera de los otros tres. Según el doctor Tomás Orduna, infectólogo y jefe del servicio de Patologías Regionales y Medicina Tropical en el Hospital Muñiz, cada persona podría tener dengue hasta cuatro veces en la vida. "La segunda vez que una persona padece dengue hay probabilidades de que sea con síntomas mucho más severos y consecuencias muy graves", explicó el especialista antes de aclarar que no ocurre lo mismo si el paciente se enferma con los dos serotipos restantes. Por esta razón, Caserta afirma:"Tengo que cuidarme con más atención". 

Luego, como buen conocedor de las comunidades a las que visita y preocupado por cada una de las personas con las que se encuentra a diario señala: "En el norte es difícil el acceso a la salud: donde vivo, hay un médico cada 5 mil habitantes y se apunta mucho a la prevención, especialmente el descacharrado ya que el mosquito necesita agua de lluvia para poder vivir. Para eso, lo único que hay es repelente. Es costoso, especialmente para la gente que no tiene ni para comer. Acá se espanta al mosquito quemando hojas o cartón. El maple de los huevos es llamado repelente: el humo que larga sirve como si fuera un espiral", afirma.

Martín Caserta junto a miembros de la Misión San Francisco, en el norte salteño. Allí viven comunidades guaraníes que casi no tienen acceso a la salud.
Martín Caserta junto a miembros de la Misión San Francisco, en el norte salteño. Allí viven comunidades guaraníes que casi no tienen acceso a la salud.

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