Del Potro: “Jugué un torneo de oro: el más importante de mi carrera” – GENTE Online
 

Del Potro: “Jugué un torneo de oro: el más importante de mi carrera”

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Afuera, en la vereda del hotel Intercontinental, más de 200 personas desafían el frío de la noche y, con bebés y niños en brazos, esperan la salida de Del Potro. Adentro, en el salón del segundo subsuelo, donde Juan Martín (27) acaba de brindar su conferencia de prensa, un grupo de amigos de la infancia lo despide recreando un canto que hizo furor en Rio: “Tomala vos/ dámela a mí/ volvió la Torre de Tandil”. Y a Del Potro, el hombre que emocionó a los argentinos con su actuación en los Juegos Olímpicos de Rio de Janeiro, se le llenan los ojos de lágrimas. “No sé qué me pasa. Nunca lloré tanto en mi vida. Desde que le gané a Djokovic no puedo parar de emocionarme y ponerme así, como me ves ahora. Te pido disculpas...”, dice el tenista. Desde que terminó el partido en que no pudo doblegar a Andy Murray –“el más importante de mi carrera”, según sus palabras– no pudo pegar un ojo. Con tres uñas menos y la medalla de plata al cuello, acepta el mano a mano con GENTE para hablar de este especial regreso.

–¿Cuando llegaste a Rio imaginabas que podías competir por el oro?

–Ni en mis mejores sueños. Catorce meses antes no sabía si iba a continuar jugando al tenis...

–¿En verdad estuviste por dejar de jugar?

–Muchas veces. Me había operado la muñeca y todavía seguía con dolor. Estaba en mi casa y no quería ver tenis, nada. Cuando los médicos me dijeron que lo mejor era que me volviera a operar la muñeca izquierda, entré al quirófano con la promesa de que si regresaba y el dolor continuaba, no jugaba más.

–¿Qué te mantuvo en pie?

–El apoyo de mi familia y mis amigos. Cuando peor estaba, cuando la tristeza me ganaba el alma, ellos siempre encontraban la forma de sacarme de esa situación y hacerme reír. Además, fueron los que me convencieron de que antes de abandonar, probara todas las posibilidades.

–Cuando ingresaste al departamento de la Villa Olímpica y te enteraste que te tocaba Novak en primera ronda... ¿Qué pensaste?

–¡Voy a pasear mucho por Rio, porque me vuelvo enseguida! Es más, llamé a mis amigos de Tandil y les dije: “Vayan comprando la carne, porque nos vemos en unos días”. Venía de mucho tiempo de inactividad. Nunca imaginé que podía ganarle.

–¿Cuál fue el secreto?

–Que la muñeca me aguantó. A medida que iban pasando los minutos, hasta me pude olvidar del dolor. Antes, cuando entraba a la cancha y le tenía que dar de revés, lo primero que pensaba era: “Le voy a pegar de esta forma, así no me duele”. Y es un error... Porque tenés la cabeza puesta en cómo pegarle y que no te duela, en lugar de pensar en meter un buen golpe. En este nivel, es mucha la ventaja.

–Ese día lo arrancaste con toda la gente alentando a Novak, y al final te compraste al público brasileño. ¿Desde adentro de la cancha tomaste conciencia?

–Sí, fue algo increíble lo de la gente. Porque sé que hay rivalidad por el fútbol y otros deportes, pero acá no pasó. Después de ganarle al número uno del mundo, el público empezó a alentarme y quería que ganara. Luego se sumaron muchos argentinos, que me siguieron a muerte. Cuando no daba más, el aliento de ellos no me dejaba caer. Entendí la importancia de que te tiren buena energía.

–¿Vos también seguías a los otros deportistas?

–Sí, por eso los Juegos Olímpicos son únicos. Desde que entrás a la Villa te cruzás con ellos, ves el sacrificio que hacen, y te contagian. Además, como teníamos un solo televisor, nos juntábamos todos para ver competir a los argentinos. Se celebraba de la misma forma el triunfo del básquet, del hockey, o de la Peque Pareto.

–Y después todos festejaban tus triunfos...

–Sí. Sabía que me estaban mirando. Por ahí, en medio del partido pensaba: “¿Quién habrá ido a verme al comedor?”. Después de tantos días, los sentís a todos parte de tu familia.

–Como si fuera poco, el Rafa en la semi. ¿Era otra la confianza después de haberle ganado al uno del mundo?

–¡No, me quería matar! Luego del esfuerzo que había hecho, perder con Nadal significaba que iba a tener que pelear con Murray o con Nishikori por el bronce, y me podía quedar sin nada. Entonces salí a jugar ese partido como el más importante de mi carrera. “Después de todo lo que hice, no puedo volver a la Argentina con las manos vacías”, pensaba la noche anterior, sin poder dormir.

–Y después Murray. ¿Pensaste: ‘¡Paren de tirarme cracks a la cancha!’?

–Por ahí con Nishikori la cosa hubiese sido diferente, admito... Con Andy nos conocemos desde muy chicos, y sabía que iba a ser complicado. Es un jugador inteligente. Prepara los partidos pensando mucho en las debilidades del rival.

–¿Lo sentiste así al momento de enfrentarlo?

–Seguro. Había visto sus partidos anteriores y jugó de forma totalmente distinta. Sabía que yo estaba cansado y que mi talón de Aquiles era mi revés: cargó todo su juego ahí. Pero igual ya estaba feliz por todo lo que había hecho. En Rio gané la medalla de plata, pero jugué un torneo de oro: el más importante de mi carrera.

–Al final la gente te ovacionó más a vos que a Murray, que se llevó el oro. ¿Te sorprendió? Porque es algo pocas veces visto.

–Sí, fue tan evidente, que en un momento Andy se acercó y me dijo: “Parece que el oro lo ganaste vos... ¡Mirá como te ovacionan!”. Y ahí tuvo un gran gesto, que lo define como la gran persona que es. “Te lo merecés, por todo el esfuerzo que hiciste. Fuiste el gran ganador de este torneo”, me dijo, y nos dimos un abrazo.

–¿Cómo sigue tu carrera? ¿Veremos nuevamente al Del Potro que todos conocemos, de nuevo dentro de los mejores del mundo?

–Mmm, no sé... La verdad, termino esta nota, subo a un micro y me voy a Tandil a festejar con mi gente. Quiero estar ahí con mis amigos, comer un asado, abrazar a mis papás y a mi hermana, volver a ser el chico de pueblo de toda la vida. La verdad, por unos días no quiero hablar más de tenis (risas).

–¡La diferencia es que vas a ser ovacionado por toda una ciudad! ¿Creés que alguna vez vas a poder volver a ser “el chico de Tandil”?

–Yo creo que sí. Necesito pensar que sí. Porque la ovación la voy a tomar como un mimo de todos los que me vieron y me ayudaron a crecer. Pero después, en la intimidad, voy a volver a hacer los mismos chistes de siempre, con los amigos de toda la vida... Ahí es cuando soy el Juan Martín que nunca quiero perder.

–¿Vas a volver a la Davis?

–No lo sé. ¡Por ahora no quiero hablar de tenis!

–¿Vas a contratar a un entrenador para que te acompañe en lo que te queda por jugar este año?

–Puede ser. Lo estoy pensando. Pero me sentí tan bien este tiempo, entrenando solo, que también estoy dudando. Si soy profesional, puedo seguir así. Sólo llamaría a alguno para seguir aprendiendo... ¡Pero te dije que no quería hablar más de tenis y me seguís preguntando...!

–¿El asado en Tandil se come jugoso o bien cocido?

–Eso sí que te lo voy a responder: a punto. ¡No veo la hora de llegar y sentir el olor de la carne! n

 

Por Sergio Oviedo. 

Fotos: Diego Soldini, AFP y Télam. 

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