Ya sin malas palabras, aunque todavía mantengo mi mente perversa". Dice que abandonó el tratamiento médico porque no soportaba los efectos colaterales. Y habla de la muerte de su amigo Juan Castro. "No hay que partir a la gente: Juan era el tierno de los ojitos verdes, pero también el de la cocaína…". Polémico, frontal, transgresor, irritante. Peña, tómelo o déjelo." /> «Dejé de tomar el cóctel contra el SIDA, sé que puedo morir… ¿Y?» – GENTE Online
 

"Dejé de tomar el cóctel contra el SIDA, sé que puedo morir… ¿Y?"

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El final. Fernando Peña sonríe y agradece la entrevista. "¿Fue suficiente?",
pregunta. Recoge los vasos y se dirige a la cocina. Dice que no es lo mismo un
p… que un gay. Y comienza a enumerar las diferencias. De pronto, detiene su
marcha, voltea y dispara:

-¿Conocés a mamá?
No espera respuestas. Busca en lo más alto de su biblioteca y regresa al jardín
con una caja plástica roja en sus manos. Ahora ensaya una suerte de
presentación:

-Ella es Malena: dentro de esta urna están las cenizas de mamá. Yo no sé si ella
hubiese elegido este color tan encendido… Jorge Lanata me regaló una urna de
madera con una placa de bronce. Lo tengo decidido: cuando tenga tiempo, la ayudo
a mamá con su mudanza…

El comienzo. De rutina: apretón de manos y beso en la mejilla. La casa de
Fernando Peña asoma detrás de un muro de cemento. "Es mi condena, el síndrome Sandro", dirá luego. Es un chalet de dos plantas, con un jardín poblado de
cactus, en el corazón de Martínez. Hay también dos caniches enanos y una perra
border collie. La planta baja reúne living, cocina y escritorio en un mismo
ambiente. Todo mantiene un orden perfecto. Una colección de juguetes en
miniatura, un sillón BKF, dos peceras (de agua fría y caliente) y un mueble con
más de mil CDs.

"Podemos sentarnos en el jardín", invita Peña. Inmediatamente después, advierte:
"No quiero que me transformen en un opinólogo de Juan Castro". María, su ama de
llaves, lo mima y se despide. "Empecemos cuando quieras, yo no tengo off the
record. Para mí no hay
'entre nosotros', sino siempre 'frente a todos'.
Y es por
eso que las empresas me tienen tanto miedo"
, asegura. Comienza la entrevista,
entonces.

-¿Las empresas le temen a usted o al COMFER, que ya lo ha multado más de 120
veces?
-El COMFER representa el miedo de Doña Rosa. Le cuida el intelecto, sus hijos…
Es raro, porque Doña Rosa va en extremos: ahora que murió Juan Castro dice:
"Pobre chico, se drogaba". Como Juan vivió una vida de m…, se convirtió en un
ídolo. "Pagó el precio", piensan. El argentino necesita que al otro le vaya mal,
que tenga un punto débil. En mi caso, lo que me puede salvar un poco, es el
SIDA. "Pobre chico, ¿cuánto le puede quedar de vida?", dicen de mí. Calculan
tres o cinco años, pero ni locas te dan diez años más. Igual, soy el más
condenable y el más odiado. Yo no tengo filtro, y eso es lo que le da pánico a
los empresarios. Un director del grupo CIE (dueños de la Rock & Pop y La Metro,
entre otras radios), me dijo: "Vos sos el más talentoso en la radio, pero yo no
te puedo contratar porque tengo hijos…".
¡Es muy feo! Estamos engendrando un
país de miedosos, asustados. Yo sólo digo mi verdad, que no es universal pero
espanta. Y mis características me convierten en una figura condenable: soy
narigón, pelado, de facciones fuertes, tengo SIDA, soy homosexual, tomo whisky,
me pinto una uña o dos, uso anillos… Pero lo que más los espanta es que, además,
tengo mis perros y cuido mis plantas. La gente es poco tolerante y no soporta la
combinación. Son mentes cerradas que necesitan un criminal o un cura.

-Sin embargo, usted tiene miles de devotos que lo adoran ...
-Sí, y no los quiero tener más. Ya no salgo a la calle y para elegir casa miro
primero si tiene muro a la calle. ¡No sabés cómo lo entiendo a Sandro! Los fans
quieren a mis personajes La Mega, Palito… Y no al pobre Peña que no puede con su
vida. Mi sueño es vivir en una casa con un tronquito de 10 centímetros en el
frente. El resto, incluido el SIDA, es un detalle sin importancia. Es más, hace
un mes dejé de tomar el cóctel. Llamé a María José Rolón, que es mi infectóloga
del Grupo Huesped, y le dije: "No quiero más".

-¿Qué lo empujó a dejar el cóctel de drogas que sostiene su vida?
-No tengo más ganas. Me repercute en unas zonas muy horribles: me saca una panza
enorme, tengo vómitos, diarrea, hace cuatro años que no puedo dormir… El cóctel
no es pavada.

-¿Es consciente de …?
-(Interrumpe) Sí, me puedo morir. Pero para mí no es importante la vida y la
muerte, sino poder vivir sin pared. El fan es un ser horrible: no quiero tener
uno más en mi vida. Yo no quiero contribuir a la estupidez. Es probable que este
año gane más plata que nunca, casi 30 mil pesos por mes. ¿Y después qué? Igual
aparece uno de estos enfermos que me dice "Hablá como Palito", una persona que
no puede entender cómo yo convivo con mis cactus, mis perras, mi novio, mi
pornografía, mi cocaína y mi té con leche. No pueden. A mí sólo me sirve que la
gente me tome como soy y me quiera así. Si tratan de torcerme, sólo me van a
dejar más deforme. Yo no tuerzo a nadie. Me temen por mi hipertransparencia.

-Su hipertransparencia, como dice, puede ser interpretada, también, como
exhibicionismo. ¿Para qué contar respecto a su cocaína, sus amantes…?
-La gente es miedosa. Yo soy un artista y, como tal, tengo que contar lo que
vivo para que la gente entienda lo que escribo en mis obras de teatro, que son
autorreferenciales. Está lo patético y también lo divino. Yo tengo amigos que me
miran con un solo ojo y no pueden soportar mis zonas negras. Lo mismo le pasa a
Juan Castro: muchos no entienden que Juan era el tierno de los ojitos verdes,
pero también el de la cocaína… No hay que partir a la gente, no somos
identikits. Hay que comprender y respetar las decisiones del otro. Dejé de tomar
el cóctel y sé que puedo morir, ¿y?

-¿Qué reacción espera de los medios de comunicación luego de su muerte?
-Yo tengo todo escrito, ¿eh? Sé a quién se lo di y quién va a ir a los programas
de televisión con fotos y grabaciones. Lo escribí y grabé durante mi
quimioterapia. Ya tengo todo dicho, que yo viví como quería vivir y, aparte,
tengo momentos en los que me imagino lo que están diciendo y les refuto en vivo.
Les digo: "Fulano, cuidado con lo que estás diciendo. Sé que estás haciendo
plata conmigo, pero dejame hablar…
". Yo estoy muerto, feliz, y les pido que no
sean padres ni madres. Hagan sus puntos de rating, pero recuerden que yo me voy
a estar matando de risa. Preví eso porque no quiero una carnicería, como le está
pasando a Juan.

-¿Usted cree que la muerte de Castro era previsible?
-Me lastimó, pero no me sorprendió. Si me decías que Ronnie Arias se tiró, no lo
hubiera podido creer: si es una marica que nunca tomó más que un margarita. Pero
de Juan podía esperar algo así. Y duele, claro.

Fernando Peña prepara su regreso a la radio luego de un año y medio fuera del
aire. El martes 13 de abril desembarcará en la nueva KSK 103.5 junto a todos sus
personajes. Será desde El Parkímetro, un KláSiKo, de lunes a viernes de 10 a 13
horas.

-Evidentemente, Fernando, su programa está en línea con "la era K".
-Es verdad. La K de El Parkímetro tiene que ver con Kirchner. Me gusta cómo está
haciendo las cosas, habla como un hijo de vecino y parece sincero. Ahora vamos a
acatar las reglas del COMFER para que se den cuenta de lo estúpido que es todo
esto. Igual van a tener su merecido. No hay malas palabras, sino mentes
perversas. Y yo estoy orgulloso de mi mente perversa. Vuelve El Sepulturero, que
lee los obituarios de La Nación. ¡Pensar que ésa es una de las secciones que más
problemas me trajo en la radio!

-Otra vez la muerte merodeando esta entrevista…
-Yo hago humor negro y lo disfruto muchísimo. El mío es más bien azabache… Si
hubiese tenido un programa cuando murió Juan, también me hubiese burlado de su
muerte. Y Juan lo hubiese entendido, porque le gustaba mi humor. ¿O hubiese
preferido que me ponga una corbata negra como Chiche Gelblung? Y el día que yo
me muera pretendo lo mismo, que se rían. Al que salga con algo poco ingenioso,
como Freddy Mercury, lo mato. Que griten: "¡Se murió el p…!". Y si no lo hacen,
cuando los encuentre en el más allá, los vuelvo a matar.

Peña junto a uno de los cactus que pueblan su jardín. La gente no tolera la combinación: soy homosexual, tomo cocaína, tengo mi alcohol, pero también cuido de mis animales, mis cactus y tejo crochet", dispara.">

Peña junto a uno de los cactus que pueblan su jardín. "La gente no tolera la combinación: soy homosexual, tomo cocaína, tengo mi alcohol, pero también cuido de mis animales, mis cactus y tejo crochet", dispara.

Junto a Juan Castro, el RR.PP. Claudio Lanzetta (que murió asesinado hace más de dos años) y Ronnie Arias, en Punta del Este. El día que muera, no quiero que hagan conmigo una carnicería", asegura Peña.">

Junto a Juan Castro, el RR.PP. Claudio Lanzetta (que murió asesinado hace más de dos años) y Ronnie Arias, en Punta del Este. "El día que muera, no quiero que hagan conmigo una carnicería", asegura Peña.

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