“Debo ser una de las mujeres que menos veces entró a la Rosada”. – GENTE Online
 

“Debo ser una de las mujeres que menos veces entró a la Rosada”.

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Miércoles 26, diez de la mañana. El día arranca en “el corazón de la casa”, como ella llama al living-comedor del segundo piso de la calle Anchorena al 600, pleno barrio del Abasto. Allí, en una mesa gigantesca, giran las páginas de todos los diarios y revistas del país. Y van pasando, comentarios de por medio, de las manos de Karina Rabolini a las de Lorena Scioli, esposa e hija del vicepresidente de la Nación.

Envuelta en una bata de toalla marrón, entre sorbo y sorbo de café, la Segunda Dama deja escapar algunos comentarios en voz alta: “Qué increíble está Andrea del Boca en GENTE. ¿Por qué no fue tapa Cristina Kirchner? Ella salió muy bien en las fotos también... La que es una diosa total es Isabel Menditeguy, la mujer de Macri. ¿No le notás un aire a Penélope Cruz…? Menos mal que no fui a los premios MTV. Me habían invitado… ¡Qué desastre el huracán, por Dios...! Lore, ¿hablaste con tu amiga de Miami? ¿Cómo está…? Hoy es una ventaja vivir en el Sur, estar tan lejos de esos desastres naturales… Y ahora viene Bush. Creo que todos los argentinos podemos colaborar para que su visita sea pacífica. No es sólo responsabilidad de la gente de seguridad…”

–¿Te animás a opinar de política?
–No, no. Me gusta estar informada, pero nada más. Yo no soy política, soy empresaria. Mi función dentro del Gobierno es estrictamente protocolar: acompaño a mi marido como la mujer del vicepresidente y punto. Públicamente no opino.

–¿Y de entrecasa?
–En casa, sí, claro. Hasta discuto con Daniel de muchos temas. En general, estamos de acuerdo en todo. Pero cuando disentimos en algunas cosas, me hago escuchar. Eso, obviamente, no significa que después me haga caso. Pero, al menos, le digo lo que pienso…

–¿Te ofrecieron cargos públicos alguna vez?
–No, nunca… Las ambiciones son buenas, siempre y cuando no superen tu inteligencia. Y la inteligencia pasa por conocer las limitaciones y la capacidad de uno, creo yo.

–¿Entonces?
–Aporto mi humilde grano de arena en este país desde otro lugar, desde mi empresa de cosmética. Digo: ¿para qué meterme en un terreno que desconozco? Por ahora, con Daniel en la vicepresidencia ya hay suficiente política en esta casa. ¿No te parece?

–¿Cómo te llevás con la mujer del Presidente?
–¿Con Cristina? La veo y la trato mucho menos de lo que la gente se imagina. Por mi parte, la respeto muchísimo. Creo que es una mujer admirable, con muchos valores. Pero tengo muy poco en común con ella. Somos bien distintas.

–¿A quién votaste el domingo?
–¿El voto no era secreto…? Hacéme hablar de lo que sé, de lo que me gusta. Prefiero no navegar en esos temas. Mi perfil está en otro lado. Te repito: acompaño a Daniel como su esposa y ésa, hoy por hoy, es mi única función en la política.

–¿Lo visitás en Casa de Gobierno?
–Debo ser una de las mujeres que menos veces entró a la Casa Rosada. Desde que asumió en el 2003, habré ido una o dos veces a buscarlo, para ir de ahí a algún evento. Nuestros trabajos están bien diferenciados: él tiene su función fuera de casa y yo trabajo acá, en mis oficinas.

–Recién se te veía muy compinche de Lorena, su hija. ¿Podés definir la relación que tenés con ella?
–No es mi hija, no es mi hermana, no es mi amiga, pero tengo un lazo muy fuerte de amor, de comunicación, de confianza, de respeto. Hace años ya que vive acá, con nosotros, y cada una logró naturalmente ocupar su lugar en la casa. Nunca pasamos por un conflicto. Las dos nos aceptamos y convivimos con mucha armonía. Hoy, nada nos gusta más que tirarnos juntas en la cama a ver una película. La verdad, en este momento me siento muy feliz. Soy una mujer casi plena, te diría…

–¿Por qué el “casi”? ¿Qué te falta?
–(Piensa)…Un hijo. Pero, la verdad, no tengo muchas ganas ya de hablar de eso. No es que me moleste el tema… Me duele. Hace tiempo que estamos buscando el bebé y no viene. Uno en la vida tiene muchos casilleros: el del trabajo, el del matrimonio, el de la familia, el de tus amigos, el de tus hijos. Yo estoy muy conforme con todos mis casilleros, pero me falta ése: el de los hijos está incompleto, y ese cariño no se compara con ningún otro. Pero cambiemos de tema, porque me entristece.

–¿Lograste romper con el mito de que los perfumes nacionales no duran?
–Hay una enorme confusión: muchos creen que si el perfume dura más es bueno, y la duración de la fragancia no es sinónimo de calidad. Eso sólo depende de la combinación de notas que uses y de la composición de la piel que tenga la persona que lo lleve. Nosotros usamos lo mejor: nuestras rosas son francesas, las bergamotas de Sicilia, los perfumistas europeos… Acá, delineamos el tipo de fragancia que queremos lanzar y después dejo todo en manos de mis artistas, los perfumistas. Yo comparo los perfumes con los cuadros. Para mí, el olfato es un sentido tan importante como la vista, y te puedo asegurar que la marca Karina Rabolini cuenta con los “Miguel Angel” de la perfumería.

–¿Qué base le das a tu paleta entonces?
–Desde siempre me gustó el ciprés, que combina tres notas distintas: el musgo, la madera y el pachuli. Mis tres perfumes femeninos tienen la misma base, aunque sus fragancias sean bien distintas. Y este año, Trap y Press –que es mi fragancia masculina– resultaron finalistas del Prêmio Atualidade Cosmética, que es como el Oscar en la perfumería brasileña. Eso nos posicionó muy bien dentro del mercado latinoamericano y nos llenó de orgullo. En este momento estamos exportando todos nuestros productos a Ecuador, Bolivia, Paraguay, Perú y vamos a llegar también a Uruguay dentro de muy poquito.

–¿Cuántas horas le dedicás a esto?
–Muchísimas, la mayoría. Además, mi agenda cambia todos los días, porque también dependo de la agenda de mi marido. Ahora me pasan cosas insólitas: el otro día venía de Ecuador –adonde fui a presentar la marca, y aproveché el Fashion Week para lanzar también las fragancias sobre la pasarela– y tuve que cambiarme en el baño del aeropuerto y maquillarme en el auto, porque Daniel me esperaba para ir a un casamiento. Por suerte no estoy sola en esto. Trabajo con gente de mi absoluta confianza, pero no puedo descuidar ningún detalle: la marca lleva mi nombre y por ende, frente a cualquier éxito o fracaso, el primer impacto me llega a mí.

–¿Te hacés tiempo para vos?
–Si hay algo que añoro en este momento es el tiempo libre. Dos veces por semana viene una profesora de Pilates a casa, y no hay vez que no le cambie el día o el horario. Pero desde que acompaño a Daniel, hace ya veinte años, vivo de esta manera. El es así, haga lo que haga. Vive acelerado y no me quedó otra que aprender a seguirle el ritmo. Es un poco tarde ya para hacerle algún reclamo. No voy a pretender que cambie… (risas). Daniel fue mi mejor escuela en el trabajo, porque deja la vida en todo lo que emprende. Nunca mide el esfuerzo que le van a costar las cosas. Nada le parece imposible.

–Lo admirás…
–¡Y cuánto! Dicen que te tenés que separar para conocer a tu pareja. Daniel y yo estuvimos distanciados cuatro años. Por eso te lo digo: es incondicional. Aun durante ese tiempo, yo sabía que podía contar con él para todo. Como mujer siempre me hizo sentir muy segura, amparada, protegida.

Es de las pocas damas argentinas que, conviviendo con el poder, conserva su apellido de soltera y no se desvela por los cargos públicos. La mujer del vicepresidente tiene sello y estilo propio: hoy Karina Rabolini es sinónimo de belleza y discreción.

Es de las pocas damas argentinas que, conviviendo con el poder, conserva su apellido de soltera y no se desvela por los cargos públicos. La mujer del vicepresidente tiene sello y estilo propio: hoy Karina Rabolini es sinónimo de belleza y discreción.

“<i>Dicen que te tenés que separar para conocer a tu pareja. Daniel y yo estuvimos distanciados cuatro años, por eso te lo digo: es incondicional. Aun durante  ese tiempo yo sabía que podía contar con él para todo</i>”

Dicen que te tenés que separar para conocer a tu pareja. Daniel y yo estuvimos distanciados cuatro años, por eso te lo digo: es incondicional. Aun durante ese tiempo yo sabía que podía contar con él para todo

“<i>No hago política, pero aporto mi humilde grano de arena en este país desde otro lugar, desde mi empresa de cosmética. Por ahora, con Daniel ya hay suficiente política en esta casa. ¿No te parece?</i>”

No hago política, pero aporto mi humilde grano de arena en este país desde otro lugar, desde mi empresa de cosmética. Por ahora, con Daniel ya hay suficiente política en esta casa. ¿No te parece?

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