“De pibe elegí ser actor para viajar por el mundo y tener muchas chicas” – GENTE Online
 

“De pibe elegí ser actor para viajar por el mundo y tener muchas chicas”

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Baja del auto en jeans, remera negra sin mangas, pelo mojado y lentes oscuros. Abre la puerta de un maxikiosco, asoma medio cuerpo y dice: “No quiero una barrita de cereal de manzana; mejor una con chocolate”. Con eso basta: lo reconocen. Adrián Navarro (39) aparece y su alrededor lo nota. “¡Es el actor! Quiero un autógrafo. Mi mujer muere por él”, dice un marido resignado ante la admiración que despierta.

En el papel de Dante Mansilla, se mostró en Vidas robadas como un villano que osciló en su ambigüedad, transitando todos los matices existentes entre la crueldad más feroz y la ternura más pura. Raro abanico que produjo una atracción fuertemente perceptible entre el público femenino, al que conquistó. Sus fanáticas aullaron por él desde las plateas del teatro Opera en el episodio final de la telenovela. Ahora, para él, algunas tareas comunes de los seres ordinarios se tornan difíciles. Preguntar cómo llegar a una calle en un barrio desconocido o caminar por la vereda sin que antes le pidan un beso, una foto o un autógrafo, es imposible.

Hace calor en Buenos Aires. La sensación térmica asciende hasta superar las máximas registradas para el mes de noviembre. GENTE es testigo de un fenómeno no climático que contribuyó a subir la temperatura: Adrián Navarro anda suelto por la calle. Curioso síntoma el que genera. Acaba de ser descubierto como galán y dice: “Todo llega y todo pasa. Necesito seguir con los pies sobre la tierra”.

–¿Dónde creciste, Navarro?
–Hasta los siete años viví en La Matanza, en el barrio Oro Verde. Vengo de una familia de laburantes. Soy el hijo mayor de una mamá ama de casa y de un papá chofer de larga distancia. Tengo dos hermanos: el menor tiene 20 años y mi hermana, 32.

–¿Qué recuerdo tenés de esa edad?
–Mi papá coleccionaba la revista El Gráfico. En casa tenía muchas. Creo que tendría 6 años cuando las agarré y salí a venderlas por el barrio. Le vendí a Don Bruno, el almacenero, a Omar, el carnicero; los recuerdo perfectamente. Cuando mi viejo llegó de viaje y vio que faltaban, me hizo recorrer todos los lugares para devolver el dinero y recuperar las revistas.

–¿Cuándo fue la primera vez que ganaste dinero y no debiste devolverlo?
–Siempre fui busca. A los 16 vivía en Laferrere y cortaba el pasto de los vecinos por chirolas. Luego fui vendedor ambulante de ositos de peluche en un semáforo en San Miguel.

–¿El galán vendiendo ositos de peluche? Si ahora voy con vos a una esquina me hago millonaria…
–¡Ja, ja! Un amigo siempre me dice: “Le ponemos tu cara a un osito de peluche y salimos a venderlo”.

–¿Le pondrías tu cara a un osito?
–No, no. De ninguna manera. En realidad, mi cara no la pondría nunca. Pongo el hombro. Poner el hombro hace que las cosas funcionen mejor.

–¿Cómo te convertiste en actor?
–Empecé a estudiar teatro a los 14 años. Ya entonces me generaba un hormigueo especial en el cuerpo. Claramente, fue muy fuerte el placer de preparar una escena, actuar, estar arriba del escenario. Como a todo pibe, se me ocurrió ser actor para viajar por el mundo y tener muchas chicas.

–¿Cuándo pasó a ser una profesión?
–A los 34, con ¡Ay, Juancito! Cuando pude pagar la luz, el gas y la comida. Antes había hecho bolos por todos lados, y vi plata por primera vez con la obra La pecera, con la que viajé a España.

–¿Y hasta esa edad de qué viviste?
–Fui taxista, remisero, mozo y fotógrafo. Con un amigo, les sacábamos fotos a los chicos en la calesita del parque Centenario. Compramos un solo lente y ni sabíamos cómo poner el rollo. Las vendíamos a doce pesos. No voy a decir que viví de la fotografía porque no es cierto, pero vendí muchas fotos.

–¿Todavía estabas en la casa de tus viejos?
–No. A los 19 años me fui a Bariloche detrás de una chica, de una ilusión. Iba tras lo que se me ocurría. En realidad estaba buscando mi vida: la chica sumó otra excusa. Estudiaba Arquitectura sin desearlo y ya estaba necesitando lo que hoy tengo.

–¿Cómo es tu vida hoy?
–La que soñé. Hago lo que quiero, trabajo de lo que amo y tengo la familia que siempre deseé. Estoy en pareja desde hace diez años con Flor (35) y tengo dos hijos: Facundo (8) y Violeta (3); tal vez tendría más hijos.

–¿Cuándo echaste raíces? ¿Con el encuentro con tu mujer?
–Sin dudas. Mi familia tiene mucho que ver. Ha sido mi apoyo, siempre. Un día llegué a mi casa y le dije a Flor: “Voy a renunciar al trabajo. Quiero ser actor, y si a los 35 no estoy trabajando de esto como debe ser, vemos qué hacemos”. Era mozo en El Social Paraíso, en Palermo, y a los tres meses me eligieron para ¡Ay, Juancito!

–¿Cómo lo conseguiste?
–En una primera entrevista no entusiasmé nada a Héctor Olivera, el director. Con una foto de Juan Duarte me fui a una peluquería, me corté el pelo, me saqué la barba, me dejé bigote finito y encaré la vida así. Calcé zapatos y anduve de traje prestado veinte días, preparando el personaje. Fui en ganador: a hacer la película, no el casting. Hice las diez escenas y salí con fiebre, pero llegué a casa convencido de que era para mí.

–¿Y cómo saltaste de ¡Ay, Juancito! al galán por el que las adolescentes enloquecen?
–Decidí no hacer más bolos. Si me llamaban para menos de 20 capítulos, mi respuesta era “no”. El primer personaje con continuidad que hice fue en Culpable de este amor. Luego llegó Doble vida, Montecristo y Vidas robadas.

–¿Te sorprendió la reacción del público en el Opera?
–Sí. El resultado es acumulativo, no es sólo este personaje. Vidas robadas terminó de mostrarme como actor, pero vengo sumando desde hace tiempo. Siempre puse el hombro al laburo y todo esto es un reconocimiento a tanto trabajo.

–¿Vas a protagonizar el año que viene en Telefe?
–Espero que sí.

–¿Pesa el título de galán?
–No voy a renegar de él. Me divierte que digan que soy el nuevo galán. Para mí significa que voy a seguir trabajando, y con trabajo estoy contento. Fue vendedor ambulante, taxista, remisero, fotógrafo y vivió en Bariloche haciendo videos de egresados. Está casado con Florencia (35) y tiene dos hijos: Facundo (8) y Violeta (3).

Fue vendedor ambulante, taxista, remisero, fotógrafo y vivió en Bariloche haciendo videos de egresados. Está casado con Florencia (35) y tiene dos hijos: Facundo (8) y Violeta (3).

“Un día llegué a casa y le dije a mi mujer: ‘Voy a renunciar al trabajo. Quiero ser actor, y si a los 35 no estoy trabajando de esto como debe ser, vemos qué hacemos’. Entonces era mozo en un restaurante en Palermo”

“Un día llegué a casa y le dije a mi mujer: ‘Voy a renunciar al trabajo. Quiero ser actor, y si a los 35 no estoy trabajando de esto como debe ser, vemos qué hacemos’. Entonces era mozo en un restaurante en Palermo”

“Vidas robadas terminó de mostrarme como actor, pero vengo sumando desde hace tiempo

“Vidas robadas terminó de mostrarme como actor, pero vengo sumando desde hace tiempo".

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