«De mi vida privada no hablo más» – GENTE Online
 

"De mi vida privada no hablo más"

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El martes 17 las hadas no acompañaban a Susana. Ella no lo sabía, de otra
manera no hubiera tecleado otra vez ese número tan conocido por ella. Del otro
lado no le dieron la razón. La pusieron frente a un espejo en el que no quería
mirarse y después de muchísimos años supo que, últimamente, ya no arreglaba
peleas abusando de su ángel. Solo le quedaba un camino: exigir que un camión de
mudanzas se llevara las últimas pertenencias de Jorge Rodríguez que quedaban en
la casa de la calle Dardo Rocha en Barrio Parque. No era una vulgar mudanza, era
la última. El pedido más importante que la diva hizo antes del regreso más
solitario que se le conozca. El viernes 20, Su aterrizó en Buenos Aires a las
10.30 de la mañana después de unas largas vacaciones en Fisher Island. La trajo
el vuelo 855 de United Airlines desde Miami. En Ezeiza hicieron una excepción
digna de jefe de estado, dejaron que su Mercedes Benz con su chofer al volante
llegara hasta la puerta misma del Boeing 747 para llevarla, sin escalas, a su
casa. El alegrón mayor fue el reencuentro con Jazmín, su yorkshire macho que, en
enero, fue papá. Como tantas veces en los últimos años la esperaban flores
amarillas, pero el remitente no era el esperado. Las habían enviado los
directores de medias Silvana, uno de sus sponsors. Se encerró en su suite a
descansar y se despertó al atardecer para pedalear durante cuarenta minutos en
su bicicleta fija.

Patricio Giménez, su hermano, fue la única visita en su primer día en la
Argentina. Esa noche se dedicó a hacer la lista de invitados a la comida íntima
que ofrecerá esta semana para reencontrarse con sus amigas.

El sábado se despertó temprano, llenó un bolso Louis Vuitton de ropa y, a las
once y media de la mañana, la pasó a buscar su yerno Eduardo Celasco. Fueron
directo al aeropuerto de Don Torcuato y, en un vuelo privado a Carmelo, donde su
hija, Mecha Sarrabayrouse, tiene una casa frente al río. Pasó el fin de semana
en familia, con sus adorados nietos, Lucía y Manuel. La casa de su hija está en
un exclusivo country, pegado al lujoso Four Seasons de Carmelo, a 20 minutos en
avión desde Buenos Aires y a 320 kilómetros de Punta del Este. La casa en forma
de "L", tiene un ala de huéspedes, especialmente preparada para recibir a
Susana. Como la casa principal, está pintada de verde manzana, rosa y celeste y
las separa una pileta. El interior, decorado por Gloria César, tiene detalles
dignos de diva: un gran tocador antiguo, una confortable cama king size y
privacidad absoluta. Volvió a Buenos Aires el domingo a las 18. "Pasé un fin de
semana tranquilo y en familia. De mi vida privada no hablo más",
dijo a la
prensa antes de subirse al avión. Llegó a tiempo para ver a su ex novio en el
programa de Luis Majul. El dijo que la admiraba, la respetaba y la amaba. Por
las dudas, ella encaró lo único que la distrae: el trabajo. El lunes 23 se
reunió con su productor Luis Cella y Claudio Villarruel, gerente de programación
de Telefé y decidieron que su programa empezará en abril.

Jorge Rodríguez. JR también voló en un avión privado. También salió desde Don
Torcuato, solo que al Centurión de cuatro plazas que lo trasladó, lo piloteó él
mismo. Tocó tierra en Punta del Este a las 18.30 del viernes y partió a Yellow
Rose donde lo esperaban sus hermanas Adriana y Viviana, esta última vive en los
Estados Unidos y se quedó a descansar después de su llegada de urgencia cuando
secuestraron a Ernesto Rodríguez. Los hermanos se pusieron al día, comieron el
típico asado familiar en el deck a pesar del tiempo que parecía más otoñal que
veraniego. Afuera la temperatura bordeaba los diez grados y estaban de jeans,
botas y suéteres. Pero el look de Jorge tenía un detalle top: un gorro de lana,
Coast Choppers, que le regaló su amigo Jesse James, un armador de motos de Los
Angeles.

Lo demás fueron charlas con sus hermanas, más comida casera y café con amigos en
La Barra. El sábado hizo un viaje mágico que a él lo energiza y le da mucho
placer: fue desde Punta del Este hasta Minas en su rodado preferido: una Harley
Davidson que él mismo customizó, como suelen decir los motoqueros. Sobre un
motor de Harley, él diseñó y eligió otras piezas, como ser una horquilla más
larga y con nombre propio, Solorider sur Choppers. En esos noventa kilómetros de
vértigo, intimidad y viento, liberó tensiones y dejó volar su imaginación. En
este viaje, le aseguró a un íntimo amigo que no hizo ningún llamado telefónico a
las mujeres con las que su nombre va unido en estos días. Tampoco recibió
llamados de ellas, ni de la rubia ni de la morocha. La rubia estaba a 320
kilómetros. La morocha, muy cerca, y en algunos momentos, a escasos metros.

Con bastante pena y mucho más temprano de lo que le hubiera gustado dejar el mar
volvió a Buenos Aires, al mando del Centurión que lo había llevado. Se había
comprometido con Majul para un reportaje en La Cornisa. Después de explayarse
sobre el secuestro de su padre llegó el momento de hablar de Susana. Y él habló
de respeto, de cariño y del tiempo que pasaron juntos y dijo que la amaba. Pero
concluyó: "Estamos ahí… cada uno por su lado".

Sol Bunge. El viernes 20, cuando la tarde caía sobre Buenos Aires llegó a
Aeroparque y embarcó en el vuelo 1234 de Aerolíneas Argentinas. Entre sus
compañeros de viaje: Marcos Gastaldi, Jorge Anzorreguy y su mujer Silvia Moliné
O`Connor, Gloria Zabaleta y el Public Relations Gerard Confalonieri. La valija
que despachó, enorme, una señal inequívoca: se fue al Este para sacarse el
estresazo de tanta exposición pública. Cuando el avión ya estaba en su altura de
crucero un conocido le preguntó con tono intrigante: "¿Te vas porque llegó
Susana?"
y Sol, ensayó cara de asombro y largó: "¿Llegó? No tenía ni idea".
Todos cruzaron sonrisas incrédulas.

Cuando la nave tocó tierra, en Laguna del Sauce llovía a cántaros. Sol recuperó
su equipaje y se fue en taxi hasta el departamento de su padre, Hernán Bunge, en
el edificio Delfín. A las nueve y media de la noche, con campera y montada en
una Vespa partió veloz a comprar comida. En la casa no había nadie y la
heladera, vacía. Volvió con provisiones y no se supo más de ella. Se fue a
dormir. ¿Sola?

El sábado temprano, Sol abandonó el departamento de La Brava, cargó la valija en
una camioneta Nissan con patente uruguaya y salió rumbo a la casa que alquiló su
hermano, Javier Bunge (34), en La Barra. Se instaló con él, su mujer,
Violeta Márques Alvarez de Toledo y sus hijas, Clara e Isabel.

A la tarde fue al bar Rex. El domingo trabajó de tía, con sus sobrinas, y se
bañó en la zona de la Posta del Cangrejo. Tomó sol con un bikini animal print,
digno de una diva, y paseó su cuerpo (mucho más estilizado que hace unos años,
según sus amigas del colegio), increíble.

Confesó en la playa, por el momento, no está trabajando pero su proyecto es
exportar velas, tejidos y otros productos autóctonos a Los Angeles, lugar en el
que vivió. ¿Sólo en eso estará pensando en estos días en el Este?

Con su fiel Jazmín bajó de un avión privado en Carmelo el sábado al mediodía. No habló con su ex. Desde el martes 17, están más distanciados que nunca. Las íntimas de Su aseguran que está muy deprimida.

Con su fiel Jazmín bajó de un avión privado en Carmelo el sábado al mediodía. No habló con su ex. Desde el martes 17, están más distanciados que nunca. Las íntimas de Su aseguran que está muy deprimida.

Sol Bunge, flaquísima y divina, tomó sol con un bikini animal print en La Barra.

Sol Bunge, flaquísima y divina, tomó sol con un bikini animal print en La Barra.

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