«De Macho bus no tengo nada, porque me da vergüenza» – GENTE Online
 

"De Macho bus no tengo nada, porque me da vergüenza"

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Vestido de negro. Muy flaco. Sonrisa amplia. Un té porque tiene frío. El jardín lleno de hojas amarillas. Se divierte con las fotos con botas tejanas, remera ajustada
y un bajo. Se lo nota feliz cuando sus cinco hijos se abrazan. Mira a Florencia Raggi (divina, con Francisco, de dos meses, en brazos) con cara de hombre enamorado. Este es su mundo. Un mundo en el que conviven el hombre de 44 años por el que las mujeres suspiran, el papá de la familia numerosa que logró integrar a hijos de tres matrimonios como si fueran una sola tribu, el marido de una diosa a la que ama después de seis años más que el primer día y el productor exitoso de la tele. Pero él toma un té muy tranquilo. Y acomoda su largo cuerpo en el sillón para hablar -sin mirar el reloj ni una sola vez- de lo único que no se puede ver: lo que guarda en su corazón. Nicolás Repetto en este instante, más que nunca, es solamente

Nico

-¿Cuánto de Macho bus tenés?

-Muy poco. Soy vergonzoso. Si me beneficiara en algo, bien. Pero desde joven me dio por hacer más el payaso. Nunca la agarré para el lado del langa.

-¿Y qué pasa con el espejo, te gusta lo que ves?

-Lo que a todos: hay días que te ves bien y otros decís: "¡Dios mío, qué cara!". Pero estoy conforme con lo que veo. Siempre tuve suerte: pude estar flaco; aunque no haga bien un deporte -por ejemplo, fútbol-, ya que soy maleta, juego igual desde hace cinco años; estoy en estado físico; puedo correr. Ahora Flor me llevó a hacer gimnasia (ella empezó post parto y le hago la gamba), y le doy a los fierros por primera vez en mi vida. 

-¿No la jugás ni un poquito de galán?
-No, ni un poquito. No siento que lo mío sea por ahí. Y mucho menos ahora. Si no lo fue a los 20 no lo voy a hacer con 44 pirulos. Ya soy un señor grande.

-¿Te pegó llegar a los 40?

-¿Me pegóooo?(duda) Sí, claro. Pero no mal. Me divierten las etapas de la vida . Soy muy cíclico y de ciclos más bien cortos. Mi peor enemigo es el aburrimiento, entonces hice mucho en la vida. Ahora, con los años, intento que los ciclos se me alarguen y no seguir consumiendo vorazmente todo lo que se me pone en el camino. A los 40, las ansiedades están más aplacadas y algunos objetivos conseguidos, entonces te agarra un poco de pachorra.

-¿Y cómo es la pachorra?

-Es cómoda, porque no te sentís en el frente de combate, con tantas ansiedades que no pasan por lo material, sino por hacer lo que te satisfaga, porque si no sentís que la vida se te escapa. Yo, en ese sentido, estoy medio pipón. Los 40 me relajan. Hoy me siento cómodo, canto las hurras y si puedo conservar lo que tengo, bárbaro. Y si me quedo con la mitad, también firmo.

-En pocas palabras: estás hecho.
-No te diría que estoy hecho, porque uno tiene que seguir combatiendo siempre. Pero no es como cuando hacía tres programas de tele diarios, y construía una casa en Maschwitz. Entonces, iba y venía tres veces por día por la Panamericana vieja, a mil en un Renault 18 que se me desarmaba. Además estaba haciendo una obra de teatro con musicales y debía aprender a bailar. Una locura, pero estaba feliz. Hoy, el vértigo es conservar lo que conseguí. 

-Una nueva adrenalina. 
-Una adrenalina distinta. Me entretengo mirando a Nico de 20 como no me entretenía mirarlo cuando era un bebé. Y hoy me entretiene Francisco que tiene dos meses. Me agarraron necesidades y urgencias diferentes. Cuando arranqué, era muy chico. Y cuando mis primeros hijos eran chiquititos, yo también lo era, tenía ganas de salir corriendo porque me quería subir a una tabla de windsurf, a una moto, o ver a mis amigos. Hoy disfruto más, porque lo que tengo es lo que me gusta. 

-Y cuando eras joven, nada te alcanzaba.
-Nada nunca alcanzaba, era como que tenía que ir apilando. Sentía que tenía un agujero gigante, sin fondo, donde iba tirando cosas, y lo que tiraba se iba consumiendo, se iba para el fondo. Nada lo llenaba, nada terminaba de dejarme pipón y era una carrera de locos. Pero eso me ayudó: era mi motor. 
-¿Cuándo descubriste a tus hijos después de tanta carrera?
-Con Nico y Vale (hijos de su primer matrimonio) la relación fue de grandes. Porque yo viví afuera, en Brasil, y no volví por un año y medio. Cuando me fui eran muy chicos, desconexión… plumm. Mi manera de relacionarme con ellos era muy naïve. Yo vivía en Troncoso, un pueblito en el medio de la selva, y les mandaba dibujitos de culebritas y palmeras, como para decir: " Che, hay un padre que existe", pero en la práctica era un padre ausente, no estaba.

-¿Te perdonás algunos errores de juventud?
-Acepto y perdono las cosas que no hice correctas, porque yo apoliyo a la noche, no siento que soy un mal bicho ni me carcome la culpa… Cero, no me pasa eso. ¿Hice pavadas? Un montón. ¿Cosas que volvería a hacer? Y… probablemente, porque si no no sería yo. Ahora lo que intento es que disfrutemos de estar juntos, aunque algunas partes fueron espinosas.

-¿Quién pagaba más cuando vos cambiabas el rumbo: vos o quien en ese momento era tu copiloto?
-Pagábamos a medias. Nunca hubo una situación en mi vida en que pagó solo el otro. No es que yo iba pegando saltos y me iba salvando y los que sufrían eran los demás. Yo también la pasé mal. 

-Y con todo eso, ¿a vos cómo te llega el dolor?
-Como a todos. Depende de donde me agarra. Si me da un calambre en el medio del mar, sigo nadando. Y me pasé la mayor parte de mi infancia, toda la adolescencia y hasta no hace tanto, nadando, nadando, nadando. Porque si no nadaba, me quedaba. Entonces el deber, el dolor, la culpa los acomodaba como podía en una mochilita y seguía para adelante. No me podía dar el lujo de frenar ni deprimirme. Hoy quizá sí puedo deprimirme una semana.

-Fuiste papá muy chico y no te dabas cuenta de que podías disfrutar de mirar crecer a tu bebé. Hoy lo sabés. ¿Qué te pasa con lo que perdiste?
-Mirá, a lo mejor yo precisaba que se me generaran ciertos órganos que no tenía para aprender a disfrutar, ¿entendés? Entonces lo que hice fue responder muy sinceramente a mis instintos. Nunca hice cosas porque se suponía que tenían que ser de una manera. Viví una infancia muy saltimbanqui, fui a 12 colegios distintos, mi madre se separó y se casó varias veces, fui pupilo, viví con papá y su señora de toda la vida. Me crié dando saltos.

-Con esos cambios, ¿te privabas de dar afecto por miedo a perderlo?
-Puede ser… puede ser. Pero vos me estás analizando… ¿Y sabés qué? Creo que eso no se me va a corregir nunca: sentir miedo de que lo que tengo deje de estar. Con Florencia, por ejemplo, siempre jorobamos con lo mismo. Como no estamos casados, decimos: "Hagamos el compromiso y vayamos por los primeros veinte años". Pero nosotros apostamos, y si nos gusta y la pasamos bien, dentro de veinte nos volvemos a sentar a la mesa y renovamos el compromiso: "Ahora vamos por cinco más o por diez". 

-Pero te casaste tres veces. En definitiva, estás buscando establecerte.
-Seguramente, si vamos a hacer análisis, estoy buscando desde siempre mi hogar perdido desde los dos años, cuando mis padres se separaron. Ahora siento que lo encontré, que ya no necesito seguir buscando. 

-Cuando elegiste a Florencia ya no eras el saltimbanqui ...
-Siempre le digo a Flor que tiene el mejor tipo que fui en mi vida. ¿Cuán egoísta era? Más. ¿Torpe? Más. De todo era más. Uno aprende y mejora.

-¿Te das hoy más lugar para el romanticismo y para pensar en el otro?
-Soy menos egoísta. Estoy menos urgido por necesidades personales. Antes mi proyecto era lo primero. Y agárrense de la parte de atrás del saco los que quieran venir conmigo, porque voy a 200 kilómetros por hora tras un objetivo. Y como encima sentía que no tenía demasiado changüí y que nada me había tocado demasiado fácil, me lo justificaba más. Decía: me mato laburando, así que córranse o les paso por arriba. Esa actitud cambió.

-¿Cómo manejás la situación de los tuyos, los míos y los nuestros?
-Siempre traté de que se formara algo fuerte, no como un clan familiar -porque se ve que en mi matriz no tengo esa imagen instalada-, pero sí que todos se relacionen, y que estén cruzados, para que no sean distintas tribus que tienen un padre común. Lo logré. Y me hace feliz.

-¿Fuiste infiel?
-Nunca hubo un tercero en discordia. Si sos flojo de canilla, y bueno, qué remedio. Si no lo sos, si el olor de una mujer no te lleva de acá para allá -por supuesto que de soltero correteé como loco-, lo bueno es sentirse a full con alguien. Si estoy con Flor y me gusta, ¿cómo hace otra para empatar lo que tengo con ella? No caigo en tentaciones porque estoy muy enganchado, apasionado y prendido con mi mujer como para poner en juego todo esto.

-Después de separarte, ¿disfrutabas de tu soltería o sufrías como loco? 
-Cuando había que soltar, solté. No es un acto heroico, pero hay que tener cierta valentía para desprenderse, cargar con las culpas, hacer la valija, sentirse vacío por lo menos todo un año. Eso me pasó cuando fui a Miami. Vivía en una casa tremenda en la bahía, ahí tenía pileta, y un muelle, y una lancha, y un Porsche. Era Don Johnson en los Estados Unidos. Tenía todo, pero fue un año donde no salí ni la décima parte con nadie. Estaba todo el día solo, debo de haber caminado por las piedritas de alrededor de la pileta unos dos mil kilómetros, me la pasé encerrado, porque estaba deprimido, mal. El vacío de haber salido de una pareja, de sentir que ese amor ya no era, me pesaba. 

-¿Qué es la fama para vos?
-La fama es una cárcel. 

-¿Y cuánto te pesa la fama de antipático en un mundo de famosos?
-Me debe de pesar mucho. Pero a veces se agrandan las cosas. Porque después descubren que uno es casi humano… (se ríe). Claro que hay mucho plomo que no se arrima al pensar que soy mucho más ogro de lo que soy.

-¿Tenés fantasías sexuales inconfesables?
-No, son confesables en un momento y con determinada persona. La fantasía sexual debe ser lúdica siempre. El juego lo tienen hasta los animales. Después, podés tener juegos complicados, más santos, menos santos. Me gusta que los dos propongan en la pareja. A veces uno es el que tiene más ganas, y anda todo el día alzado por la casa correteando al otro, y luego se invierten los términos. 

-¿Cuánto aportó Florencia en la pareja? ¿Más que vos?
-Mucho, porque es una mina absolutamente decidida, con un carácter fuerte, con mucha personalidad, de mente adulta. Quiere las cosas, pero no de cualquier modo. Entonces, tiene muchos matices, y eso me divierte. Al igual que en el sexo, en la pareja tiramos juntos. 

-¿Qué es la plata para vos?
-La guita es libertad. Me gusta abrir la heladera, y que haya -suponete- dos chocolates. A mí una docena de chocolates no me sirven para nada porque no me los puedo morfar todos. No me interesa tener la heladera llena y mandar a comprar otra heladera para ver dónde guardo los nuevos chocolates que voy a salir a conseguir. Es una satisfacción poder decir "me compro el auto que se me da la gana", o viajar, y el colegio que puedo bancarlo, y tener una casa linda. De todas maneras, la riqueza siempre debe medirse: para el cajero del banco yo soy un tipo rico; para el gerente, un buen cliente; y para el dueño, laucha. No es para nada una prioridad en mi vida.

-Rescatá un momento en que fuiste muy feliz…
-Reconozco que cuando tengo a mis cinco hijos juntos me aparece una sonrisita. Es como que tenía platos chinos haciendo equilibrio por todos lados, un gran lío, y de golpe -aunque sea por un instante- siento que tengo todos los platos chinos girando al mismo tiempo. 

-¿Qué momento borrarías?
-Muchos, porque he tenido montones de momentos desoladores, de gran tristeza. Que me daba lo mismo todo. Que pensaba: "Si me muero, no me importa". No pensé en matarme nunca. Pero sí decía: "Hasta acá llegué, si me muero no es tan dramático porque en el universo no va a pasar nada". Fueron momentos de gran depresión. Pasaron.

-¿Qué sentís con respecto a la vejez?
-Nunca me imaginé muy viejo, me cuesta. Llegar a esa etapa en que te duele la cadera, no podés caminar y todo eso, es un obstáculo. 

-Florencia es 16 años más joven que vos, ¿te puede jorobar en algún momento la diferencia de edad?
-No, porque ella me hace sentir un par. Y al estar así con alguien que es tan joven, tan fresco, me hace bien. Pero todo el tiempo me estoy repitiendo: "Guarda que sos un veterano". Solo para hacérmelo acordar: "No creas que porque estás con Flor hace seis años, o porque sos amigo de tus hijos, o porque físicamente estás en estado, o porque te gusta andar en moto, sos un jovencito. Sos el tipo que tiene 44 años y batalló las batallas que batalló". Es una manera cómica de recordarme a mí mismo que soy un jovato como para ubicarme. Porque soy pragmático para no comerme ninguna que no sea real. No quiero morfarme un sueño, porque me voy a despertar. 

-Todo muy bien, pero a vos lo físico te importa. ¿Acaso no te hiciste un toquecito en la nariz porque querías gustar?
-¿Sabés por qué me lo hice? Pensé que si me quedaba trabajando en la tele, tenía que hacerlo con todas las armas. Empecé a sentir que me quedaba, y supe que no podía dar ventajas. Entonces me puse en forma: voy a ser el más guapo, el más inteligente, si hay que correr rápido me voy a entrenar. 

-Durante toda la charla te hiciste el distraído con respecto a que las mujeres te ven sexy. ¿Es falsa modestia?
-Me lo decís y me halaga. Pero a los 44 no me siento cómodo jugando al lindo. Si me ponés en una carrera con Tom Cruise, las minas me tiran de un codazo. En esa no me anoto, me gusta competir donde tengo chances. Lo mío no es la pinta, me muero de vergüenza, es como si te mostrara la cola. Tengo mi prurito. Se ve que me quedó algo de mi cosa de sanisidrense… Ja, ja, ja.
Juanita (12) con Renata (2) en brazos, Valeria (18), Nicolás (20), Francisco (2 meses). Nico (44) y Florencia (28). Desde hace seis años, los Repetto viven felices y juntos. Comparten una casa en las lomas de San Isidro que construyeron pensando hasta dónde ubicar cada ventana.

Juanita (12) con Renata (2) en brazos, Valeria (18), Nicolás (20), Francisco (2 meses). Nico (44) y Florencia (28). Desde hace seis años, los Repetto viven felices y juntos. Comparten una casa en las lomas de San Isidro que construyeron pensando hasta dónde ubicar cada ventana.

Nicolás dice: No me siento sexy. Si me ponen en una carrera con Tom Cruise, las mujeres me dan un codazo. En esa no me anoto, no compito. Solo corro cuando tengo chances. Pero me divierten la seducción y las fantasías. Yo la juego de simpaticón".">

Nicolás dice: "No me siento sexy. Si me ponen en una carrera con Tom Cruise, las mujeres me dan un codazo. En esa no me anoto, no compito. Solo corro cuando tengo chances. Pero me divierten la seducción y las fantasías. Yo la juego de simpaticón".

En su casa de las lomas de San Isidro, con botas tejanas o un traje de terciopelo que compró en un viaje y que jamás se animó a usar.

En su casa de las lomas de San Isidro, con botas tejanas o un traje de terciopelo que compró en un viaje y que jamás se animó a usar.

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