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"De la Rúa, o dio la orden por los sobornos, o sabía que se iban a producir"

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Hace sólo cuatro días que Mario Pontaquarto (41) regresó a su casa de General
Rodríguez. Desde su confesión sobre las coimas en el Senado, había estado
confinado en un lugar que prefiere no revelar. Hoy, domingo 11 de enero, en
cambio, puede caminar desde el garaje a la cocina, cruzar el living esquivando
sus dos perros Beagle, subir la escalera hasta la planta alta, pasar por su
dormitorio, subir otra pequeña escalera y llegar al altillo. Allí, donde entre
ropa y valijas, bajo una frazada naranja que ahora desempolva, escondió, durante
una semana, los cinco millones de dólares del dinero de los presuntos sobornos
para votar la Ley laboral. Dice, ya ubicado en el living, de estilo country, que
vive como un ermitaño, con la única compañía de dos custodios de la Policía
Federal que rotan cada 24 horas, aunque pudo visitar a su familia, oculta en un
país limítrofe -cuenta- para Navidad y Año Nuevo, donde "pude mirar por fin a
mis hijos a los ojos
". Es más, en uno de esos viajes hasta se encontró con
Susana Rinaldi, quien "me saludó y me trató bien", asegura, como lo han hecho,
según él, todos los que reconocieron su figura.

Sobre la chimenea, los retratos hablan de una familia feliz de clase media alta:
se la ve a Silvana, su mujer desde el '86, y más allá, en el comedor, hay fotos
de sus hijos Leandro (16), Lucía (13) y Tomás (8). Pontaquarto dirá que, en sus
buenos tiempos como Secretario Parlamentario en el Senado, tenía un sueldo de
diez mil pesos, en épocas del 1 a 1. A un costado, el árbol de Navidad, con la
estrella rota y caída, y aún armado, dice que hace rato que falta una mano
femenina por ahí. En el fondo, tras la ventana, se adivina una pileta.
Pontaquarto acaba de despertar de una siesta. Hasta hace poco, dice, vivía con
los 1500 pesos de un contrato con la provincia de Tierra del Fuego, y los
ahorros producidos con la venta de un restaurante que tenía con su familia. Sin
embargo -se lo pregunto-, hay quienes dicen que nunca lo vieron por la Casa de
Tierra del Fuego en Buenos Aires. Da una pitada al primer rubio de los tres que
fumará durante la entrevista, y responde:

-Iba todos los días, los empleados me conocen, pero ustedes saben que a partir
de que tomé la decisión de hablar, muchos me dieron la espalda. Es entendible.

-¿Muchos amigos lo hicieron?
-No. Los amigos están firmes. Un par de veces, en estos días, me invitaron a
Luján a comer asados.

-¿Y los que conocía de la política, se borraron?
-Con ellos he hablado muy poco. En primer lugar, tengo el teléfono de mi casa
fuera de servicio, lo hice a propósito a partir de esta denuncia; y los
celulares no son míos, me los facilita la Policía. Pero he hablado con algunos.
Por ejemplo, lo llamé al senador Mario Losada. Con él tuve una relación buena
durante muchos años. Me dijo que era una decisión muy personal, que si había
decidido asumir el riesgo, le parecía bien.

-Losada, durante la época aliancista, estaba muy cercano al gobierno.
-Cuando renunció José Genoud, fue el último presidente provisional del Senado
que tuvo De la Rúa. A otros les envíe cartas. Pero sé que muchos quisieran
hablar conmigo… Y con algunos lo haremos.

-¿Con quiénes quisiera sentarse a tomar un café y charlar?
-Con alguien en particular no… Creo que muchos han entendido lo que hice, y
otros no tanto. Y muchos lo sabían, aún sin conocer la verdadera historia. No
hay más que escuchar la declaración de Rodolfo Terragno ante el juez Canicoba
Corral.

-Terragno dijo que Chacho Alvarez le comentó que usted era el valijero de la
operación.
-Bueno, y en esa misma reunión donde se lo dijo, también se encontraban Federico
Storani, Alfonsín y De la Rúa, y sucedió en Olivos. Así que yo creo que muchos
dirigentes lo sabían.

-¿Y después de eso no lo llamó ni Terragno, ni Alfonsín, para saber si era
cierto…?
-No. Chacho estaba convencido de que esto había pasado. Cuando se insistía con
mi salida para trabajar en una delegación argentina en el extranjero, la mayoría
de los dirigentes del gobierno querían que me fuera del país. Sabían cómo había
sido la historia, y querían sacarme del ámbito del Congreso.

-Si a Alvarez le había llegado la información de que usted había entregado el
dinero, y ahí también estaban los fundadores de la Alianza, menos Fernández
Meijide, es sugestivo que ninguno se le haya acercado a preguntarle nada.
-No, porque para ellos era obvio que esto había sido así. Repito: Chacho estaba
convencido que esto había pasado.

-¿Y el resto?
-Terragno me parece que no tenía dudas. En realidad, después del escándalo, fui
a ver al ministerio del Interior, a Federico Storani, y fue el único que me
preguntó si esto había pasado, y yo se lo negué, como se lo negué a la Justicia
en el pasado.

-¿Por qué nadie asumió la responsabilidad de decirlo?
-De la Rúa seguía siendo el Presidente. Si me preguntaban y decía que sí,
imagínese lo que hubiera pasado. Nadie me preguntó porque lo daban por hecho, y
no quisieron levantar el avispero… Luego (el juez) Liporaci decretó la falta de
mérito, lo confirmó la Cámara, y quedó así… Yo quedé abandonado totalmente y
nunca más hablé con ellos.

-¿En el radicalismo, nadie lo impulsó a hablar?
-No, pocos sospechaban esto. Cuando hablé, lo hice con Daniel Bravo, ex
dirigente radical y hoy en el ARI. Dos semanas antes de declarar, le envié una
carta a Nosiglia para blanquear esta situación, porque él me decía que se estaba
comiendo un garrón sin tener nada que ver. No me consta que haya tenido
participación en este tema. Lo que sucede es que en el famoso anónimo se
mencionaba una reunión suya conmigo.

-¿Nosiglia lo llamó por teléfono?
-Su secretaria. La información de que iba a hablar se filtró, y me llamaron para
una reunión con "Fernando", sin más especificaciones. No quiero decir algo que
no corresponda, pero me parece que Santibáñez reconoce la posibilidad de esa
reunión en su indagatoria. El dice que estuvo con Nosiglia unos días antes y
éste le manifestó que yo hablaría con la revista TXT. Y bueno, eso prueba el
llamado que me hace.

-¿Qué le querrían decir…?
-Evidentemente, que no hable. Pero al no saber qué Fernando era, mucho no puedo
afirmar. Pero yo tenía totalmente decidido hablar, así que preferí no tener
ningún tipo de reunión. Di de baja el teléfono celular que tenía y ya no se
comunicaron.

-Usted mostró fotografías donde se lo ve con De la Rúa en lugares públicos.
¿Tenía contacto con él en privado?
-No, en privado no. Salvo la reunión en el despacho de él en la Rosada donde
dijo que el tema se debía arreglar con Santibáñez, en la cual participé como
personaje secundario. Cuando tuve oportunidad de hablarle lo hice en reuniones
partidarias, actos públicos o viajes en aviones privados en la campaña. También
viajaban el senador García Arecha, o Chacho Alvarez.

-Con el ex senador José Genoud sí tenía una estrecha relación. Incluso dicen que
ha estado en cumpleaños suyos.
-Sí, estuve cuando cumplió 50 años, los festejó con tres amigos más en una finca
mendocina, estuve en su campo en San Luis en otra oportunidad, en su domicilio,
y él también estuvo en mi casa. En Mendoza, la mayoría de los dirigentes
radicales me conocen, incluso fui orador en algún acto.

-Usted recuerda muy bien la fecha del día en que fue a la SIDE, el 18 de abril,
pero no con la misma exactitud cuándo estuvo en Casa de Gobierno en la famosa
reunión con De la Rúa. ¿Por qué?
-Bueno, porque yo era secretario del Senado, y sabía cuándo se iba a tratar la
Ley laboral, el 19 de abril, y tenía que buscar el dinero un día antes. Después
le pegan un tiro a (el dirigente gremial Julio) Piumato, se suspende la sesión,
y la Ley se trata una semana después. No recuerdo así la de otra reunión porque
fue un día en que Genoud me dice "acompañáme a Gobierno", como tantas veces. Fue
entre fines de marzo y principios de abril. Y fui pensando en que me iban a
hacer consultas técnicas, nada más. Luego me enteré cuál sería mi rol en esta
decisión.

-¿Siempre iba con Genoud?
-La mayoría de las veces. Ustedes publicaron en GENTE una foto donde estoy
ingresando con él a la Casa Rosada. Ese día íbamos con el senador Melgarejo, de
Santa Cruz, y el diputado Patterson, también de Santa Cruz. Si no me equivoco,
fue cuando asumió Flamarique como secretario de la Presidencia, poco antes de la
renuncia de Chacho.

-Y Genoud dijo que jamás había ido con usted a Gobierno.
-Sí, fue un testimonio muy fuerte, tomado muy en cuenta por la Justicia. Con eso
pasó lo mismo que con De la Rúa en cuando a su desconocimiento sobre mí. Creo
que la peor estrategia de los sospechosos es decir que no me conocen. Por eso
presenté un álbum fotográfico en la Justicia con cada uno de los que dicen que
me vieron una sola vez.

-Con todos estos elementos, resulta extraño que no hayan cumplido las promesas
de nombrarlo en el exterior. ¿Por qué cree que le soltaron la mano?
-Porque nunca imaginaron que yo sería la persona que destapara esto. Fui parte
de un sistema llamado corporación política. Cuando se elige a una persona para
tomar parte de una situación, como ser el valijero o partícipe necesario -no me
gusta valijero-, de cohecho, se lo elige muy bien. Y en esa oportunidad me
tenían mucha confianza. Por eso no entiendo cómo ellos mismos me cerraron las
puertas, o no me hayan atendido el teléfono cuando quería hablar con alguien. En
una parte de la carta a Nosiglia, le digo "no quiero plata, quiero trabajar
dignamente y mantener a mi familia".

-Si hubiera seguido trabajando en el Senado, deduzco, quizá nunca hubiera
hablado.
-No es así. Se me hizo insostenible por dentro. Me marcaron como culpable. Me
miraban y sentía que decían "¡con la guita que se quedó!". Dejé de ir dos años a
los actos partidarios porque tenía hasta miedo de j… al correligionario que
tenía al lado, y que mi presencia lo hiciera sospechoso. Es muy fuerte la
presión, no la banqué más. Además, nunca participé de otro hecho así. Sí de
éste, y no me alcanzará la vida para arrepentirme.

-De la Rúa, antes de ser presidente, tuvo episodios como los del jardinero, con
sus hijos en la Universidad… ¿Usted era de los que pensaban en él como alguien
impoluto, o lo creía capaz de involucrarse en un hecho poco claro?
-Mire, por el estilo que tenía De la Rúa pensaba que eran maniobras en su
contra. Se me hacía imposible verlo involucrado en que el Concejo Deliberante
contratara a un jardinero para trabajar en su quinta. Después apareció el tema
de sus hijos en la Universidad, después se lo involucró en los ñoquis en el
Concejo… Y a partir de este hecho de los sobornos, me convenzo de que lo que se
decía para atrás era cierto. Porque De la Rúa, o dio la orden por los sobornos,
o sabía que se iban a producir. Tal es así que el juez y los fiscales apuntan en
esa dirección.

-¿Cómo definiría hoy a De la Rúa?
-Como una gran decepción. Fue un enorme fracaso, el más contundente de un
político en la Argentina. Y hoy, con sus declaraciones, me da lástima.

-¿Se siente como un héroe, o como un chorro?
-Ni una cosa, ni la otra. Participé de un hecho de corrupción y me autoincriminé.
Pero tampoco soy un chorro porque yo no robé, no me quedé con un centavo. Ladrón
no soy, y quiero que la justicia haga conmigo lo que considere necesario.

-¿Tiene miedo de ir preso, o antes de hablar se asesoró?
-A decir verdad, se sabe públicamente que el cohecho es un delito excarcelable.

Pontaquarto en el living de su casa, aún con adornos navideños. Después de contar su verdad sobre los sobornos, dice que no se siente un héroe, pero que tampoco es un chorro".">

Pontaquarto en el living de su casa, aún con adornos navideños. Después de contar su verdad sobre los sobornos, dice que no se siente un héroe, pero que tampoco es "un chorro".

Pontaquarto donde guardó los 5 millones bajo la frazada naranja. Santibáñez dice que no pude transportar 60 kilos de billetes, pero estaban divididos en tres cajas", señala para hacer caer la coartada del ex Señor 5. Abajo, con Genoud y De la Rúa en mejores tiempos.">

Pontaquarto donde guardó los 5 millones bajo la frazada naranja. "Santibáñez dice que no pude transportar 60 kilos de billetes, pero estaban divididos en tres cajas", señala para hacer caer la coartada del ex Señor 5. Abajo, con Genoud y De la Rúa en mejores tiempos.

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