“De chica era más fan de Batman, es como más macho” – GENTE Online
 

“De chica era más fan de Batman, es como más macho”

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Fue hace como seis años. Por enésima vez, Brenda Gandini salía de Cipolletti, Río Negro, la ciudad en la que se había criado con su papá, Carlos, se subía a un avión y volaba hacia Buenos Aires. Había pasado su infancia y su adolescencia haciendo el mismo trayecto. Pero esta vez era diferente. Brenda se iba para no volver. Y así, casi de la noche a la mañana, a la modelo Daniela Cardone le apareció una hija que todo el mundo se dio vuelta para mirar: el pelo doradísimo, unos increíbles ojos celestes, medidas perfectas, una belleza envidiable y la frescura de los 18 años.

Con su aterrizaje definitivo, se terminaba su anonimato. Aunque se negó por un tiempo a subirse al barco materno que la metía en aguas mediáticas, terminó aceptando que lo suyo era el teatro. Dejó su carrera de Administración de Empresas y empezó a construir su propio barco.

Caminó por algunas pasarelas, hizo campañas publicitarias y, de a poco, se ganó un lugar en la actuación: pasó por Floricienta, Vidas robadas, Chiquititas y Romeo y Julieta en televisión; e hizo teatro con Roberto Carnaghi en La jaula de las locas. Siguió apostando, y ahora se trepó a las tablas del Coliseo para meterse en el papel de Mary Jane, la enamorada del Hombre Araña. Y apostó tanto más que abandonó su dorado natural para teñirse el pelo de un rojo intenso con el que todavía le cuesta reconocerse, y aprendió a hablar en español neutro para adaptarse al estilo que le pedía la producción de la obra. Ahora va por el cine: en julio encarará dos proyectos, El abismo, con Benjamín Rojas y Omisión, con Germán Palacios.

“En realidad, yo era más fan de Batman. Es como más macho…”, admite la Mary Jane aprobada nada menos que por la firma Marvel, editora histórica del célebre cómic. Y antes de que su enamorado arácnido se sienta ofendido, se apresura en aclarar: “Igual, no les daba mucha bolilla a esas cosas. Me crié de otra manera: me gustaba mucho más jugar en la calle, andar en bicicleta...”.

–¿Cómo fue la crianza en Cipolletti?
–¡Ay, era taaaan feliz! Era llegar a mi casa a las diez de la noche en bicicleta, toda embarrada, a veces sangrando. No me pasaba nada, podía estar en la calle. Jugué a las muñecas hasta los doce años. Era medio kamikaze: tengo cicatrices por todos lados de lo “machito” que era. Pero ojalá ahora a los chicos los criaran de ese modo.

–¿Cómo era la relación con tu papá?
–Yo soy su nena, y voy a seguir siéndolo siempre. Sufrió muchísimo cuando me vine para acá: me reclama mucho que lo vaya a ver. Era muuuuy celoso y exigente con el estudio: si no me sacaba 9 ó 10, no me dejaba salir. Así que fui muy buena en el colegio. Recién a los 16 me dejaron ir a bailar.

–¡Qué duro era!
–Tremendo. A mi primer novio, que tuve a los 16, lo volvió loco. No nos dejaba sentar juntos en el sillón, no me dejaba salir del portón de casa para que me diera un beso... Es terrible. Mirá, Nacho (su novio, Ignacio Lecouna, 26 años, hijo del productor televisivo Raúl Lecouna, con quién trabaja) todavía no se anima a ir al Sur a la casa de papá. ¡Llega a ir y lo hace dormir en un hotel!

–¿Vos le avisaste que acá duermen juntos?
–Lo trato de ablandar por teléfono pero no hay caso: soy su nena de por vida.

–¿Te generó conflicto con tu mamá que ella se haya venido a Buenos Aires a trabajar y te haya dejado con tu papá?
–No, porque nunca me faltó. Si ella no hubiese estado, tal vez sí me hubiera ocurrido eso. Pero yo venía a visitarla una vez por mes. A los dos años me subía al avión con un cartelito que decía: “Viaja sola”. Todas las vacaciones las pasé con ella. Cada vez que podía, ella viajaba a Cipolletti a verme. Mi papá después formó pareja con Pato, la chica que me crió, que la adoro. Nunca me faltó amor.

–¿Cuando empezaste a trabajar te miraban de reojo por ser “la hija de…”?
–Siempre lo sentí. Pero todos prejuzgamos. Es parte del ser humano, me incluyo. Lo bueno es que después tenés que empezar a demostrar lo que sos. Todavía me cuesta romper con eso. Yo siempre admiré a mi madre. Es una mina súper laburadora, pero quiero que me reconozcan por lo que hago yo. Además, es imposible que todos te quieran. Lo que me importa es conservar a las amigas de toda la vida: son trece y siempre están a mi lado. Son las que, si me subo a un pony, me van a decir: “Nena, bajate”. Con lo demás ya estoy medio curtida. A mi madre la han acusado de tantas cosas…

–Por lo que decís, tu papá es muy conservador y tu mamá, muy liberal. ¿A quién saliste más parecida?
–Son polos opuestos. Para mamá está todo bien, no le importa nada. Papá es más estructurado, criado a la antigua. Y yo salí más como él. En valores, soy chapada a la antigua. En la amistad, el compromiso con el trabajo, en la fidelidad... Claro, tampoco me voy a hacer la santa. Alguna vez fui infiel... ¡Uy! ¡Ahora mi papá se está enterando!

–Con tu novio Nacho, estás desde hace dos años y medio. ¿Tenés planes de convivencia o casamiento?
–No, no estoy preparada para la convivencia. Me gusta estar sola, que nadie me joda. Casarme hoy no está en mis planes. Antes era más Susanita. Ahora sé que quiero ser madre a los 30, nada más.

–¿Te cambiaron las ideas cuando llegaste a Buenos Aires?
–Sí. La Capital te hace más dura, más fuerte, te hace ver más realidades. Yo me sentía muy ingenua. Brenda pasó de la tranquilidad de Cipolletti a las luces porteñas. “Al principio estaba como embelesada con Buenos Aires. Ahora, Cipolletti es mi cable a tierra”, dice.

Brenda pasó de la tranquilidad de Cipolletti a las luces porteñas. “Al principio estaba como embelesada con Buenos Aires. Ahora, Cipolletti es mi cable a tierra”, dice.

“Papá era tremendo. A mi primer novio, que tuve a los 16, lo volvió loco. No nos dejaba sentar juntos en el sillón, no me dejaba salir del portón de casa para que me diera un beso...”

“Papá era tremendo. A mi primer novio, que tuve a los 16, lo volvió loco. No nos dejaba sentar juntos en el sillón, no me dejaba salir del portón de casa para que me diera un beso...”

“No estoy preparada para convivir. Me gusta estar sola, por eso casarme hoy no está en mis planes”

“No estoy preparada para convivir. Me gusta estar sola, por eso casarme hoy no está en mis planes”

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