Darío Benedetto: “Cuando le dije a mi mujer que iba a jugar en Boca, se largó a llorar de la emoción” – GENTE Online
 

Darío Benedetto: “Cuando le dije a mi mujer que iba a jugar en Boca, se largó a llorar de la emoción”

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A los doce años, la vida del actual goleador de Boca y del torneo argentino estuvo a punto de cambiar para siempre. Porque mientras jugaba la final de los Juegos Nacionales Evita con la camiseta del club Juan María Gutiérrez, Alicia Oviedo, su mamá, se descompensó por los nervios y sufrió un paro cardiorrespiratorio que no le permitió llegar con vida al hospital.

“Después de eso no quise saber más nada con el fútbol. Estaba en las inferiores de Independiente, pero dejé todo, no quería volver a ver una pelota. Fue el golpe más triste. Mi vieja venía con mi papá y se sentaban con el termo y el mate para vernos jugar a mí y a mi hermano. Ella tenía apenas 40 años, muy pocos para irse así… Tardé cuatro años en superarlo, ya que a los 16 me enteré de que Arsenal estaba probando jugadores y decidí volver por mamá: ella quería que yo fuera jugador de fútbol”, confiesa Darío Benedetto (27), el nuevo ídolo xeneize, dueño de una historia que merece ser contada.

“Sí, en segundo año decidí abandonar el colegio secundario al que iba en Berazategui, porque no me gustaba estudiar –admite el futbolista–. Un día vino Hugo, mi papá, y me dijo: ‘¡O estudiás o laburás!’. Agarré un balde y una cuchara y empecé a trabajar como peón de albañil”. En aquellos tiempos, y reclutado por su hermano Lucas (un talentoso con la guitarra que formó la banda de cumbia El Pato –nombre de la localidad donde vivían–), Darío, que tocaba los timbales, llegó tres veces a Pasión de sábado, el programa de cumbia tropical de América.

Pero cuando a los 17 años lo subieron a la primera de Arsenal, decidió dedicarse de lleno al fútbol. Los sábados jugaba en Sarandí y los domingos, en familia, iba a la segunda bandeja de la Bombonera a ver a Boca. La paradoja del destino quiso que su debut fuera el 9 de noviembre de 2008… ¡ante Boca!: “Entré por Luciano Leguizamón cuando faltaba un minuto y el partido estaba 0 a 0. Tiro libre para Boca. Me mandaron a la barrera. Pateó Riquelme y clavó un golazo. Yo miraba a La 12 y no sabía si llorar por el gol que nos habían hecho o ir a abrazarme con la gente con la que hacía unos meses había compartido la popular”, recuerda El Pipa, apodo que se ganó por su nariz prominente.

Sin grandes actuaciones en el primer equipo, Arsenal lo dio a préstamo a Defensa y Justicia y después, a Gimnasia de Jujuy. En el Lobo jujeño convirtió 11 goles en 19 partidos, y fue ahí cuando su carrera explotó. Volvió a Arsenal, ganó dos títulos –Clausura 2012 y Supercopa Argentina 2012– y emigró a Tijuana de México, donde marcó 23 tantos en 50 partidos. Pasó al América de México, consiguió la Liga de Campeones de la Concacaf 2015 y 2016 y jugó el Mundial de Clubes 2015.

En tierra azteca convirtió 17 goles en 49 partidos y se transformó en una celebridad, nacionalizándose mexicano (muchos lo pedían para la selección local) y hasta jugando un partido exhibición con el mejor corredor de la historia: Usain Bolt. Pero su pasión por la camiseta azul y amarilla no había menguado…

En 2015 decidió tatuarse el escudo del club con la leyenda “Esto es Boca”. Como al equipo de la Ribera lo perseguía la maldición del 9, después del retiro de Martín Palermo, lo fueron a buscar. Cuando escuchó el primer rumor de su posible llegada al club, Darío no lo dudó: habló con su representante y resignó un millón de dólares que le debían en América para que se concretara el pase.

“Llegué a casa, la miré a mi esposa Noelia y a mi hijo Felipe y les dije: ‘ya está, soy jugador de Boca, ¡la puta madre!’. Mi esposa me abrazó y se puso a llorar. Yo la abracé y me largué a llorar con ella. Miré al cielo y se lo agradecí a Alicia, mi mamá, lo mismo que hago cada vez que convierto un gol”. La que sigue es una historia conocida.

Darío se puso la camiseta de Boca, y aunque al principio le costó (bien a su estilo, el de luchar y luchar), en este torneo fue decisivo: convirtió 21 tantos en 30 partidos, fue uno de los artífices del título número 66 en la historia xeneize y cortó una sequía de diez años sin que el club tuviese un goleador. La última vez había sido en el 2007, cuando Martín Palermo cerró el Clausura de aquel año con 11 goles.

“¿Darío, te quedás en Boca o te vas?”, le preguntó el mediocampista colombiano Wilmar Barrios mientras recorrían la ciudad a bordo del micro descapotable que atravesó las calles porteñas del festejo. La respuesta encendió la esperanza de los hinchas de Boca: “¿Vos también me preguntás eso, hijo de p…? Vamos a ver qué pasa. Pero yo, ¿qué querés que te diga? ¡Soy muuuuy hincha de Boca!”.

Darío en plena vuelta
olímpica junto a su esposa
Noelia Belén Pons y sus
hijos Felipe (1) y Helena, la
beba de tres meses.

Darío en plena vuelta
olímpica junto a su esposa
Noelia Belén Pons y sus
hijos Felipe (1) y Helena, la
beba de tres meses.

1. Ovacionado, Boca
sale a la cancha con
Benedetto y Pablo
Pérez, otro que se
hizo querer. 2. Darío
convierte el segundo gol
ante Unión y festeja su
conquista número 21,
que lo erige goleador
del campeonato.

1. Ovacionado, Boca
sale a la cancha con
Benedetto y Pablo
Pérez, otro que se
hizo querer. 2. Darío
convierte el segundo gol
ante Unión y festeja su
conquista número 21,
que lo erige goleador
del campeonato.

3. Parte de su familia,
a la que le dedicó el
título: su papá Hugo,
Felipe, Noelia, Helena
y su hermano Lucas
(Darío es el tercero de
cuatro, junto a Yésica
y Adriana). 4. Con
Felipe. La vuelta por la
ciudad con el trofeo al
campeón de Primera
División 2016-2017.

3. Parte de su familia,
a la que le dedicó el
título: su papá Hugo,
Felipe, Noelia, Helena
y su hermano Lucas
(Darío es el tercero de
cuatro, junto a Yésica
y Adriana). 4. Con
Felipe. La vuelta por la
ciudad con el trofeo al
campeón de Primera
División 2016-2017.

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