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"Cuando empezamos con los genéricos, la mitad de los médicos no conocían la droga que recetaban"

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-Ministro, ¿somos un pueblo sano?

-En general, en la Argentina hay un buen
estado de salud, aun cuando la percepción de la gente diga lo contrario. Sucede
que se tiende a hablar del sistema, y no de la salud en sí, que no depende de
los hospitales, ni de los médicos ni de los medicamentos: es un bien colectivo
que se produce, no que se consume. La sociedad argentina, comparada con
Latinoamérica, está bien.

-¿Si existiera un ranking mundial, ¿en qué lugar estaríamos?
-La Organización Mundial de la Salud hizo uno muy polémico, que no se llegó a
usar oficialmente porque tenía errores. Estábamos en el lugar cuarenta y pico,
pero lo importante es medir la esperanza de vida.

-¿Cuánto vivimos?
-Las mujeres tienen una expectativa de 76 años, siete más que los hombres. Y lo
hacen mucho mejor. Basta ver a las espléndidas mujeres de 50 de hoy, que antes
eran abuelitas. Nos guste o no (sonríe), parece que son el verdadero sexo
fuerte. Y en cuanto a edad, en la Argentina el grupo que más crece es el de 75
años. En realidad, en nuestro país atendemos mucho más, por ejemplo, a los
viejos pobres que a los niños pobres, que son el 75 por ciento de los chicos
argentinos.

-Con una base tan mala, ¿cómo será la salud de esos pibes de acá a veinte años?
-Mire, la pobreza es un condicionante de la enfermedad, pero más importante es
la inequidad. La Argentina no sólo se hizo más pobre, también se hizo más
injusta. Hay países pobres, como Cuba, donde la salud es buena. Por ejemplo,
hace quince años la diferencia entre la mortalidad infantil entre la peor
provincia y la menos peor, por decirlo así, era de dos a uno. Hoy es de tres a
uno, si comparamos Capital Federal y Corrientes. De las 43 enfermedades más
comunes en la especie humana, 42 se dan más entre pobres que entre ricos. La
única excepción es el cáncer de piel.

-Está bien, pero hay un aumento de enfermedades asociadas con la pobreza, como
la tuberculosis, por ejemplo…
-Ahí, sin embargo, si sacamos a los que tienen sida -y por eso la tuberculosis
avanza-, las cifras están quietas, lo cual es malo, porque tendrían que bajar.

-¿Y por qué no bajan?
-Creo que por un aflojamiento social. En el caso del sida, está pasando lo mismo
que con la sífilis cuando apareció la penicilina y la curó: se le perdió el
respeto a la enfermedad. Si bien el HIV aún no tiene cura, tiene múltiples
mecanismos para la supervivencia. Las medidas preventivas se dejaron de usar. Se
nota, sobre todo en adolescentes y en adictos.

-¿Qué hace su ministerio para solucionar este tema?
-Varias cosas. Distribuimos jeringas en las instituciones que trabajan con
adictos, tenemos grupos que trabajan con la comunidad homosexual y con las
trabajadoras sexuales. Y con los adolescentes trabajamos mucho en el ámbito
deportivo, o entregando profilácticos en forma gratuita. Hemos comprado cuatro
millones para distribuir.

-¿Fracasaron las campañas de prevención?
-Por miedo a la discriminación, y por una exageración de que la estrategia debía
ser para todos, creo que los grupos de riesgo fueron perjudicados. Además de la
prevención global, estamos volviendo a trabajar con grupos de riesgo elevado.
Hoy tenemos 25 mil enfermos de sida bajo tratamiento. Pero hay estimaciones que
rondan los 100 mil portadores, muchos sin conocerlo. Y somos uno de los tres
países de Latinoamérica que provee gratuitamente medicamentos a la totalidad de
los infectados.

-Nos habíamos quedado en la relación entre pobreza y enfermedades. ¿Qué hacen
para paliar esta situación?
-Tenemos políticas activas. Por ejemplo, el gasto de los pobres en medicamentos
siempre impactó muy fuerte en la canasta familiar. Para esa franja, distribuimos
medicamentos en forma gratuita, con el plan REMEDIAR, que les bajó el 60 por
ciento del gasto de bolsillo al quintil más pobre de la Argentina. Y además, con
la ley de prescripción por genéricos, bajaron los precios de los remedios. Hoy,
el 57 por ciento de los medicamentos se vende así.

-La sensación con los genéricos es que hay medicamentos de primera y de segunda…
-Cualquiera que cobre el triple por lo mismo le va a decir que es mejor… El
mismo remedio que valía 23 pesos, ahora cuesta 8… El mismo… ¿entiende?

-¿No se perjudicó la investigación?
-Es el discurso de las multinacionales. Y es muy poco lo que investigan los
laboratorios argentinos, porque cuesta millones de dólares hacerlo…

-¿Quién garantiza la calidad de los genéricos?
-Lo que mejor se controla en los medicamentos es lo que está adentro del frasco.
Lo controla el fabricante; el ANMAT (Administración Nacional de Medicamentos,
Alimentos y Tecnología); la competencia, que hace controles cruzados y al que no
cumple lo saca del mercado porque son muy duros; y nosotros. Y la industria
manufacturera acá es muy buena, la mejor de Latinoamérica. El problema es que
los médicos no prescribimos bien.

-Un gran problema…
-Cuando empezamos con los genéricos, la mitad de los médicos no conocían la
droga que recetaban. Estaban acostumbrados a recetar marcas. Eso lo hemos
mejorado. Y esto también obliga a que el farmacéutico esté más tiempo en la
farmacia, y hablar mucho más con los pacientes. Porque, ¿sabe qué era lo más
grave que pasaba con los medicamentos?

-Dígamelo…
-Que los argentinos les hemos perdido el respeto. Es el único lugar en el mundo
donde uno dice que le duele algo, le sacan de la cartera un remedio y se lo
convidan. El 40 por ciento de los remedios que se venden en las farmacias es sin
receta. Y ni hablar del botiquín de las casas…

-Le cambio de tema: su ministerio tiene un plan anti-tabaco. ¿Se viene la
dictadura de los no fumadores?
-No, nada de eso… No somos talibanes. Va a ser a la Argentina.

-Entonces, pitemos tranquilos…
-Pero a la Argentina del futuro. El cigarrillo provoca 40 mil muertes por año, y
son evitables.

-¿Usted fuma?
-Ya no. Fumé como loco. Y me costó dejar. Ahora, de vez en cuando, un habano.
Pero en ningún lugar hay tanta falta de respeto hacia los no fumadores. Les
tiran el humo en la cara. Y el perjuicio no es en términos de molestia, sino de
salud.

-¿Qué harán?
-Vamos a hacer un cambio cultural que llevará años, lo sabemos. Queremos
proteger espacios públicos para los no fumadores. Disminuiremos la publicidad,
sobre todo para adolescentes. Hay que adecuar las estrategias de marketing a la
defensa de la sociedad. Y habrá un incremento de impuestos que irá a reparar los
daños que provoca el cigarrillo. No es justo que si el 60 por ciento de los
argentinos no fumamos, paguemos la atención de los enfermos que provoca el
cigarrillo. Eso dependerá de los legisladores, claro.

-Le pido una opinión médica: ¿tiene buena salud el presidente Kirchner?
-Mire, yo no soy su médico. Lo veo como un hombre que se cuida, le gusta la vida
sana, caminar, odia el cigarrillo… Y no sabe cómo nos hace correr a los
ministros (ríe)… Tiene un estilo de vida sano.

-¿Y los argentinos tenemos, en general, un estilo de vida sano?
-En muchos lugares de la Argentina europea, como Buenos Aires, las grandes
ciudades, la política de salud debe ser recrear los estilos de vida: fumar
menos, tener relaciones más armónicas, romper el sedentarismo, alimentarnos
bien…

-¿Por qué? ¿Lo hacemos mal?
-Tenemos una malnutrición importante. Y más por exceso que por falta. No queda
elegante decirlo en un país donde hubo chiquitos que murieron de hambre, pero
hay mucha más epidemia de obesidad, y en todas las clases sociales. Desde el
punto de vista sanitario, es grave, las tasas se duplican cada cinco años. Y
usted y yo sabemos qué difícil es cuidar los kilos en este país…

por Hugo Martin
fotos: Fabián Uset, Archivo Atlántida y prensa Ministerio de Salud
(agradecemos a la Farmacia Avenida)

El ministro frente a la góndola de una farmacia. Asegura que el Plan REMEDIAR, que suministra medicamentos a los más pobres, les bajó un 60 por ciento el gasto de la canasta familiar".">

El ministro frente a la góndola de una farmacia. Asegura que el Plan REMEDIAR, que suministra medicamentos a los más pobres, "les bajó un 60 por ciento el gasto de la canasta familiar".

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