«Cuando deje el tenis, hasta cinco hijos no paramos» – GENTE Online
 

"Cuando deje el tenis, hasta cinco hijos no paramos"

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A la salida de la iglesia, las gotas de lluvia empaparon sus caras jóvenes e
inocentes al igual que hace cinco años y tres meses, cuando sus miradas se
cruzaron por primera vez. Como si se tratara del final de una película
romántica, Guillermo Coria (21) y Carla Francovigh (20) salieron del altar y se
unieron en un beso profundo en la puerta de la iglesia Espíritu Santo, del
barrio de SOMISA, mientras recibían el aplauso de más de 200 personas empapadas
por el diluvio torrencial que caía en San Nicolás. Sin dudas, la palabra FIN,
con dulce música de fondo, debería ser el cierre de esta historia de amor. Una
historia que nació cuando tenían 16 y 14 años, respectivamente, y que el sábado
terminó de cristalizarse.

EL PRIMER SET DEL AMOR. Corría setiembre del año 1998 y el calendario
deportivo anunciaba que la Argentina se enfrentaba a Eslovaquia por la Copa
Davis. Coria tenía 16 años, un futuro prometedor y un plan para ese fin de
semana: asado y fútbol con sus amigos de Venado Tuerto. Pero un llamado arruinó
sus planes: "Tenés que estar presente en los partidos", algo que cumplió
de muy mal humor. El domingo 28 se jugaba el tercer punto y el partido se iba a
prolongar casi diez horas por el mal tiempo. En una de las reiteradas
interrupciones, Guillermo fue a comprar un choripán y cuando volvía a la
tribuna, un flash: "Me quedé impactado. Era como que de repente, en ese
contexto, entre toda esa gente, estaba Carla, la mujer más linda del mundo. Y
cuando nos miramos, quedé petrificado. Siempre voy a decir que lo nuestro fue un
amor a primera vista"
, cuenta Guillermo a GENTE. "Esa noche lo único que
hice fue pensar en ella. De casualidad me enteré que jugaba al tenis en una
escuelita de Rosario y que su profesora era conocida de papá. Al día siguiente
nos presentó. De los nervios no sabía qué decir... Encima perdimos la serie y
todo era un bajón. Pero yo sentía que eso no iba a quedar ahí..."
.

Y las palabras de aquel adolescente enamorado, el mismo que hoy ocupa el quinto
puesto en el ranking mundial, fueron un presagio: "Fui a jugar un torneo a
Rosario y aunque habían pasado once meses, cuando volvimos a cruzarnos, sentí lo
mismo que la primera vez. Se me aflojaron las piernas y el corazón latía más y
más rápido. Ahí me di cuenta que en verdad estaba enamorado. Y no quise dejar de
verla nunca más. Hoy, en este momento te confieso: soy un tipo feliz. Nunca
quise tanto a alguien como a Carla. Ojalá que este amor dure para siempre".

UNA NOCHE MAGICA. Los fuegos artificiales iluminaron el cielo cuando la
pareja ingresó al salón del hotel El Colonial, donde los esperaban los 300
invitados, entre ellos colegas del mundo del tenis. Minutos antes habían tenido
un breve contacto con la prensa, todo perfectamente organizado por Bárbara Diez,
de Wedding Planners, responsable también de los casamientos de Julieta Ortega y
Mariana Fabbiani.

La novia lucía un espectacular vestido blanco -confeccionado por el diseñador
Claudio Cosano- y El Mago, un smoking 7/8 de crèppe italiano. Y para demostrar
que su otro amor -el que siente por River Plate- también es incondicional,
debajo del saco tenía una camisa blanca de etiqueta con una banda roja que le
atravesaba el pecho, todo diseñado por Tito, de Matices. Llegaron los saludos y
la primera sorpresa de la noche: seis violinistas arrancaron con los acordes de
un vals que se extendió por más de media hora; entonces Guillermo le preguntó a
Graciela y a Oscar -sus padres y padrinos de la boda- si ellos se habían
emocionado tanto el día que se casaron. A metros de allí, Carla hablaba con sus
papás, Edgardo y Gabriela, quienes también fueron padrinos: "Aunque sé que
todavía tengo que terminar mi carrera (estudia Ciencias Económicas) no quisiera
separarme ni un minuto de mi esposo".

La cena, dispuesta en un salón de estilo colonial, comenzó a las 23.15 y tuvo un
selecto menú: tourneado de lomo en salsa oscura de hongos de pino macerados en
cerveza negra y papas dauphinoise con zanahorias glaseadas. Una perlita fue el
vino: Malbec y Cabernet Sauvignon de Bodegas Salentein, el mismo que se sirvió
en la boda de la princesa Máxima Zorreguieta. De postre, pie de frutos del
bosque, pavlova, brownie, sorbet de crema e hilos de caramelo.

Tras el brindis llegó el corte de la enorme torta -medía cuatro metros-, que
estaba adornada con cintitas rosas para las amigas de la novia y celestes para
los amigos del novio. Aunque todas las mujeres esperaban la ceremonia del ramo
de flores al aire, Paula las dejó con las ganas: "Me acompañó desde la
iglesia y me lo voy a llevar a casa"
, admitió entre risas. Hubo un rito que
los amigos de Guillermo cumplieron cada media hora: llenaban con champagne y
helado una de las copas que el tenista ganó en su carrera y tomaban de ella
después de levantarla con las dos manos.

Los más divertidos bailaron hasta las 7.10 de la mañana al ritmo del conjunto
Opera Prima, y el carnaval carioca estuvo adornado por un cotillón traído
especialmente de Rosario. Cuando un amigo le preguntó a Guillermo si estaba
preparado para ser padre, le respondió: "Por ahora no pensamos en tener
hijos. Una vez que me retire vamos a planear una familia numerosa. A los dos nos
encantan los chicos y hasta tener cinco no paramos".

Aunque la luna de miel deberá postergarse por unos meses (el primero de enero
Coria viajará a Doha para jugar el Abierto de Qatar), a las siete de la mañana
los novios saludaron y se retiraron a una de las suites del hotel a pasar la
noche de bodas. Entonces, los vidrios de las ventanas volvieron a empañarse con
las gotas de una tenue lluvia. La misma que caía cuando se conocieron, la misma
que los bendijo el día de su casamiento y que, por lo visto, los va a acompañar
en los momentos más importantes de su vida.

Ambos estaban emocionados, felices y muy románticos. Se conocieron cuando él tenía 16 años y ella 14. Y nunca más se separaron.

Ambos estaban emocionados, felices y muy románticos. Se conocieron cuando él tenía 16 años y ella 14. Y nunca más se separaron.

Coria hizo el primer corte de la gigantesca torta de cuatro metros. En su pecho, la banda roja riverplatense.

Coria hizo el primer corte de la gigantesca torta de cuatro metros. En su pecho, la banda roja riverplatense.

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