“Cuando conocí a Al Pacino ni siquiera había visto ‘El padrino’” – GENTE Online
 

“Cuando conocí a Al Pacino ni siquiera había visto ‘El padrino’”

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Me concede esta pieza?
–No puedo, mi novio llegará en cualquier momento.
–A veces, en un momento se vive una vida.

Acaso esa noche no llegó a sonar Por una cabeza. Y ellos, entonces, no se enredaron en un tango dejando boquiabierto al resto del salón, como lo hizo el personaje del coronel Frank Slade con la joven Donna en Perfume de mujer. Pero él, nuestro galán, estrella máxima de Hollywood, tal vez el mayor divo vivo del séptimo arte, sí, él, Al Pacino (70), protagonizó una escena tan romántica como la que inmortalizó en la película ganadora del Oscar. Y lo hizo con ella, la actriz argentina Lucila Polak (Solá, según su apellido artístico en los Estados Unidos; 34), hija de Federico –ex vocero e íntimo amigo de Raúl Alfonsín–, quien desde hace cuatro años es la pareja del astro.

¿Cómo se conocieron? Así lo cuenta ella: “Fue casi seis años atrás. Me había separado hacía un tiempo y estaba radicada en Los Angeles junto a mi hija (Camila, de 13 años, de su relación con el fotógrafo Máximo Morrone, con quien también vivió en París). Yo ya estaba haciéndome un lugar como actriz. Entonces me invitaron a una fiesta de un abogado de 50 años. No conocía prácticamente a nadie, pero igual me mandé solita. ¡Mirá si no hubiese ido!”, enfatiza esta morocha de rasgos exquisitos, y hace una pausa...

Es que de un momento a otro, en medio de una andanada de desconocidos, esa noche lluviosa y sin luna, Lucila se descubrió charlando animadamente con un señor de impronta italiana, voz profunda y gesto elegante. “Estuvimos casi una hora charlando a solas en una terraza... Increíble”. O amazing, si se prefiere en inglés, y para entrar en clima con la historia. Porque allí nomás llegó la gran sorpresa: “En un momento se me acercó el dueño de la casa y me dijo: ‘¿Te das cuenta con quién estás hablando?’. Le juré que no. ‘¡Es Al Pacino!’, me dijo sorprendido. “Ese día, Al y yo nos hicimos amigos”.

La amistad duró hasta que ambos se animaron a dar el paso hacia algo más. “A él le daba miedo mi edad. A mí me daba miedo quién era él. Pero nunca había sido un tipo de estar con mujeres tan jóvenes o con la modelo de turno. Los dos lo resistimos... hasta que no pudimos más”, recuerda Lucila. Hoy la pareja comparte techo (o mansión) en Beverly Hills. Y junto a ellos, semana por medio, la hija de Lucila y los mellizos de Al (Olivia y Anton, de 9 años, fruto de su relación con Beverly D’Angelo).

–Volvamos a aquella noche, a esa terraza. ¿Te acordás cómo estabas vestida?
–¡Sí! Era una fiesta de un hombre bien conservador. Ergo: me vestí clásica. Me puse un pantalón negro de Ona Sáez y una remerita blanca con volados, súper seria, nada demasiado sexy.

–Pero bastó para impactarlo. Decís que cuando lo viste por primera vez no lo reconociste. ¿Tenías alguna opinión sobre él como actor?
–Sabía que Al Pacino y Robert De Niro eran los mejores. Es más: fue un papelón, porque ni siquiera había visto El padrino. ¡Si no lo reconocí...! (repite) Había volado toda la noche desde la Argentina. Cami se había ido con el papá y yo estaba súper cansada. Pero me encantó. Hay que dejarse sorprender y descubrir que no tenemos control sobre nada. Creo muchísimo en el karma como principio de la vida. Mientras más das, más te viene.

–¿La relación con Al cambió tu carrera?
–No. Allá, en ciertos círculos de Hollywood donde nos movemos, el cholulismo no existe. Todo es un negocio. Hay mucha plata en juego y nadie te regala un papel para quedar bien con alguien o por ser “la novia de”. Al quizá me abrió las puertas para acceder a un buen director o a determinado productor, pero las mismas que puede abrir un agente de prensa serio. Incluso, cuando salió la primera foto juntos, me llamaron de todos lados y no dije nada, porque no había nada que contar.

–¿Quién conquistó a quién?
–No sé... Las cosas se dieron. Creo que a él le gustó que yo sea cariñosa, que me acerque a los chicos. Esa cosa de madrazas que tenemos las argentinas... Las americanas son más frías, secas, interesadas.

–¿Cuáles son las grandes demostraciones de amor entre ustedes?
–Eso es privado, pero sí, considero a Al una persona muy romántica. Regala flores y en casa es cero estrella. La vida con él resulta rara, porque para mí el noventa y nueve por ciento del tiempo es una persona común y corriente: con la casa, los chicos, cuando me pregunta en qué película ando, o me cuenta que tiene que leer un libreto. Ahora, afuera me doy cuenta de que la gente lo trata como a un rey. Es una locura. No bien sale del teatro (está presentando El mercader de Venecia en Nueva York) hay quinientas personas esperándolo. Ningún actor en Broadway logra ese nivel de fanatismo.

–¿Cómo le contaste a tu familia?
–Ellos ya sabían de mi relación desde cuando éramos amigos. Lo habían conocido en Los Angeles. Mi papá se asustó porque estaba con alguien mayor que él, pero después entendió.

–¿Recibís de parte de él y el ambiente comentarios sobre nuestro país?
–Estuvimos comiendo con Michael Keaton y Quentin Tarantino y me decían cuán genial les parecía Ricardo Darín. Y yo, que soy de la época de Estrellita mía, no lo podía creer. También escuché cosas buenísimas de Campanella. Y hay mucha gente fascinada con Buenos Aires. Pero Al no conoce, nunca vino.

–¡Tenés que traerlo!
–Sí, sí...

–Y llevarlo a la cancha de Boca, por ejemplo.
–Estaría buenísimo. Yo soy de Racing, pero mi papá fue interventor de Boca en el ’85, cuando estaban por rematar la cancha. Me encantaría llevarlo a ver un River-Boca en la Bombonera. Para él sería una gran emoción. Lo conozco...

–¿Tanto como tener un hijo?... Perdón, antes de avanzar: ¿pensás tener un hijo con él, no?
–Por ahora no. Yo ya me casé, me separé, crié a mi hija... Me estoy dedicando a mí. Y veo que Cami ya tiene 13, en cinco irá a la Facultad y entonces tendré la libertad que nunca tuve...

Afiliada al Partido Demócrata, antes de descubrir el teatro estudió Sociología. En su casa paterna siempre los visitaba el ex presidente Raúl Alfonsín, a quien reconoce como <i>“mi abuelo postizo”</i>. Su padre, Federico Polak, fue uno de sus voceros y grandes amigos.

Afiliada al Partido Demócrata, antes de descubrir el teatro estudió Sociología. En su casa paterna siempre los visitaba el ex presidente Raúl Alfonsín, a quien reconoce como “mi abuelo postizo”. Su padre, Federico Polak, fue uno de sus voceros y grandes amigos.

“Antes de viajar a Los Angeles hice trabajos como modelo. Cuando tenía 15 años e iba al colegio Lenguas Vivas, me vio Pancho Dotto. Era la época de las lolitas. Mis amigas eran Carola Del Bianco, Daniela Urzi, Solange Cubillo...”.

“Antes de viajar a Los Angeles hice trabajos como modelo. Cuando tenía 15 años e iba al colegio Lenguas Vivas, me vio Pancho Dotto. Era la época de las lolitas. Mis amigas eran Carola Del Bianco, Daniela Urzi, Solange Cubillo...”.

“Considero a Al una persona muy romántica. Regala flores y en casa es cero estrella, una persona común y corriente... Ahora, afuera me doy cuenta de que la gente lo trata como a un rey”.

“Considero a Al una persona muy romántica. Regala flores y en casa es cero estrella, una persona común y corriente... Ahora, afuera me doy cuenta de que la gente lo trata como a un rey”.

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