“Cuando arrestaron a mi novio, entré en estado de shock” – GENTE Online
 

“Cuando arrestaron a mi novio, entré en estado de shock”

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Con veinticinco años, Anne Hathaway (cuyo nombre es idéntico al del gran amor de William Shakespeare) integra el top ten de las nuevas mujeres del cine: divinas, talentosas, millonarias. Trabajó en films como El diario de una Princesa I y II, El diablo se viste a la moda o Secreto de la montaña. Su rápida fama y su contagioso carisma la catapultaron más allá del cine, por ejemplo, como una de las caras siglo XXI de Lancôme y de su flamante perfume, Magnifique. Pero como todo no puede ser perfecto en la vida, su gran déficit es el amor.

Hacía cuatro años que noviaba con un misterioso italiano, Raffaello Follieri (30), que rápidamente viró de príncipe azul a sapo. El último 24 de junio, mientras ella presentaba Súper Agente 86, la película en Los Angeles, dos agentes del FBI esposaban a Follieri en el departamento que alquilaba en la Torre Trump, en la Quinta Avenida neoyorquina. Hoy, el latin lover de quien ella dijo alguna vez “no me imagino la vida sin Raffa. Lo amo con todo y no sé si podría estar alguna vez con otra persona que no fuera él” vive en una celda de cemento –de cuatro metros cuadrados– en el Correccional Metropolitano de Manhattan. Está preso, imputado por catorce cargos, entre ellos, lavado de dinero, estafa y fraude. Podría pasar los próximos veinte años de su vida tras las rejas.

Lujo y negocios sucios. Raffaello Follieri conquistó Nueva York a los 25 años. Nació y creció en Foggia, al sur de Italia, en una familia de clase media, pero en USA se presentaba como empresario inmobiliario con tierras y fortuna en el Viejo Mundo. En buen romance, un chanta, con los bolsillos vacíos pero con estilo europeo. Durante la primavera boreal 2004, deslumbró a Hathaway con un tren de vida deluxe entre los dos mundos: alquilaba un duplex en la Olympic Tower (de Donald Trump), con vista a la catedral de San Patricio, por 37 mil dólares al mes, viajaba siempre en vuelos charteados, dormía –sí o sí– en el Ritz cuando estaba en París o en el Dorchester si se encontraba en Londres, y en Saint Tropez flotaba cada verano en cruceros de más de 40 metros de eslora. Ron Burkle (multimillonario norteamericano, al frente de Yucaipa Companies, amigo de Bill Clinton) cayó en sus redes por un tiempo (está entre los que lo demandan) y lo asoció a algunos negocios.

A esa gran vida, Hathaway le sumó lo que le faltaba: glamour, red carpets y metros de prensa. Pero la bonne vie virtual empezó a tambalear. Ya en abril de 2007, Raffa tuvo una causa por cheques sin fondos (uno por 107 mil dólares con el que había pagado un avión a República Dominicana para asistir, junto a Anne, al cumpleaños del designer Oscar de la Renta). Pero zafó, e inmediatamente sacó a relucir su última carta: se presentaba como asesor inmobiliario del Vaticano y captaba grandes inversores para vender propiedades de la Santa Sede en los Estados Unidos.

Increíble pero real, Vanity Fair escribió que la noche que el FBI lo llevó detenido, el tano planeaba sus treinta años: una fiesta en la isla de Capri. Horas antes, según narraba ese artículo, Hathaway lo había llamado al celular y le habría dicho: “Sos el amor de mi vida, siempre te querré, pero no voy a ir al party”. Se dijo también que la actriz habría colaborado con la investigación que terminó por encarcelarlo. Por intermedio de sus asesores de prensa, lo único que Anne dejó trascender fue la frase que titula esta nota: “Cuando arrestaron a mi novio, entré en estado de shock”. El, por su parte, hizo referencia a su suntuoso lifestyle durante el proceso: “… me desvié de mi camino (…) quizá para adoptar un estilo de vida que no era el mío, que no era capaz de mantener”.

Raffaello admitió cada uno de los 14 cargos que se presentaron en su contra. Incluso, declaró haber logrado “más de 2 millones de dólares a través de una red de compañías pantalla que presentaban falsas asesorías”. ¿Futuro? El juez John Koeltl dictará sentencia en octubre, pero se estima que la condena sería de un mínimo de veinte años de prisión. Hasta el momento, su princesa no lo visitó en la cárcel. Ni le hizo llegar chocolate. De película. ¿Continuará?

Anne sigue perdidamente enamorada de Raffaello. Sale poco –estrictamente por trabajo–, llora todo el día y volvió a vivir con sus padres.

Anne sigue perdidamente enamorada de Raffaello. Sale poco –estrictamente por trabajo–, llora todo el día y volvió a vivir con sus padres.

<i>“Cuando arrestaron a mi novio, entré en estado de shock”</i>

“Cuando arrestaron a mi novio, entré en estado de shock”

<i>“Me desvié de mi camino (…) quizá para adoptar un estilo de vida que no era el mío, que no era capaz de mantener”</i>, dijo Raffaello Follieri en la corte.

“Me desvié de mi camino (…) quizá para adoptar un estilo de vida que no era el mío, que no era capaz de mantener”, dijo Raffaello Follieri en la corte.

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