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Crónica de una gira escandalosa

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La locura empezó el jueves 7 de noviembre, cuando el ídolo aterrizó en la Argentina. Su llegada pobló de fanáticas los alrededores de Puerto Madero, donde Justin Bieber (19) se alojó en sus primeras dos noches en Buenos Aires. El hotel Faena se transformó en un campamento de “beliebers”, con pancartas, banderas, camisetas, vinchas y todo el merchandising imaginable de un producto musical con más de 15 millones de discos vendidos a nivel mundial, 54 millones de fans en Facebook y 40 millones de seguidores en Twitter. El eco de los gritos agudos duró hasta la madrugada y provocó el malestar de los otros huéspedes, lo que habría sido la causa del traslado del artista hacia el hotel Panamericano. Ese mismo día, el teen tuvo su primer contacto con la noche. Para inaugurar su segunda visita a la Argentina, en el marco de su gira Believe Tour, Justin partió de copas por varios boliches porteños, después de una larga previa en su habitación.

EL CORDOBAZO DE BIEBER. El primer acto de Justin en el país había tenido lugar el viernes, en el estadio mundialista Mario Kempes. Viaje en avión privado mediante, junto a su comitiva y sus bailarines, una multitud de fanáticas de entre 12 y 18 años lo recibió en la provincia mediterránea como si se tratara de un beatle. La lluvia no opacó ni bajó la temperatura de las adolescentes, que llegaron en masa para gritar por él, claro.

Bajo la lluvia y una hora después de lo programado, el joven nacido en Canadá salió al escenario vestido de blanco y con sus clásicos anteojos negros. “¡Hola, Argentina! ¿Cómo va?”, saludó a los 30 mil presentes, para empezar su espectáculo cantando All around the world y Take you. Rodeado por tres pantallas gigantes, su banda de músicos y los 12 bailarines que transpiran la camiseta mientras el pibe hace lo suyo, los cordobeses vibraron durante más de dos horas de puro pop norteamericano. Hubo cambios de ropa, canciones lentas y otras tantas para mover las piernas y hacer delirar a la tribuna femenina, que se hizo sentir a fuerza de sollozos teens. La lista de temas siguió con Catching a fire, One time, Eenie meenie, Somebody to love y Love me like you do, y el momento romántico donde Justin eligió a una chica del público para entonarle al oído One less lonely girl. Le siguieron Never say never, As long as you love, Boyfriend, Baby y Satisfaction. La noche terminó despejada y el avión lo trajo de vuelta para Buenos Aires, donde empezarían los problemas para el intérprete. Esa misma madrugada (nótese que el muchacho no tuvo descanso) volvió a pisar un boliche del barrio de Palermo.

PIÑAS, DESCONTROL Y DESPEDIDA. Para culminar una velada que parecía perfecta, Justin y sus diez guardaespaldas (y sus tres camionetas) continuaron la maratón en la calle Niceto Vega, en la discoteca INK Buenos Aires. Llegaron acompañados por cuatro señoritas, con las mismas que se retiraron, y permanecieron en el vip tomando champagne. Nadie pagó los 5 mil pesos que consumieron. Se fueron con la luz del día y los hombres de seguridad tuvieron un último trabajo. Después de que el fotógrafo Diego Pesoa intentara retratar en su retirada al astro adolescente, los patovicas personales del cantante lo corrieron hasta la esquina y le sacaron la cámara, a fuerza de piñas y patadas. La denuncia no sirvió para allanar el hotel Panamericano, su segunda morada en el país tras las quejas y destrozos que ocasionó en la habitación 601 del Faena. Al día siguiente, como si nada hubiese pasado, Bieber brindó su primer recital en el estadio Monumental. El domingo habría más problemas.

EL SHOW DEBIO CONTINUAR. El sábado, después de River, el clan Bieber volvió a recorrer la noche porteña, aunque nadie pudo seguir sus pasos. Ante cada fanático que se escondía para sacarle una foto, los hombres de seguridad se encargaron de incautar celulares para ocultar los excesos del jefe. Al día siguiente, algo olió raro. “No me siento bien. En este momento sigo bastante enfermo. Pero tengo un show que hacer en Argentina. Las amo”, escribió el cantante en Twitter. Y agregó: “Esto es horrible, estoy enfermo. ¡Comida intoxicada!”. Sus fanáticos comenzaban a preocuparse, pero nadie de la organización advirtió la posibilidad de suspender la fiesta. El show arrancó a la hora señalada... hasta que Justin dijo “basta”, a media hora de iniciado el recital. Salió en cueros y dio la cara: “No me siento muy bien. Es horrible tener que hacer esto y decepcionar a mis fans. Les pido disculpas. Los amo”, dijo y se refugió en su camarín. Según el comunicado de su manager, “el domingo por la mañana, cerca de las 10, los médicos decidieron suministrarle suero y medicina intravenosa hasta las 6 de la tarde, horario en el cual partió hacia el estadio. A las 23:27, cuando ya percibía que no podía continuar con el show, su DJ comenzó a tocar unas canciones mientras el artista intentaba recuperarse. Viendo que ya no contaba con fuerzas para poder seguir adelante, regresó al escenario para contarle a la audiencia los hechos ocurridos, porque ya no podía continuar”. Concierto suspendido. Y ya no hubo más explicaciones para tanta frustración, meses de espera y dinero invertido en las costosas entradas. Sí mucha preocupación por la salud del ídolo internacional. Hasta la vista, baby“El domingo por la mañana, los médicos decidieron suministrarle suero y medicina intravenosa hasta las 6 de la tarde, horario en el cual partió hacia el estadio. Se decide retrasar su salida al escenario, para intentar que Justin recupere energías. Una hora aproximada del comienzo del espectáculo, Justin debió alejarse del escenario, ya que su malestar era cada vez mayor, hasta volverse insoportable. A las 23:27, viendo que Justin no contaba con fuerzas para seguir adelante, regresó para contarle a la audiencia los hechos ocurridos. Ya no podía continuar”.

“El domingo por la mañana, los médicos decidieron suministrarle suero y medicina intravenosa hasta las 6 de la tarde, horario en el cual partió hacia el estadio. Se decide retrasar su salida al escenario, para intentar que Justin recupere energías. Una hora aproximada del comienzo del espectáculo, Justin debió alejarse del escenario, ya que su malestar era cada vez mayor, hasta volverse insoportable. A las 23:27, viendo que Justin no contaba con fuerzas para seguir adelante, regresó para contarle a la audiencia los hechos ocurridos. Ya no podía continuar”.

Circundado por uno de sus security men, el intérprete se excusa ante su público: “Perdón, es horrible tener que abandonar el show, pero me siento muy mal. Los amo”.

Circundado por uno de sus security men, el intérprete se excusa ante su público: “Perdón, es horrible tener que abandonar el show, pero me siento muy mal. Los amo”.

Las “beliebers

Las “beliebers" no pueden creer que su ídolo las haya abandonado.

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