“Corría contra una Ferrari, pero pinchó un neumático y gané” – GENTE Online
 

“Corría contra una Ferrari, pero pinchó un neumático y gané”

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"Parece que finalmente la Ferrari pinchó un neumático!”, reconoce en voz baja cerca de las diez de la noche del domingo 5, a la salida del Kodak Theatre, con la sonrisa de aquel nene que cometió una picardía sin que el padre se enterara. ¿Qué Ferrari? ¿Qué neumático? ¿De qué hablamos? Mejor retrocedamos a las cinco y cuarto de la tarde, cuando el barbado caballero caminaba la alfombra roja rumbo al mayor sueño de su carrera…

–¿Cómo imagina la pulseada entre David-Santaolalla y Goliat-Williams?
–Los otros días me fui a comprar un auto para andar por acá, por Los Angeles. Dentro de mis preferencias elegí un Mini Cooper. Entonces, cuando me enteré de mi candidatura junto a John Williams, el genio que ideó, entre otras, las bandas sonoras de La guerra de las galaxias, Tiburón, Jurassic Park, Indiana Jones, Harry Potter, E.T., Pearl Harbor y Superman, reflexioné: “Lo nominaron cuarenta y cinco veces, ganó cinco… Sí, en la previa es como que un Mini Cooper corra contra una Ferrari. Mi única posibilidad es que la Ferrari pinche un neumático. Y no lo descarto”, pensaba confiado.

–¿En serio?

–De corazón.

Bueno, y repetimos sus dichos, parece nomás que finalmente la Ferrari (John Williams, 74, neoyorquino, leyenda) pinchó un neumático y Gustavo Santaolalla (54, porteño, director, compositor y productor), que iba conduciendo el Mini Cooper, llegó primero al Oscar, convirtiéndose en el cuarto argentino que abraza al hombrecillo dorado luego de que se lo llevaran a sus casas Luis Puenzo (Película extranjera, por La historia oficial; 1985), Luis Bacalov (Música, por El cartero; 1994) y Eugenio Zanetti (Dirección de arte, por Restauración; 1995).

“Estoy muy orgulloso de haber participado en un filme que nos demuestra de nuevo que el amor es lo que nos hace a todos similares –le apuntó al lente un mensaje que penetraba en los oídos de mil millones de espectadores–. Quiero darles las gracias a Ang Lee y a cada empleado de los estudios Focus. A mi socio y hermano Aníbal Kerpel. Quiero darles las gracias a mi familia, a mi esposa Alejandra, a mis hijos Ana, Luna y Juan Manuel. Y quiero dedicarle el Oscar a mi madre,Ofelia, a mi país, Argentina, y a todos los latinos. Es para Latinoamérica. Gracias”, superó en un segundo el minuto permitido, cuando la orquesta ya empezaba a despedirlo.

–¿Un minuto y un segundo que resumió una vida de trabajo?
–Cuando accedés a ciertos lugares de privilegio comprendés que en realidad el éxito resulta ser el fruto de algo. No se trata sólo de la cara de uno, la jeta de uno, como decimos en nuestra tierra. Han sido años, años y años de esfuerzo, pero también años, años y años del aporte de mucha gente que me acompañó desde mi infancia en Ciudad Jardín, desde la época de Arco Iris en los 70’, desde mi partida a los Estados Unidos casi tres décadas atrás, desde la fundación de Surco Records, desde los innumerables regresos para acercarme a tantos grupos y temas, desde los diez Grammy, desde el reciente Globo de Oro que ahora complementa el Oscar…

–Escúchese, Santaolalla: el Oscar. ¿Sabe de lo que habla, verdad?
–Todavía creo que no.

El domingo, estatuilla dorada en mano.

El domingo, estatuilla dorada en mano.

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