«Convivir con alguien del otro sexo siempre es algo tremendo» – GENTE Online
 

"Convivir con alguien del otro sexo siempre es algo tremendo"

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Son las dos de la tarde y hace muchas horas que uno de los estudios de Pampa,
en Martínez, está en plena actividad. La norma indica que la gente, cuando está
excedida de trabajo, a veces resopla. Pero aquí, entre las luces, cámaras y la
acción, nadie muestra vestigios de cansancio. Es más, todos los participantes de
Amor mío, la sitcom ascendente de Telefe, tienen una sonrisa
permanente a la hora de hablar de sus personajes.

Romina Yan (30) y Damián de Santo (37) protagonizan la historia: hermanastros
-que se odian, obviamente- obligados a vivir bajo el mismo techo, que las
circunstancias los llevarán a acercarse cada vez más. La chica que se encuentra
con el chico. Y, como si esto fuera poco, la química que se ve en la pantalla
también se deja ver cuando se apagan las cámaras.

"Yo tenía la idea de este programa desde el 2000. Se lo consulté a mi mamá
(la madre en cuestión no es otra que la multi-exitosa Cris Morena), le
pareció bueno y empezamos a armarlo. Y las dos pensamos automáticamente en
Damián
", dice Romina.

El la interrumpe, ella lo calla. Como si fueran hermanos, o casi. El la
carga, ella se defiende. Pero al final se ríen. "Si no hacíamos este
programa, no hacíamos nada
", afirman juntos.

La crisis del 2000 frenó la realización, pero no las ganas. Romina Yan cuidó
a sus hijos -Franco (5) y Valentín (2 y medio)-, y participó de una telenovela,
Abre tus ojos. Y Damián de Santo, en marzo del año pasado, hizo las
valijas junto a su familia (su mujer, Vanina Bilous, y su hijo Joaquín, de 3
años) y partió rumbo a Villa Giardino, Córdoba. En busca de algo de paz, allí se
instaló, construyó unas cabañas y se dedicó al negocio inmobiliario. De actor a
entrepreneur. "A mí Buenos Aires no me gusta para nada. Vivo acá por mi
trabajo, porque las cosas pasan acá, las productoras están acá. Pero yo estaba
feliz en Córdoba. Volví por
Amor mío; si no, no volvía. Soy un inútil, lo
único que sé hacer es actuar. No sirvo para otra cosa
", explica el galán.

Le retocan el maquillaje, le acomodan el pelo y él se queda quietito. Sin
embargo, la veta histriónica lo arrastra y abraza a María Eugenia Suárez -su
hermanita adolescente en la ficción-, advierte a los presentes que no la miren
demasiado porque es muy linda, y sin sucesión de cambio le presenta a esta
periodista a su "pareja", una señora con varias décadas a cuestas, y
después monologa en voz alta sobre su condición de "pater familias",
marido ejemplar y demás temas terrenales.

Esto de la convivencia por obligación parece ser una experiencia
catastrófica. De Santo recuerda situaciones adversas de su pasado: "Una vez
me fui de vacaciones con amigos y la convivencia fue tan tremenda que todo
terminó mal. Eché a todo el mundo. Bah, convivir con alguien del otro sexo
siempre es algo tremendo
". Y desde el otro costado, el género femenino
observa, en silencio. Las mujeres, dicen, son más complicadas, menos lineales
que los hombres. Y Romina confirma la regla: "Yo soy bastante compleja, pero
trato de no jorobar a la hora de convivir. Estoy todo el tiempo conciliando,
aunque no me guste. Eso sí, aguanto, aguanto y aguanto, hasta que exploto y el
otro no entiende nada. Pero convivir, lo hice solamente con mi marido. Cuando me
quise ir a vivir sola, no me dejaron, y después me fui a vivir con Darío
(Giordano),
claro que eso fue cuando nos casamos
".

La grabación para durante una hora y todos almuerzan en dulce montón. Como si
fueran una gran familia. Sí, parece una frase hecha, pero no lo es. Actores,
cámaras, técnicos, peluqueras y maquilladoras hablan fuerte, se ríen y comen.
Hasta que el productor los arría y vuelven al set para la siguiente toma.
Entra el director y marca la escena. Tomás Yankelevich, hermano de Romina y el
menor de la familia televisiva, repasa la letra con los actores, bajo la atenta
mirada de todos. "Hacemos el programa que nos gusta y además nos acompañan
los números. En principio, Amor mío estaba pensado para el formato de unitario,
pero la transformamos en
sitcom por una cuestión de presupuesto. Dirigir,
para mí, es una gran pasión
". Tomás estudió cine en los Estados Unidos y
hace unos años volvió a su país. Dirigió una película, Vivir intentando,
con las chicas de Bandana, y ahora el programa que protagoniza su hermana. "Yo
no podría haber sido otra cosa. Desde chico que estoy metido en esto y esto es
parte de mi familia. Igual, cuando estamos todos juntos, no hablamos de trabajo,
hablamos de nuestras cosas. Somos una familia como cualquiera. La diferencia
entre trabajar en los Estados Unidos y en la Argentina, pasa por la
responsabilidad: acá estoy mucho más comprometido con todo
".

Y además habla de sus ganas de dirigir otro largo, pero "para eso hay
tiempo
". No quiere mezclar. Dice que los tiempos de la televisión lo tienen
tomado y que para hacer cine necesita dedicarse sólo a eso. Y se ve. Todos
tienen la energía puesta en Amor mío. Los protagonistas, pero también María
Valenzuela -Maggie, madre de Yan- Arturo Bonín -Andrés, el padre de De Santo- y
el elenco que los acompaña.

La jornada es de doce horas, pero no hay quejas al respecto. Todos agradecen
por la química, la buena relación y el rating, que sigue subiendo.

Romina y Damián en el living de la casa en la que conviven... en la ficción. Desde el 2000 que tengo la idea del programa", dice ella.

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Romina y Damián en el living de la casa en la que conviven... en la ficción. "Desde el 2000 que tengo la idea del programa", dice ella.

Tomás Yankelevich, el director de <i>Amor mío</i> y hermano de Romina, marcando la escena junto a la pareja protagonista.  </p>
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Tomás Yankelevich, el director de Amor mío y hermano de Romina, marcando la escena junto a la pareja protagonista.

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