“Conocí a Tom Wolfe: ¡ya puedo morir tranquilo!” – GENTE Online
 

“Conocí a Tom Wolfe: ¡ya puedo morir tranquilo!”

Maestro, ¿me firma –¿Todavía conserva este libro? –¡Seguro! ¡Y también una revista Rolling Stone de 1974 con una nota escrita por usted! Los guardé porque esperaba encontrarlo en alguna calle de Buenos Aires para que me los dedicara…

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La charla, en inglés, sucedió el sábado en la residencia del embajador norteamericano, Earl Anthony Wayne, Libertador al 3500. Allí, Roberto Pettinato (51) conquistó el trofeo que esperó a lo largo de tres décadas: su ídolo Tom Wolfe (77), llamado con justicia padre del Nuevo Periodismo, le firmó su ejemplar de Mauve Gloves & Madmen, Clutter & Vine, de 1976, que compró hace más de treinta años.

Invitado por la embajada de los Estados Unidos, el autor de, entre otros títulos, La hoguera de las vanidades, La izquierda exquisita, Maumallando al parachoques, vino al país por segunda vez para desgranar una charla, como máxima figura en la Feria del Libro.

Pettinato, fan de Wolfe como la mayoría de los periodistas made in USA y latinos por su audaz renovación del lenguaje, estuvo con su mujer, la artista plástica Karina El Azem (37), que lució su embarazo de siete meses. Ellos fueron de los primeros en llegar. Wolfe les presentó a su pareja, la diseñadora gráfica Sheila Berger, y una vez más confesó su idolatría por Astor Piazzolla, al que considera uno de los mayores compositores del siglo XX. “Tengo todos sus discos, y lo amo tanto que estoy aprendiendo a bailar el tango con Sheila. Pero no me pidan una demostración: éste no es el mejor lugar…”, bromeó.

Como desde hace casi medio siglo, cuando desistió de ser arquitecto y abrazó el periodismo, apareció enfundado en un traje blanco cortado por Vincent Nicolosi, “mi sastre italiano personal. Empecé a vestirme así para fabricarme una personalidad, y ese look me acompañó toda la vida”, dijo.

Cuando Wolfe estaba a punto de partir, pidió que le contaran algo más de Pettinato, porque “sin duda es alguien distinto y muy interesante. Conocerlo fue un gran placer”.

Al otro día, y fiel a su pasión por la calle y la gente (“¡Salgan! No se queden en sus escritorios. El gran espectáculo está en la calle”, les aconsejaba a los editores de su tiempo), recorrió San Telmo y Recoleta. Luego fue al Cervantes a ver la operita María de Buenos Aires, de Astor Piazzolla y Horacio Ferrer (1968), y a la noche se copó con el show Rojo Tango en el hotel Faena, donde se alojó.

Si el lunes a la mañana, en su suite, el gran escritor hubiera sintonizado FM 100, habría escuchado a un Petti eufórico exclamando: “El sábado conocí a Tom Wolfe. ¡Ahora me puedo morir tranquilo!”. Claro que el norteamericano difícilmente se haya despertado a las seis de la mañana, después de una noche a puro tango.

Roberto con Karina, su mujer; el célebre Tom Wolfe, y Sheila Berger, la esposa del escritor.

Roberto con Karina, su mujer; el célebre Tom Wolfe, y Sheila Berger, la esposa del escritor.

En medio de la charla, Pettinato lo sorprendió: le mostró uno de sus libros –edición de la década del ’60– y una revista Rolling Stone con una famosa nota de Wolfe de aquellos años. Enseguida, dedicatoria,  firma y abrazo de fan…

En medio de la charla, Pettinato lo sorprendió: le mostró uno de sus libros –edición de la década del ’60– y una revista Rolling Stone con una famosa nota de Wolfe de aquellos años. Enseguida, dedicatoria, firma y abrazo de fan…

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