Con sólo 4 meses necesitaba un transplante hepático y el donante fue su papá: “Cuando me dijeron que existía esa posibilidad no lo dudé ni un minuto” – GENTE Online
 

Con sólo 4 meses necesitaba un transplante hepático y el donante fue su papá: “Cuando me dijeron que existía esa posibilidad no lo dudé ni un minuto”

En el Día de la persona Donante, GENTE habló con Iván que contó la conmovedora historia que atravesó en 2015 con su beba en el Hospital Garrahan; hoy Olivia festeja sus 6 años.
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Olivia tenía sólo 4 meses cuando sus papás notaron que algo no estaba bien. La beba lloraba mucho cada vez que le tocaban un brazo. Al principio pensaron que se trataba de algún golpe y la llevaron a un hospital de la obra social y luego a otro en Wilde, cerca de su casa. 

En los dos lugares la revisaron y la enviaron a su casa. Pero en vez de volver al hogar, decidieron ir a Casa Cuna, donde un traumatólogo les dijo que le tenían que hacer unos estudios pero que tenían turno para dentro de un par de meses. 

No se quedaron tranquilos. “Algo más había”, dice Iván, en diálogo con GENTE.  Así que después de la gira por las distintas instituciones, ese instinto los llevó al Hospital Garrahan, ubicado en el barrio de Parque Patricios de Capital Federal.

Ese día, a Olivia le hicieron una punción para sacarle líquido de los codos y un prequirúrgico que arrojó que la sangre no coagulaba. Iván dice que los médicos “tuvieron el ojo enseguida” para saber que algo estaba pasando. “Nos quedamos esa noche y pasaron muchos médicos a controlarla. Al otro día nos dijeron que Olivia necesitaba un transplante."

Tras una serie de estudios, los profesionales descubrieron que la beba padecía atresia de vías biliares: una obstrucción de los conductos que transportan el líquido llamado bilis desde el hígado hasta la vesícula biliar. 

Esta enfermedad es la primera causa de trasplante hepático en el mundo, ya que puede llevar a daño hepático y cirrosis. “Se nos vino el mundo abajo. Sólo escuchar la palabra trasplante, suena una situación tan compleja”, recuerda Iván y añade: “Cuando nace tu hija te preparas para abrazarla, cuidarla, vestirla y jugar con ella. Y de repente te hablan de trasplante”. 

Una vez definida la necesidad del trasplante, los médicos explicaron que había dos posibilidades: un donante cadavérico o un donante vivo. Iván no lo dudó un minuto:  había compatibilidad.  "Decidí que esa era la parte que me tocaba a mí para que cuando se recuperara Olivia pueda estar con su mamá”. 

El camino a la recuperación

La preocupación crecía día a día y el cuadro se hacía más visible. Yesica es enfermera, pero esta vez su pequeña hija era la paciente. “Olivia tenía los ojos amarillos, el abdomen muy inflamado. Fue muy duro ver como a cada rato le sacaban sangre, le pasaban medicamentos por vías”.

Para Iván lo más difícil fue el día que volvió a su casa por la noche y se encontró solo. Su hijo Damián había quedado al cuidado de sus abuelos, su mujer con Olivia en el hospital. “Yo que un día tenía toda una familia estaba de pronto parado solo, en medio de una habitación oscura”.

“Me iba al trabajo, de ahí al hospital y volvía a mi casa solo. No había nadie. Fueron seis meses de pura angustia. Todos los días eran grises”, sigue. 

Finalmente, llegó el día de la operación. En el momento en que Olivia empezaba a ser trasplantada, él seguía en el quirófano del Argerich para finalizar la intervención por la que le extirparon el segmento lateral izquierdo del hígado. El doctor Imventarza fue quien estuvo a cargo de las dos operaciones y viajó de una lado a otro con la parte del hígado de donante vivo para la niña, que ya había cumplido 8 meses. 

Iván pasó dos días en el Argerich sin poder ver a Olivia. Cuando por fin pudo ver a su hija dice que casi no la reconoció. “Estaba tan distinta: antes estaba toda amarilla, tenía poco pelo, el abdomen inflamado. Cuando la pude ver tenía ojos de otro color, brillo en el pelo. Recuerdo eso y se me pone la piel de gallina: era otra nena, sonreía todo el tiempo”.

El papá de Olivia reconoce que esa experiencia “le abrió la cabeza” y sintió la necesidad de aportar desde algún lugar a que un chico “vuelva a ser feliz”.  Por eso mientras sigue con su trabajo como cadete estudia para ser enfermero, como su mujer.

Dice que lo que pasó con Olivia tiene que ver “un 100%” con su decisión. “Cuando estuve en el Garrahan con mi hija vi todos los días la labor que hacen con los chicos. Te cruzas con casos muy complejos, y con los chicos, que sólo quieren estar bien para poder jugar”, dice emocionado.

A partir de ese día, Olivia fue mejorando cada día. Hoy con seis años, ya está en primer grado y, si bien mantiene controles, lleva una vida “totalmente normal”. “En el hospital siempre te encontrás con diferentes padres con miedo, incertidumbre. Desde mi lugar les digo que se pasan por algo como esto, que se animen. Los profesionales son geniales y cada una de las persona que conforman el hospital hacen que el trabajo sea magnífico". 

Olivia conoce su historia. Hay fotos, videos y una cicatriz que la llena de curiosidad y siempre le pregunta a sus padres por la experiencia que vivió. ”Siempre le hablamos del tema. Aprovechamos para que tome conciencia sobre su medicación, y que tiene que comer sano. pero también le enseñamos la importancia de disfrutar de los momentos”.

Iván vuelve cada día a su casa y ya nunca está solo. Mira a su mujer y a sus hijos y sabe que no necesita nada más. 

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