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“Con mis amigas nos preguntamos: ¿Dónde están los hombres?”

“Con mis amigas nos preguntamos: ¿Dónde están los hombres?”

Redacción Gente

Gabriela Sabatini es marca registrada. Y vende. Perfumes, ropa, relojes,
toallas y frazadas en todo el globo. Hoy es la presentación de una nueva
fragancia: Devotion, que, según su marketinero eslogan, "despierta la
codicia
". "Es lo que tengo puesto ahora", dice
Gabriela Sabatini en la suite presidencial del Caesar Park Hotel. Y ofrece su
cuello, exquisito y tentador. Viste remera blanca, pantalón negro y botas de
cuero. "Este es mi sexto perfume de mujeres. Es dulce: tiene fragancias
de flores y frutas
", agrega.

Su tarjeta de presentación tiene su nombre grabado en letras negras sobre un
fondo blanco. Apenas Gabriela Sabatini. Y, sin dudas es suficiente.

–¿Cómo definiría su actividad actual, Gabriela?
–En los formularios de avión pongo "empresaria"; creo que esa
es la mejor definición. Desde que dejé de jugar, me dediqué por completo a la
elaboración de productos. Definitivamente, el tenis ya es parte de mi pasado.

Gabriela Sabatini –como marca registrada– concentra su mayoría de
adeptos en Brasil, Alemania, Holanda, Suiza, Polonia, Eslovaquia y Rusia, aunque
este nuevo Devotion ya agotó stock en la Argentina. Está claro: cinco años
después del tenis, el nombre aún vende. "En el tenis, si ganás
torneos no tenés problemas. Quizá, cuando jugaba y estaba ahí arriba, todo el
tiempo ante el público, ganaba más
", confiesa Gabriela-empresaria.
"Pero el tenis ya es parte de mi pasado", insiste, por si
hiciera falta.

–¿Mira tenis por televisión?
–Sigo lo que puedo. Pero tampoco me mueve el piso, no es cuestión de vida
o muerte. Trato de seguir la campaña de los argentinos, que vienen muy bien.

–¿Cuál es la tenista que más le gusta hoy?
–Hoy por hoy, creo que Martina Hingis es la más completa en su juego. Yo
llegué a jugar dos veces con ella y ganamos una y una.

–Frente a la pantalla, ¿por momentos le viene el pensamiento "A
esta me la como cruda"?
–No. Es que ni siquiera me imagino yo adentro de la cancha. Soy como una
más que nunca jugó y está mirando un partido de tenis. Puedo entender lo que
se siente porque lo viví, nada más.

–¿Cree que evolucionó el tenis en estos cinco años?
–En realidad, lo que veo es que le están pegando mucho más fuerte a la
pelota. Y eso no implica una evolución. Prefiero a alguien que pueda hacer
muchas cosas con la pelota, y no solo pegarle fuerte. Yo me identifico más con
el tenis de antes. Hoy las jugadoras son cada vez más jóvenes y más
grandotas, tienen unos físicos impresionantes.

–¿Cuándo piensa "qué suerte que no juego más al tenis"?
–Nunca, porque no guardo rencores con el deporte. Yo dejé el tenis cuando
ya no lo disfrutaba y extrañaba una vida más normal.

–¿Cómo es su vida "normal" hoy?
–Con mucho más tiempo para mis amigos y mi familia. Para leer, ir a
lugares que no he ido, para salir con amigos y quedarme charlando hasta bien
tarde… Antes, estaba todo el tiempo mirando el reloj, pensando que tenía que
ir a comer temprano para no acostarme tarde. Cuando dejé, sentí que me sacaba
toda esa presión de encima. Fue una liberación.

–¿Cuándo fue la última vez que agarró una raqueta de tenis?
–En diciembre pasado. Pero antes de eso, la última vez había sido en
marzo de 2000.

–Describa sus sensaciones dentro de una cancha hoy, por favor.
–Nada impactante: juego veinte minutos y me aburro.

En la habitación contigua meriendan dos representantes de la firma
Cosmopolitan Cosmetics junto a la madre de Gabriela, Betty. Ningún gentil
caballero la espera. "Gabriela necesita un hombre con mucha personalidad
a su lado, alguien que pueda lidiar con su fama
", sentencia mamá Betty.
Evidentemente, Gaby sigue sola, parece.

–¿Está sola, Gabriela?
–Sí, no hay novio. ¿Dónde están los hombres argentinos? Recién estaba
hablando con mis amigas de ese tema, y están en la misma situación… Yo no
sé qué pasa, pero es difícil encontrar a alguien con quien tener una charla
profunda.

–¿Los hombres no se le animan?
–No, no mucho. A lo sumo me dejan alguna nota, unas flores y una tarjeta,
pero ni siquiera dan la cara.

–Y entonces usted piensa: "Son unos cobardes".
–No sé, también es un lindo detalle. Pero yo tampoco puedo andar
llamando a un tipo que ni conozco sólo porque me deja una tarjeta… ¡Por lo
menos que me dejen una foto!

–¿Cree que el hecho de ser Gabriela Sabatini los aleja?
–Yo creo que los hombres se inhiben conmigo. Pero yo quisiera hacerles
saber que soy una más, como cualquier otra. No sé, dicen que tengo una imagen
muy fuerte…

–Rara vez se la fotografió con un muchacho. ¿Está muy sola o es
prolija para los mandados?
–Es fácil evitar a los fotógrafos. No salgo todos los días con alguien
diferente, pero cuando salgo con alguien, soy discreta. O prolija, como quieras
llamarlo.

–¿Cuándo tuvo su última cita?
–Fue hace un par de meses ya, pero el lugar me lo reservo porque es un
restaurante al que suelo ir. Y, antes que preguntes, te aclaro que no prosperó.

–¿Cuál es el obstáculo más común en sus relaciones?
–Yo creo que el hombre hoy rechaza el compromiso. Porque hay un momento en
que si no te querés comprometer, ahí se termina la historia. Y adiós. A mí
me pasó muchas veces. Es como que llego hasta ahí y no consigo dar el paso
siguiente.

–¿Es consciente de que todo el país la quiere ver en pareja?
–Sí, lo tengo bien en claro. Pero también soy consciente de que cuando
me ponga de novia me van a querer casar, y después me van a pedir hijos…
Siempre va a haber algo. Intento llevarlo de la mejor forma, porque si me pongo
esa presión, tengo que matarme.

–Noviazgo, matrimonio y maternidad. ¿Ese orden es importante para
usted?
–Sí, pero no fundamental. Es el orden ideal y a mí me gustaría que
fuese de esa manera. Pero también soy consciente de que las cosas se dan como
tienen que darse.

–¿Acaso alguna vez fantaseó con ser madre soltera?
–No, porque creo en el concepto de familia. Y entiendo que un padre es tan
importante como una madre. Sinceramente, quisiera tener una familia tan linda
como la mía.

La familia Sabatini siempre se mostró unida. Acá en la Argentina o junto a
una cancha de tenis en cualquier lugar del globo. Juntos, entonces, hoy padecen
la crisis matrimonial de Ova y Catherine Fulop. "Yo prefiero no meterme
en esa situación. Los problemas de pareja se arreglan en la pareja"
,
se excusa Gabriela. Durante la producción fotográfica, Betty cruzará los
dedos cada vez que alguien mencione la palabra "reconciliación".
También se dirá preocupada porque Catherine volvió a tomar el hábito del
cigarrillo, y se entusiasmará con las clases de danza que compartirán la
semana próxima.

Con su espalda descubierta, Gabriela exhibe un físico imponente. "Salgo
a correr todos los días y voy al gimnasio dos veces por semana
–se
confiesa–. Ahí hago spinning o tomo una clase de kick boxing. Hago
también un poquito de aparatos. Sentirme bien es esencial en mi vida. Si me
mirara en el espejo y me viera gorda, no me sentiría bien conmigo misma
".

–¿Cambió físicamente en estos cinco años sin tenis?
–Yo no me doy cuenta, pero la gente me dice que estoy más flaca. En
realidad peso los mismos 65 kilos de siempre, pero puede ser que esté más
fina, que ya no tenga tanto músculo y el cuerpo se me haya achicado.

–¿Hoy se siente una mujer deseable?
–¡Eso espero! Yo me siento bien, segura de mí misma.

–¿Los poetas de la calle, muchachos de las obras, le dicen piropos?
–Por ahí me chistan, pero cuando se dan cuenta de quién soy se corrigen
con un "ídola".

–¿Y usted preferiría un potente y sincero "Potra"?
–Mmm… Digamos que eso de "ídola" es muy lindo también.Los hombres le tienen miedo al compromiso. Es como que llego hasta ahI y no consigo dar el paso siguiente. Y entonces se termina la historia“.”>

Los hombres le tienen miedo al compromiso. Es como que llego hasta ahI y no consigo dar el paso siguiente. Y entonces se termina la historia“.

Frente al espejo me siento bien, segura de mí misma. Peso los mismos 65 kilos de siempre, pero todos dicen que mi cuerpo se afinó“, dice Gabriela.”>

Frente al espejo me siento bien, segura de mí misma. Peso los mismos 65 kilos de siempre, pero todos dicen que mi cuerpo se afinó“, dice Gabriela.

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