«Con Kirchner funcionamos muy bien. Me consulta, pero no porque soy su esposa» – GENTE Online
 

"Con Kirchner funcionamos muy bien. Me consulta, pero no porque soy su esposa"

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Me pongo un sombrero, la bufanda, la campera, y vamos a hacer fotos afuera…

Pero llueve frente al glaciar Perito Moreno en este viernes de diciembre. Llueve desde hace
horas. A veces diluvia, y otras garúa. Y hace frío, de yapa. Cristina Fernández de Kirchner (50) no duda en salir de la calidez del living de la hostería Los Notros. "¿Qué pasa con estos porteños?-nos desafía- No se olviden que soy santacruceña, acostumbrada
al clima de montaña…
", y se ríe mirando hacia el sillón donde la esperará su marido, el presidente Néstor Kirchner, durante una hora. Y sale. Bajo el agua, sobre un puente, se la ve feliz. Este -El Calafate, provincia de Santa Cruz- es, y lo dirá, su lugar en el mundo.
Pero hoy, aquí, y ahora, su lugar es otro. Senadora, por un lado, de las que dan pelea. Y, desde hace siete meses, Primera Dama. Definitivamente, lo primero le gusta más que lo segundo. Y, por lo que confesará por primera vez, tras pedir un té, aceptar el nuevo rol fue arduo.

-¿Es así, le costó ser Primera Dama?
-Me costó asumir el rol de estar casada con el Presidente, vivir en Olivos y al mismo tiempo ser senadora. Yo necesito un tiempo para situarme en el lugar que ocupo, y de repente, de un día para el otro, estaba en Olivos, con toda mi vida anterior modificada.

-¿Fue traumático?
-Imaginate. Me tuve que mudar de Río Gallegos, donde siempre viví, cambiar a mi hija de colegio, de ambiente, fue muy fuerte. Y, convengamos, no lo hice en Suiza (sonríe). El entorno político social y económico nuestro es gravísimo. Creo que sería anormal si hubiera estado fantástica y divina. Pero yo pensaba que estaba fallando. Porque así como soy crítica con los demás, soy despiadada conmigo misma.

-¿Qué se critica?
-Y... no tener demasiada paciencia, exigir tanto a los demás como a
mí misma. Kirchner me dice que hay que exigirle a la gente en la medida
que pueda dar, porque sino se frustra la gente y se frustra uno.
Tiene razón. Pero soy obsesivamente perfeccionista. Y eso tiene
sus ventajas y sus desventajas.

-¿Ya asumió que vive en Olivos y que es Primera Dama?
-Sí. Por lo pronto, recuperé la voz. Estuve los dos primeros meses somatizando.
Estaba desesperada, no podía hablar. Casi me sentía una minusválida. Estaba mal, mal... Pero bueno, me adapté. De todas formas, sigo extrañando mi vida anterior.

-¿Qué cosas extraña?
-Mirá, el otro día fui por primera vez a mi departamento de Capital. Estaba tal cual lo había dejado. Mis cuadros, mis libros, mis rincones, y se me cayeron las lágrimas. Lo mismo me pasó cuando dejé la residencia del gobernador en Río Gallegos. Florencia entró a esa casa con un año de edad... Recién empezaba a caminar, se bamboleaba con sus pañales por toda la casa. Cuando entré a nuestro dormitorio sin nuestra cama -porque era mía y me la llevé- y lo vi vacío, y después fui al cuarto de juegos de Florencia, donde tenía sus Barbies, me
puse a llorar como una idiota. Me dio bronca, pensé para mí: "Con todas las cosas que le pasan al mundo y al país y vos llorando por estas pavadas".

Con el glaciar Perito Moreno de fondo, Cristina Fernández contó que durante los dos primeros meses de gobierno y a raíz de los cambios en su vida, somatizó y perdió la voz.

Con el glaciar Perito Moreno de fondo, Cristina Fernández contó que durante los dos primeros meses de gobierno y a raíz de los cambios en su vida, somatizó y perdió la voz.

"Con mi marido no nos desenchufamos nunca de la política", dice. A solas con GENTE admitió que todavía extraña su vida anterior: "Cuando esto pase, quisiera ser profesora
universitaria y dedicarme a cuidar mis rosas".

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