“Con Gonzalo estamos bien, reconciliándonos” – GENTE Online
 

“Con Gonzalo estamos bien, reconciliándonos”

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A ella no le gustan las entrevistas, ni hacer fotos. Tampoco que repitan su nombre en diminutivo y, menos que menos, referirse a su intrigante vida privada... Sin embargo, como se muestra educada, simpática, cordial y respetuosa durante la charla, Juana Viale (27) permite que el diálogo avance y lentamente vaya creciendo y se enriquezca. No se niega a contestar nada, aunque se le pregunten detalles más que íntimos... Como por ejemplo el acercamiento con su ¿ex? Gonzalo Valenzuela (31), su último hombre. Instalada en su suite del Pinamar Beach Resort parece a la defensiva, aunque justo es decir que semejante valoración termina siendo sólo un preconcepto de este cronista.

Luce una musculosa sin corpiño (nunca los usa), un short que luego cambiará por un pantalón muy hippie chic, el pelo larguísimo, los ojos color miel que brillan y la cara lavada. Enciende el primer Philip Morris y espera (percepción del entrevistador), agazapada.

–¿Podemos ir de entrada al punto...?
–De inflexión, ja, ja, ja.

–¿Cómo estás hoy con Gonzalo (Valenzuela)?
–¡Bien! Reconciliándonos. Todo es un proceso. Hay una familia, está mi hijo Silvestre, que el 23 de enero cumple dos años... Entonces, es un tema superdelicado, que no me parece para divulgarlo, pero estoy bien.

–Como que el amor renació...
–No es sólo el amor lo que debe renacer. Hay otras cosas. La pareja implica mucho más que eso. Es complicado, pero bueno, lo estamos intentando.

–¿Ya conviven, o están ahí...?
–No, no convivimos. El tiene su casa, yo la mía. Estamos empezando a resolver cosas.

–¿Y cómo lo experimentan los chicos, en especial Silvestre, hijo de ambos?
–¡Bien, bien! Pero, como te digo, todo es un proceso; no nos despertamos de la noche a la mañana y todo se solucionó. Incluso para los chicos, porque psicológicamente todo influye. No queremos que sientan que hoy estamos y mañana no. Pero se dio... No creo que estas cosas fueran pensadas o programadas.

–¿Puedo preguntar quién levantó primero el teléfono?
–No, no sé. Se dio...

–¿Estás feliz?
–Estoy muy bien. No te voy a decir nada más. Estoy ahí, no sé.

–¿Te molestó, te preocupó que se te haya visto otra vez con Gastón Gaudio?
–Sí, me molestó; no me gusta que se metan en mi vida.

–Igual vos en ese momento estabas sola...
–Pero más allá de eso no me gusta que hablen de mi privacidad. Siento que no corresponde, pero bueno...

–¿A veces se te torna inmanejable?
–Sé que me van a relacionar con cualquier persona con quien me vean; lo tengo claro. No tengo que explicarle nada a nadie. Si quieren decir cosas, que sean verdad o mentira es problema del que lo diga.

–Dijiste que Gastón Gaudio era sólo un amigo.
–No me gusta que se metan en mi vida.

–¿Y qué te produce cuando leés, ves o escuchás sobre eso?
–No suelo consumir revistas. Leo libros y miro películas. También prefiero gastarme la plata más en libros que en ropa.

–No niegues que tenés cierta onda desprejuiciada pero producida al fin...
–No es algo que me preocupe. Este short me lo regaló Jorge, el productor, recién cuando hicimos las fotos. No soy una persona voraz por la moda ni por ir de shopping. Me compro cuando viajo. Me gustan los zapatos, los vestidos, los pañuelos, pero no soy una víctima del fashion. Hoy me frena más una vidriera de ropa de chicos.

–¿Con Juan de Benedictis, el papá de Ambar (6), te llevás bien?
–Muy bien con él, con María, su actual mujer, y con Jazmín, su hija.

–Hablemos de trabajo, así estás más cómoda.
–Ja, ja, ja. Terminé de filmar La patria equivocada, de Carlos Galletini. Fue una experiencia muy linda. Sentí que volvía al pasado. Se estrena el 25 de mayo, justo en el Bicentenario de la Revolución.

–¿Y el 2010?
–A fines de febrero grabo La malparida en Pol-ka. Seré Renata, una inescrupulosa que vive en una villa y quiere salir de la miseria. Pasa de ahí a trabajar como promotora top en torneos de polo y golf. Es malita... Pocos la van a querer.

–No lo tomes a mal, pero... ¿tiene algo de Juana Viale esta malvada?
–Nada. Yo tengo otra vida, dos hijos.

–¿Sólo te hicieron fama de brava y la gozás?
–No soy mala cuando no quiero, y cuando quiero sí lo soy, como todos.

–¿Sentís que te habían etiquetado como poco simpática, un tanto díscola?
–Antes de trabajar heredaba una familia, un nombre. Me venían a preguntar algo o sacar fotos, y la verdad es que no tenía nada para responder, ni amable ni nada. Y ante la insistencia, la tolerancia tiene un límite. Me sentía invadida, a veces con 24 horas de guardia periodística en mi casa, autos que me seguían... No es grato... Es lo que me tocó.

–Es que fuiste y serás un personaje muy público, más con tu presente de actriz, sin olvidarnos de tu familia: abuela y madre famosas.
–El trabajo es público, pero eso no da derecho a que te maten. A veces hay un bombardeo mediático innecesario de algún tema o persona, y cansa. Por suerte, ahora hay un montón a los que les interesa mostrarse y entonces nos han dejado de lado a algunos. Hay personas que quieren estar en los medios, hablando de cualquier cosa con tal de figurar.

–El ser nieta e hija de, ¿te benefició o te perjudicó?
–Al principio me benefició, porque me abrió un montón de puertas. Pero, por otro lado, siento que había un prejuicio conmigo, una etiqueta.

–El clásico “ésta es un queso, pero trabaja porque es linda y tiene de abuela a Mirtha Legrand”.
–Sentía como una necesidad ajena de que defraudara con mi trabajo. Un prejuicio. Lo viví. Y no me refiero sólo a la prensa, sino a miserias de algunos.

–¿Y vos cómo sos? ¿Tenés miserias?
–Obviamente no soy perfecta, pero trato de ser cada día mejor persona. Tengo hijos y me gusta darles buenos ejemplos.

–¿Y qué creés que ellos ven en vos?
–Creo mucho en la unión. No me gusta la mentira. Siento que en la vida se debe ser justo. Hay métodos para obtener cosas más rápido, no siempre correctos. Por eso es bueno ir por aquellos, que aunque más lentos, dan mejores frutos.

–¿Cómo te sentís hoy con tus dos hijos?
–Son mágicos. Tengo una relación buenísima. Ambar es muy madura, inteligente, sensible, observadora, inquieta. Va al colegio como cualquier chica de seis años. Tiene necesidad de saber, de sorprenderse, de experimentar la magia del asombro. Mis hijos son mi vida, mi luz.

–Hablame de Silvestre.
–Es un Buda, que regala sonrisas todo el tiempo. Transitó por muchas cosas y tiene un registro particular de todo. Es varón, y entonces yo tengo un Edipo tremendo.

–¿Y con quién se quedan cuando viajás o trabajás?
–Ahora están con sus papás. A veces se quedan con la abuela (Marcela Tinayre).

–¿Cómo es Mirtha, tu abuela, con sus bisnietos?
–Los ama. Muere por ellos.

–¿Y tu relación con tu mamá y tu abuela?
–Muy buena, de mucho diálogo. Me agrada estar con las dos, y también con papá (Ignacio Viale).

–El parece compinche, y se dice que fue pieza clave para que te vuelvas a acercar a Gonzalo (Valenzuela).
–El siempre está. Somos muy amigos. Además, un poco de masculino está bueno. Si no, es mucho ovario. Con él somos muy parecidos, tenemos una relación particular. A veces nos entendemos hasta con el silencio. Sí, mi familia es lo más.

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