“Con Damián, hasta ahora sólo hubo algunos besos: no soy una mujer fácil” – GENTE Online
 

“Con Damián, hasta ahora sólo hubo algunos besos: no soy una mujer fácil”

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Su: ... ¡Uy, perdón! (sorprendida, quedándose inmóvil)... Me confundí... No te conozco... Creí que eras (el empresario editorial) Costi Vigil...
Damián: Qué lástima, porque a mí sí me encantaría conocerte... (reaccionó rápido de reflejos)... Por las dudas, si te interesa, te dejo mi tarjeta (duplicó su interés, en medio del casino del Conrad).
Entonces ella dudó, dio media vuelta y enfiló rumbo a sus acompañantes, los modistos César Juricich y Carlos Di Domenico, repitiendo en voz baja la inscripción del rectangulito blanco de cartón que había recibido. “¿Damián Popiloff? ¿Licenciado en Comercialización? Epa...”, susurró, y al instante relató la anécdota.

Pronto, Juricich pegó un salto, caminó hacia Popiloff y lo encaró:
César:
Pendejo de mierda. No tenés idea de cómo conquistar a una mujer, y menos a Susana. Si pretendés hacerla bien, tomá esta invitación. Te esperamos mañana en nuestro desfile, acá arriba, en los jardines del segundo piso, ¿okey?
Damián: Okey.

“UN AMIGO DE LOS DIDO...”, le dijo el PR uruguayo Diego Fonsalía a GENTE, el viernes 8 de enero, cuando lo consultamos respecto al joven caballero que integraba la mesa compuesta por Su, la hija, Mercedes Sarrabayrouse, Teté Coustarot y los Dido, Di Domenico y Juricich. Media docena de personas que aplaudían la presentación de Patricio, el hermano de la diva, en el Jazz Bar del puerto, sobre la planta superior del Yacht Club. Y acertó Fonsalía, en cierta manera, ya que hasta allí todavía era un amigo, aunque no de los Dido, sino de la star. Claro, durante la jornada anterior, Damián había honrado la invitación yendo al desfile y, después, junto al grupo, comiendo pizza en La Mary, la chacra marítima de Susana en Rincón del Indio. La misma madrugada en que la diva, entradas las 5, llevó a Popiloff al lugar donde se alojaba. “¿En este hotelucho parás?”, le lanzó sorprendida, a lo que él, veloz como chita, le respondió: “Mata de verdad. ¡Te lo recomiendo!”. El sábado 9 disfrutaron el show de Cacho Castaña y luego cenaron en Novecento, de La Barra. “Necesito irme unos días a Buenos Aires. Hay cuestiones laborales que me quedaron pendientes”, le adelantó Damián. “¿Pero volvés, ¿no?”, le inquirió-exigió Su. “Obvio”, cerró el hombre. De paso, y sufriendo el calor porteño, Popiloff nos atendió su celular:

–Hola... ¿Damián?
–¿Hola? ¿Sí?
–Disculpe, soy periodista. Lo molestamos de...
–Ah, ya sé el motivo de tu llamado. Te agradezco, pero no voy a hablar.
–¿Motivos?
–Pertenezco a otro mundo, a otro palo.
–Justo eso queríamos saber. ¿A qué se dedica? ¿Cómo es su vida?
–Te agradezco, pero no voy a hablar.
–¿Ni siquiera nos va a decir si es cierto que comenzó un noviazgo con Susana?
–Mirá... Respeto tu tarea pero, te repito, no voy a hablar.

“MEDIO CHANTUN Y BASTANTE QUERIBLE”. Damián Eduardo Popiloff suma 35 años. Vio la luz el 24 de agosto de 1974 en el barrio de Caballito y es hijo de Lidia (72) y Gregorio (83). Apenas se enteraron de la noticia, los padres comentaron desde su casa: “Si nuestro hijo anda feliz, nosotros andamos felices”. Hijo menor de una familia judía numerosa, Damián tiene un hermano mayor empleado en Microsoft, de México, y tres medio hermanos. Se recibió de perito mercantil en la Escuela Técnica ORT, terminó la UCES y cursó una maestría de Dirección Comercial en la UADE. Vive en un dos ambientes alquilado, que figura como su oficina, en Virrey Loreto al 1900, Belgrano. Un lugar no demasiado amueblado. Su cuarto, por ejemplo, posee dos mesas de luz de diferentes estilos. Adentro, además, hay un cuadro compuesto por un collage de fotos suyas.

Trabajó en Telecom Argentina, empresa de la que se fue no en buenos términos (habría sido por un problema de “números”) en marzo de 2000. Ocupó el puesto de ejecutivo de Cuentas de grandes clientes. En aquella época lucía un par de kilos de más, carecía del bronceado actual y todavía no se depilaba el torso. Según señalan las malas lenguas “iba al gimnasio en taxis de la empresa y les pedía a sus conductores que bancaran afuera, mientras el reloj corría”. También desarrolló funciones en La Caja como gerente comercial (apenas tres meses); en Johnson & Johnson, Arcor, Bic y Henkel Argentina. Domina el inglés oral y escrito. Consiguió la nacionalidad italiana. Afirman quienes lo trataron que practica tenis amateur y que le atrae el golf, el cine, leer y cocinar, y que “es medio chantún, aunque bastante querible: uno de esos típicos porteños que a todos les cae bien”.

“LIBRE, SOY TOTALMENTE LIBRE...”. El jueves 14, vía Pluna y apenas cargando un portatraje, Popiloff aterrizó en Punta, a las 9.35, hora local adelantada incluida. Del aeropuerto, directo al Conrad. Nada de hoteluchos. Una vez caído el sol, asistieron al recital de Julio Iglesias. De allí, siempre inmersos en el resort, fueron a cenar a St. Tropez, y a continuación regresaron al sitio exacto donde se habían topado justo una semana antes: el casino. Susana y Damián jugaron varias fichas en el tragamonedas, tomaron una bebida y encararon la partida.

Relajados, antes de que el porteño la despidiera desde el estacionamiento cubierto y los custodios abusaran, en forma espontánea y desmedida, de su condición frente a la treintena de reporteros gráficos que aguardaban la primera foto real de la pareja sin entorno, Su declaraba: “No es mi novio, chicos. Es la cuarta vez que nos vemos. ¿Cómo podemos tildar la relación de noviazgo?”. Engripada, no obstante, a la noche siguiente la diva participó en la fiesta de GENTE (Damián, invitado, no apareció). Allí, al perderse por el ascensor de servicio, nos contestó en exclusiva:

–¿Cómo podríamos definir a Popiloff, Susana? ¿Un amigo, un amigo especial, un amante?
–Dejalo en “un nuevo amigo” que estoy empezando a conocer. Soy libre, totalmente libre. Igual que mi corazón. Mi corazón va adonde le gusta.

–Tradúzcanos el “empezando a conocerme”, le rogamos.
–Nos cruzamos, salimos a algunos lados. Charlamos, nos divertimos. Lo usual...

–Perdone la indiscreción: ¿ya hubo beso?
–(Risas) Algunos besos hubo. Sin embargo...

–¿Sin embargo...?
–Nada. ¿Qué necesitás saber?

–¿Si saltaron la barrera de los besos?
–Nene (carcajada a lo Su)... ¿¡Qué me preguntás!?

–Imagínese, señora.
–Olvidate. Ahí nos quedamos, y punto. Yo no soy una mujer fácil.

–Igual, ¿le interesaría profundizar en Popiloff?
–Seguro. Es un muchacho fachero, simpático.

–¿Simpático?
–Poné simpatiquíííííísimo.

–Mañana por la tardecita, escuchamos, Damián retornará a su país. ¿Usted?
–En breve. Y cargo las maletas y salto a Miami, Estados Unidos. Festejo mi cumple, el 29 de enero, y viajo a Nueva York. Cubriré el Fashion Week para mi revista.

–¿E irá “ese amigo con el que está empezando a conocerse”, tal cual lo definió usted?
–Nunca se sabe. Junto a su hermano, Patricio, su amigo, el diseñador Carlos Di Domenico, y su bronceado flamante galán, Popiloff. “Mi corazón va adonde le gusta”, afirma Su Giménez.

Junto a su hermano, Patricio, su amigo, el diseñador Carlos Di Domenico, y su bronceado flamante galán, Popiloff. “Mi corazón va adonde le gusta”, afirma Su Giménez.

El domingo, tras despedirse de Damián, Su nadó en la piscina de su chacra, recibió a Mercedes, la hija, y a la recién llegada Leticia Brédice. Tomó sol y manejó su carrito de golf.

El domingo, tras despedirse de Damián, Su nadó en la piscina de su chacra, recibió a Mercedes, la hija, y a la recién llegada Leticia Brédice. Tomó sol y manejó su carrito de golf.

Durante los siete días que compartieron. Días, sí, ya que pasaron las noches en distintos lugares. El jueves, después de ver y escuchar a Julio Iglesias, cenaron en el restaurante St. Tropez

Durante los siete días que compartieron. Días, sí, ya que pasaron las noches en distintos lugares. El jueves, después de ver y escuchar a Julio Iglesias, cenaron en el restaurante St. Tropez

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