«Competir nos hace hervir la sangre» – GENTE Online
 

"Competir nos hace hervir la sangre"

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Hoy lo único que parece separar definitivamente a estos dos popes de la tevé -más allá del enfrentamiento por el rating de todo el año- es una enorme fuente de canelones de ricota con salsa blanca que pidieron para almorzar. De remera negra (Hug
o Boss
para uno, Versace para el otro), pantalones de corte italiano (signé Armani) y zapatos Prada, conversan distendidos y coinciden en todo hasta que se les pregunta qué van a tomar.

-Pepsi ligth -dice Marcelo Tinelli.
-Coca light -pide Adrián Suar.

Y a partir de este Boca-River de las gaseosas, aceptarán jugar un partido en el que se enfrentarán para hablar de envidias, competencia, broncas, amistad, hijos, fama, dinero y familia.

Eso sí, se nota que son los dueños de la pelota y le pondrán el ritmo al partido, sea en el humor como en la seriedad. Y se tomarán las manos sugiriendo un título para la tapa de GENTE: "Nos amamos y ahora lo confesamos". Sus respectivos coiffeurs (Impagliazzo para el pelo largo de Marcelo, Cuggini para el nuevo corte de Adrián) se ocuparán al detalle de sus cabezas. Pero sólo ellos saben qué pasa dentro de esas cabezas que manejan a la tevé argentina.

Empezó el partido. Adrián pincha el primer pedacito de canelón.


-¿Pueden ser amigos compitiendo como compiten?
Adrián:
-Siiiiiiii. Nosotros hemos transitado por distintos períodos: nos vemos, no nos vemos, nos vemos muchísimo o de vez en cuando. Pero sabemos que podemos ser amigos. Lo que pasa es que los dos somos muy ganadores y entonces a veces nos hierve la sangre por competir. Y también el medio empuja para la separación. Hay que ver en qué parte nos sirve. Y si nos sirve, porque el Boca-River siempre es lindo.


-¿Es necesario en este país hacer de todo un Boca- River?
Adrián:
-Sí, totalmente. Pero por otra parte, si bien somos muy jóvenes, a medida que fui creciendo me di cuenta de que debía separar lo público de lo privado. En lo público puede ser que compitamos, pero en lo privado hay muchas cosas que me unen con Marcelo. El fútbol, que seamos dos muchachos de barrio, que seamos arianos, la pasión por la tevé, las mismas vibraciones...

Marcelo:
-Yo también creo que hay más cosas que nos unen de las que nos separan. Y más allá de la competencia, me encanta el éxito de Adrián, lo disfruto.

Adrián:
-Me enoja cuando critican a Marcelo. Siempre al número uno se lo trata de derribar. Y digo: puedo ponerme contento, obviamente, si le gano, pero no me gusta cuando se le pega a la figura.

Marcelo:
-Es histórico en la televisión. El medio es un poco caníbal. Pasa con todo el mundo.


-¿Es injusto o son las reglas del juego?
Adrián:
-Es muy injusto, porque uno no sale a decir la verdad. ¿Qué vamos a salir decir? ¿Acaso que hizo 25 puntos todo el año? ¿Que los que hablan no hicieron ni la mitad de la mitad? Te da bronca. Porque a veces confunde: si te agarra mal parado, te la creés y empezás a pensar: "La verdad, le va mal con 25 puntos de rating"

-Pero no me digas que no disfrutás un poquito si le va mal…
Adrián:
-No, porque yo necesito "un rival" de verdad. Les hace bien a la televisión, a la gente, a la industria. 

Marcelo:
-Me pregunto cuánta gente hay que hace cosas en la televisión. Son muy pocos. Existe una sarta de mediocres que lo único que hacen es mirar el cuadro que pinta el otro y decir: "Le puso mucho amarillo, le puso mucho verde", o "no me gusta lo que hace".


-¿Quiénes son los mediocres de la tevé que critican?
Marcelo:
-No vale la pena hacer nombres, todos los conocen. La tele está llena de esos bocones. Porque parece tan fácil opinar de la tele, como de fútbol y de política: nos reunimos en un asado y todos somos DT, todos somos políticos y arreglamos el país, y todos hacemos televisión. Pero lograr la química que logra
Son amores, o que tuvo Gasoleros, nadie lo hace. O cuando nosotros hacemos
VideoMatch y nos matan diciendo: "Siempre lo mismo". Pero esto tiene mucho que ver con el medio, porque la gente no vibra así, sino que agradece que puedan convivir
Son amores y VideoMatch, más allá de que unos elijan un programa y otros el otro. Acá buscamos ponerle la gamba al otro para que se caiga. A mí me dicen: "¿Te alegra el éxito de Adrián?". Y yo respondo:
"Muchísimo". 


-Difícil de creerte.
Marcelo:
-Pero es así. Porque me hace crecer, como le debe pasar a él. Si uno hiciera 30 puntos y el otro 2, te relajás, naturalmente.


-Todo muy bonito y civilizado, pero cuando vos hiciste 38 puntos con el primer programa de
VideoMatch, se sabe que festejaste como para el campeonato...
Marcelo:
-Por supuesto, porque es muy difícil hacer 38 puntos en la tevé, pero no fue por "la derrota", porque nunca sentí derrotado a Son amores. El programa, desde que arrancó hasta hoy, está muy metido en la gente. Y tampoco jamás sentí derrotado a VideoMatch, ni aún perdiendo en la mitad del año. No es una cuestión de vida o muerte. Si no parecería que uno es un genio un día y un idiota al otro, según el rating que marque.


-Y cuando pasaron unas semanas y vos, Adrián, ganaste con Son amores, ¿no se juntaron todos en la gerencia de
Canal 13 para brindar por haberle ganado a Tinelli?
Adrián:
-¿Cómo no vas a brindar si te va bien? Pero hay un ejercicio que uno tiene que hacer en esta profesión en la que todo apunta a la destrucción del otro: abstraerse un poco de eso de
"lo maté". Porque si lo hacés, sentís que te vas deteriorando como persona. Uno es un ser humano, y las miserias están a flor de piel, y tiene que ir regulando esos sentimientos. Porque si dejás aflorar la miseria, te podés transformar en una basura, aunque todos te vean como un tipo simpático.


-En lo personal están en etapas distintas. Vos, Marcelo, en plena estabilidad familiar. Y vos, Adrián, en pleno terremoto. ¿Cómo comparten sus diferentes realidades familiares?
Marcelo:
-Estamos en etapas distintas, pero muy cerca. El otro día Adrián me tocó el timbre y pasó por casa con Tomás, que se quedó jugando con Francisco y viendo una película. La flaca le estaba dando la teta a Juanita, y nosotros nos quedamos tomado algo y charlando un rato largo. Eso es lo que la gente no ve. Nos visitamos sin invitación previa. Yo estoy pasando una etapa donde mis amigos ya no tienen que estar casados y con hijos necesariamente. O estar viviendo el mismo momento familiar que yo. Tenemos que vibrar igual. Y con Adrián vibramos por lo mismo.

-Hablame de las cosas que te hicieron vibrar este año.
Marcelo:
-Me siento pleno por todos lados: en lo familiar, mi hija fue lo mejor del año. En lo laboral, a principios de 2002, pensaba cerrar la productora. Cuando estaba en el sur de vacaciones y me decían: "Mirá lo que pasa en Buenos Aires, el corralito, el dólar, la pesificación…". Yo pensaba: "¡Por Dios, cómo sigue esto!". Tuve que hacer un esfuerzo grande, despedir gente que después pude retomar. Y ahora tengo 300 personas trabajando en Ideas del Sur, hacemos cosas para Chile, los Estados Unidos, estamos laburando para varios canales. Ya no pienso tanto en ganar dinero, sino en estar en el camino que a uno le gusta.


-¿Acaso no te importa la plata? 
Marcelo:
-La felicidad no es llegar a un lugar, sino estar en el camino. Es lo que me pasa. No pensar "quiero ganar tanto", sino "quiero lograr esto". Porque cuando llegás, ¿después qué viene? Yo me acuerdo que allá por los 90 fui a saludar a un actor conocidísimo y lo felicité: "Hiciste 50 puntos, pero no te veo bien, bo… ¿Qué te pasa?". Y me dijo: "Después de esto, ¿qué?". Eso les pasa a muchos.


-Adrián, vos llevaste arriba a Canal 13, fuiste a los Oscar, hiciste el programa éxito de la tevé. Pero en lo familiar sufriste con tu separación. ¿Cómo te afecta eso?
Adrián:
-Me afecta mucho el terremoto sentimental que tuve este año. Para estar bien, lo emocional debe estar bien. Y no fue un buen año. En lo profesional, sí, pero en lo personal fue de decisiones duras. Tanto Araceli como yo sufrimos. No fue fácil para ninguno de los dos. Pero todavía estamos peleando.

-Y cuando estás mal en lo anímico, ¿influye en el trabajo?
Adrián:
-Sí, tengo momentos en los que me caigo mucho. Pero no sé si por mi estructura mental o por la personalidad, a veces me caigo y arrastro todo, hasta lo profesional, y otras puedo separar. Porque el laburo también es un ancla. Seguramente estar descompensado emocionalmente hizo que haya puesto toda la libido en el trabajo y la ligó
Canal 13


-¿Sentís que perdiste la familia?
Adrián:
-Siento que tengo que pelear mi relación con Ara, y en eso estamos.

Marcelo:
-¿Sabés qué, Adrián? Yo me separé a los 33 años...

Adrián:
-¡Qué casualidad, yo tengo 34!

Marcelo:
-Mi psicólogo me dijo: "La familia no es la mamá, el papá y los chicos. No tenés que pensar que perdés tu familia. La familia por ahí es un papá con sus chicos y la mamá con sus chicos. No hay que desarmarla". Eso me hizo sentir bien.

Adrián:
-También me ayuda el análisis. Le pongo mucho al laburo, pero sé que en la vida no es todo, y no es lo que me falta. Me ha salvado en este año, porque no sufro el trabajo, sino que lo disfruto.

-Hace unos meses, en plena batalla del rating, Marcelo dijo que cuando Son amores le había ganado a
VideoMatch fue como si Turquía le ganara a Brasil. ¿Eso los hizo enojar?
Marcelo:
-Yo venía de Miami, mal dormido, me bajé del avión y me dicen que había ganado Son amores. Y dije: "¡Qué bien!". Insistieron tres veces. Y largué esa frase poco feliz porque ese fin de semana jugaban Turquía y Brasil. Pero no es que me fui y dije:
"¡Qué bo… qué cosa dije!". Sino que me fui pensando: "¡Genio, la frase que metí!". Hasta que me di cuenta de que había dicho una gran pavada.

-CQC cargó a Tinelli con el sketch de las cucarachas en la pantalla del 13. ¿Vos nunca hablaste con Pergolini, Adrián?
Adrián:
-No me gusta que nos critiquemos entre los integrantes de CAPIT (Cámara Argentina de Productores Independientes de Televisión). Pero Mario es el chico rebelde, esa es su forma. Y seguramente desde ese lugar, Marcelo y yo somos el establishment (se ríe). No creo que sea la verdad, y me parece bárbaro lo que Mario hace. Jamás me metería con su programa porque lo respeto.

Marcelo:
-Este año he ganado y perdido. Perdimos no solo con Son amores sino con una película. Y hubo alguna gente que agarraba un ratoncito en la mano y lo ponía como exitoso. Y después tomaron de su propia medicina. Así como Adrián es un tipo sumamente positivo, hay otro al que le encanta que a uno le vaya mal. Lo que pasa es que muchas veces boconear te hace que caigas en una trampa, y no te des cuenta. Al final te cae la red y te cuesta salir. Y cuando uno habla de los rating tan livianamente, hay que hablar de todos y no sólo de lo que nos conviene. Y esa gente hizo cosas y en muchas les fue como el traste en la segunda mitad del año, pero no escuché que dijeran: "A mí también me fue para el cu…". Habría sido un gesto de mucha altura hacerlo, ya que tanto hablaron.

-Tienen un amigo en común, Nico Repetto, que se toma años sabáticos. Deja todo y se va. ¿Serían capaces de hacer eso?
Marcelo:
-Lo llamé a Madrid y me dijo: "Cerré la productora y aquí estoy". Nico dice: "Mañana me voy", y tiene esa cosa gitanesca bien que agarra todo y lo hace. Lo admiro. Pero yo no podría.

Adrián:
-Yo me muero de angustia, pero es bueno que él se pueda desconectar. Y uno que lo conoce a Nico sabe que es parco, pero muy sensible. Es una persona que le pelea mucho a la vida.

-¿Ninguno de ustedes se animaría a dejar el lugar que se ganaron por una vida sin estrés?
Adrián:
-No, aunque es bueno, a veces, largar la sortija. Eso de querer tenerla todo el tiempo en la mano te convierte en un chico egoísta y caprichoso. Por eso trato de pararme, y cuando lo hago y miro para atrás, veo que no es casualidad todo lo que hice. Como le pasa a Marcelo, que tiene una empresa, doce años de éxito, una radio… Retirarte ahí es difícil, ¿no?

Marcelo:
-Yo, sin llegar al extremo de Nico, aprendí a delegar. Estoy menos metido en cada detalle. Al principio pensaba: "Si me voy, no se enciende ni una cámara". Y cuando me fui vi que todo funcionaba igual y… ¡sin mí!

-¿Qué les pasa con la fama? ¿La disfrutan, les alimenta el ego?
Marcelo:
-Cuando viajo por un mes a un lugar donde nadie me conoce, me siento cómodo. Podés dejarte la barba, salir, te metés el dedo en la nariz y nadie te mira, me gusta. Pero no sé si lo haría por más tiempo.

Adrián:
-Yo, lejos de padecerla, disfruto de la fama porque siento que la gente me da mucho cariño. Además, tampoco me comí nunca la del famoso. Y supe diferenciar cuando le hablaban al personaje que interpretaba en la tevé, que no era yo, sino el que gustaba en ese momento.


-¿Y a sus familias cómo les pega la fama?
Marcelo:
-Para mis hijas, es un garrón. Están en la edad en que huyen de su papá famoso. Quieren pasar inadvertidas porque es un quemo. Y yo las respeto.

Adrián:
-Todo esto que armé es para Toto. El nene tiene algo, es pillo, rápido. Veo
Pol-ka y a él tan chiquito y me digo: "Me gustaría que cuando crezca tomara todo esto porque me va a unir mucho". Y lo digo de egoísta, porque sé que son cosas que me van a unir más a él… Uno tiene esa fantasía… Para Flopi, por la edad, el ser conocida, igual que para las chicas de Marcelo, hoy es un garrón. Quizá cambie más adelante. Veremos.

Marcelo:
-Yo también sueño con eso. Sería lindo que Francisco eligiera esto. Pero quiero que decida con libertad. Me pasa eso de pensar: "Papá te va a acompañar a tal lado". Me acuerdo de cómo era yo con mi papá, que era periodista deportivo, y yo iba al vestuario a tomar la formación de los equipos.

Adrián:
-Eso te mata. Papá era cantante, la gente de la colectividad todavía me para en la calle y me dice: "Cómo recordamos a tu viejo, qué voz tenía, qué sentido del humor, qué buen tipo, qué artista". Son modelos que uno ha visto y que sueña repetir.

-Ustedes dicen que el barrio les dio todo. ¿Cuáles de esos códigos les pueden transmitir a sus hijos, que viven en countries?
Adrián:
-Podemos darles algunos valores. Yo viví en un país distinto del que le toca a Toto. Ahora la inseguridad te hace todo más difícil para que un chico esté en la calle. A mí el barrio me ha servido mucho: yo no tengo grandes estudios, no tengo universidad, pero en un porcentaje de la capacidad que puedo tener, Dios me dio un 30 por ciento y la universidad de la calle me sirvió mucho. Hablo cuando tengo que hablar, sé callar, sé que cuando tenés un Jorgito y una Coca siempre es miti y miti. Hay que compartir con los amigos. Son tonterías, pero es formación. 

Marcelo:
-Hay un código que va más allá del barrio privado y que se mama. Yo me crié en Bolívar, en la calle. Iba caminado al colegio, jugaba al fútbol, la gente dejaba los autos con la llave puesta. Y hoy sigue así. Pasan cuestiones de inseguridad pero mínimas, no como en Buenos Aires. Por eso cuidás acá más a los cachorros. El código de barrio es lo que mejor tengo. Lo que me inculcaron mi viejo, mis amigos, lo que mamé y le trato de dar a Francisco cuando ando en bici con él, o viajo en subte, o lo llevo al colegio.

-Salgamos del barrio y vayamos al país: ¿están comprometidos políticamente o son de los que gritan "que se vayan todos"?
Marcelo:
-Yo fui de esos independientes que votaron a Alfonsín, a Menem en el 89 y me comí el sapo de De la Rúa. Hoy sueño con un político que quiera llegar al poder para hacer cosas, para el bronce y en los libros de historia y no para tirarse en palomita a currar....

Adrián:
-Yo también recorrí el mismo espinel: voté a Alfonsín, a Menem en el primer gobierno, y a De la Rúa. Siento que en la anarquía no se puede vivir. Necesitamos los poderes, como también a los políticos comprometidos. Me da una angustia enorme, porque veo tipos que no solo no hicieron nada de lo que prometieron sino que se robaron todo y nadie paga el pato. Y cuando vuelven con las elecciones, recorren el país con las mentiras de siempre y con los chicos a upa. Yo me pregunto: ¿cómo se paga esto? Igual siento que algo va a cambiar…

-Para terminar. Cierren los ojos y díganme qué sueñan.
Adrián:
-¡Soy tan gil para eso! ¡Nunca sé qué decir! Pero te digo uno: siempre soñé con volver a ver jugar a Diego. En lo personal, tener estabilidad emocional, y que estén bien mis hijos. Y, como los abuelitos, pediría salud. Porque he rozado a gente que le falta, y es algo que me da mucho miedo.

Marcelo:
-Yo sueño con hacer un día algo con Adrián. Y en lo personal, seguir disfrutando lo que tengo.


-¿Y qué sueñan para sus familias?
Marcelo:
-Yo me veo como padre de familia numerosa. En eso soy muy tano, me sale todo el Tinelli. Me veo en una mesa larga, con toda la familia y diciendo: "A ver vos, Jorgito, ¿cómo te ha ido?". Me veo con una camioneta, tipo ómnibus escolar, y mis hijos con sus amigos. Ahora mis comidas de los domingos son así, como las hacía mi abuelo: me ponen el vino y el pan al lado y todos esperan a que me siente a la cabecera. Me encanta.

Adrián:
-Las familias judías también tienen mucho de eso. Pero no sé si me veo tan así. Eso sí, me gustaría tener muchos hijos.

-¿Y la mamá de esa familia numerosa?
Adrián:
-(Sonríe). Ya te dije que con Araceli estamos peleándola. No me hagas hablar del futuro. Esto no es ficción y nadie escribió ese libreto todavía.

Lo dicen, lo saben y lo sienten. Pero ambos coinciden en que hay que tener mucho cuidado con el entorno. Es el país del susurro en el oído: 'Dale, matalo que podés, matalo a ese hijo de p…'. Y te llenan la cabeza. Eso no te hace crecer. Fijarse en el otro, para ser más o menos feliz, es una cuenta que a la larga te va a pasar la vida. La envidia te va poniendo mal, se te ve en la cara, te envejece. No hay que engancharse en esa".">

Lo dicen, lo saben y lo sienten. Pero ambos coinciden en que "hay que tener mucho cuidado con el entorno. Es el país del susurro en el oído: 'Dale, matalo que podés, matalo a ese hijo de p…'. Y te llenan la cabeza. Eso no te hace crecer. Fijarse en el otro, para ser más o menos feliz, es una cuenta que a la larga te va a pasar la vida. La envidia te va poniendo mal, se te ve en la cara, te envejece. No hay que engancharse en esa".

En lo publico puede ser que compitamos, pero en lo privado hay muchas cosas que nos unen: somos chicos de barrio, amamos el futbol, somos arianos, no nos gusta perder ni a las bolitas y vibramos por las mismas cosas", dicen Adrián y Marcelo.">

"En lo publico puede ser que compitamos, pero en lo privado hay muchas cosas que nos unen: somos chicos de barrio, amamos el futbol, somos arianos, no nos gusta perder ni a las bolitas y vibramos por las mismas cosas", dicen Adrián y Marcelo.

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