“¿Cómo no voy a ser feliz? ¡Si a mi lado tengo a la mujer que amo…!” – GENTE Online
 

“¿Cómo no voy a ser feliz? ¡Si a mi lado tengo a la mujer que amo...!”

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Ricardo Montaner nació porteño hace 53 años. Era la década del cincuenta: los argentinos festejaban los éxitos increíbles de Fangio, el Che Guevara iniciaba sus viajes por Latinoamérica e Isabel Sarli estrenaba su primera película, El trueno entre las hojas. Habían pasado dos años de la Revolución Libertadora, no estaba Perón en el horizonte y, ajeno a cualquier efeméride incongruente, él nacía el 8 de septiembre de 1957. Fue la primera de sus experiencias felices.

Casi anecdótico resulta ahora recordar que su nombre completo es Héctor Eduardo Reglero Montaner, hijo de dos argentinos que, a poco de su nacimiento, se fueron a vivir a Maracaibo, Venezuela. Pero sí vale recordar que fueron las calles de Valentín Alsina (la patria chica de Sandro) las primeras que recorrió, de la mano de su abuela. “El otro día estuve por ahí con mis hijos y les contaba de mis caminatas... Me agarró una nostalgia muy linda. Nunca voy a olvidarme de las cosas que veía en Valentín Alsina: la gente, los negocios, la calesita...”, cuenta, siempre aferrado a esa felicidad primigenia.

Es que si algo caracteriza a Ricardo Montaner es su energía positiva, la misma con la que llegó al fin del mundo a festejar su cumpleaños, acompañado de su esposa y sus tres hijos menores (Ricardo Andrés –19–, Mauricio Alberto –17– y Eva Luna –13–). “El año pasado recibí mis 52 en Península Valdés, mirando las ballenas; este año, en el Cerro Castor... Ya no sé cómo va a hacer Marlene para sorprenderme el año que viene”.

Marlene (45) es su mujer, su bastón, su alegría. “Es mi musa desde hace dos décadas”. Además, claro, es también la autora intelectual de los festejos: ella misma organizó una cena en pleno Cerro Castor (a más de 700 metros de altura), allí donde por la noche sólo se llega en tractores de nieve. “Siento que mi cumpleaños duró cuatro días... Si fuera por mí, siempre debería ser 8 de septiembre”, dice. Luego sonríe otra vez y pide disculpas por las distracciones eventuales que surgen. “Es que puse en Twitter que estaba en Tierra del Fuego y vino mucha gente al aeropuerto. Es un medio muy bueno para hacer difusión, pero a veces te traiciona”.

–Ricardo, ¿cómo pasaste tu cumpleaños en Ushuaia?
–¿Viste cuando todo funciona? Bueno, fue así. Llegamos aquí el martes 7 y no hubo ni una sola falla. Marlene me sorprendió con un cordero patagónico en plena montaña... ¿Qué más puedo pedir? Septiembre debería caer 8 todo el mes.

–Me da la impresión de que últimamente no hay chance de que la pases mal en ningún lado.
–Yo no sé cómo podría pasarla mal rodeado de afectos y en un lugar tan hermoso. Hoy caminaba con mi mujer por un sendero que lleva a la cabaña donde dormimos y le decía: “No puedo creer estar con la mujer que amo viendo el paisaje increíble que tengo enfrente...”. ¡Y en la montaña durante la cena! Es difícil explicar lo que sentí. Pasé mi cumpleaños en la cima del cielo.

–¿Tiene límites tu felicidad?
–No, como no los tiene el amor. Con el solo hecho de mirar, ya se tienen tantas cosas... Dios nos sorprende a cada rato, y sería una tontería no darle la posibilidad de hacerlo.

–¿La felicidad tiene que ver con un modo de ver la vida, y no con la vida misma?
–El mundo está hecho de cosas bonitas. Está todo dispuesto para que seamos felices. En todo caso, creo que es la tristeza la que depende de un modo de mirar las cosas, un modo equivocado. ¿Viste que los celulares tienen modo avión? Yo vivo en modo felicidad.

–¿Tuviste que pasar por alguno de “esos” momentos para llegar a éste?
–Sin dudas, y hoy estoy en el más feliz de mi vida. Estoy en una etapa de plenitud, que es aún más que la felicidad.

–¿Cómo explicás la excelente relación que tenés con el público argentino?
–Se lo atribuyo todo a Dios. Además, aquí pasa algo con el hecho de que es donde nací. Cada vez que vengo recuerdo mi infancia, la calesita que te dije, mi abuela...

–Lo tuyo es la música. ¿Te gustaría grabar algo bien argentino?
–¡Ya lo tengo pensado! En la Argentina están mis raíces; por eso, voy a grabar un disco de tangos. No sé aún cuándo se va a editar, pero ya estoy en la selección del repertorio. Desde ya te digo que un infaltable es la versión original de El día que me quieras, con recitado y todo.

–Cuando no es la felicidad, es el amor...
–Que es la mayor felicidad.

–Tu último hit, Soy feliz, suena en todas las radios y es uno de los favoritos del público. ¿Hay una avidez especial por recibir mensajes optimistas?
–La gente necesita escuchar cosas positivas. El ciudadano normal vive con muchas agresiones alrededor y agradece los mensajes bonitos: son bálsamos. Pasa que los seres humanos hemos contribuido a corromper esa belleza natural del mundo, pero es de lo que está hecho. Por eso, cuando las personas escuchan una canción como Soy feliz, lo disfrutan y lo cantan.

–Una especie de terapia...
–Cuando yo canto “soy feliz”, lo hago realidad. Si lo dices, lo eres. Como así el que se llama “triste” se convierte en tal.

–Esas son las cosas que se pueden decir y hacen bien. Hablemos de lo que no se puede decir. ¿Cómo está en Venezuela la situación para los artistas?
–Yo tengo mi opinión formada al respecto, pero me parece que a los artistas, a los cantantes, se les pide otra cosa. Por la estima social que tenemos, ocupamos un sitio desde el cual hay que ser consciente de que cada cosa que decimos puede generar una matriz de opinión. Por eso no hay que correr el foco.

–¿Qué sería “correr el foco”?
–En un concierto, la gente quiere escucharte cantar, no hablar de política. Además, los discos los compran tanto los que están a favor de un gobierno como los que no. Uno tiene que cantar.

–¿Cantar para ser feliz?
–Exacto. Cantar que se “es” feliz, para “ser” feliz.

En una de las aerosillas del Cerro Castor junto a Marlene, Ricardo disfrutó la imponencia del paisaje fueguino. <i>“Es la cima del cielo”</i>, dijo emocionado.

En una de las aerosillas del Cerro Castor junto a Marlene, Ricardo disfrutó la imponencia del paisaje fueguino. “Es la cima del cielo”, dijo emocionado.

Ricardo, Marlene, Ricardo jr, Mauricio y Eva Luna descubrieron las bellezas del centro de esquí más austral del mundo. Los hijos varones demostraron ser avezados snowboarders; la pequeña tomó sus primeras clases de esquí. En cambio, papá y mamá prefirieron las caminatas románticas por los bosques del Cerro Castor. Sólo faltaron a la cita los hijos mayores: Héctor Eduardo (31) y Alejandro Manuel (32). <i>“Hoy lo que más valoro es rodearme de afectos: la familia, los amigos... la gente que uno ama”</i>.

Ricardo, Marlene, Ricardo jr, Mauricio y Eva Luna descubrieron las bellezas del centro de esquí más austral del mundo. Los hijos varones demostraron ser avezados snowboarders; la pequeña tomó sus primeras clases de esquí. En cambio, papá y mamá prefirieron las caminatas románticas por los bosques del Cerro Castor. Sólo faltaron a la cita los hijos mayores: Héctor Eduardo (31) y Alejandro Manuel (32). “Hoy lo que más valoro es rodearme de afectos: la familia, los amigos... la gente que uno ama”.

<i>“Marlene es mi musa desde hace veinte años”</i>, confiesa Ricardo. Cómo se conocieron lo cuenta la misma Marlene: <i>“Fue a los 21, en la oficina de Rodven Discos. Ricardo recién salía al ruedo y yo, que andaba por la zona, pregunté quién era. Ahí quedó la vaina”</i>. Y así fue: nunca más se separaron. Desde entonces ella es quien organiza los cumpleaños. <i>“Siempre me sorprende</i> –cuenta Montaner–. <i>No me imagino qué hará el año que viene”</i>.

“Marlene es mi musa desde hace veinte años”, confiesa Ricardo. Cómo se conocieron lo cuenta la misma Marlene: “Fue a los 21, en la oficina de Rodven Discos. Ricardo recién salía al ruedo y yo, que andaba por la zona, pregunté quién era. Ahí quedó la vaina”. Y así fue: nunca más se separaron. Desde entonces ella es quien organiza los cumpleaños. “Siempre me sorprende –cuenta Montaner–. No me imagino qué hará el año que viene”.

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