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Cómo hizo Irlanda para lograr el déficit cero

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Diecinueve por ciento de desocupación. Un crecimiento negativo del dos por ciento. Una deuda externa del 130 por ciento del PBI. Doscientos mil habitantes emigrando en busca de un futuro: el 6 por ciento de la población, casi nada. No es, el úl
timo dato lo advierte, una radiografía de la Argentina de estos tiempos, aunque podría serlo tranquilamente. Ocurrió en Irlanda, un país-isla del norte de Europa, hace apenas 15 años. El verde -un símbolo más que un color para los irlandeses- ya no indicaba esperanza, sino la mustia tonalidad que adquieren las cosas cuando son cubiertas por moho. Hoy, se puede ver, Irlanda se sacudió de su modorra, y desinfectó su economía y la de sus habitantes. Resultado: es el

país europeo con más crecimiento.

¿Milagro? ¿Se cumplió el mito de la suerte que brinda el shamrock, el trébol que es ícono local? No, si bien es cierto que su pertenencia al bloque de la Unión Europea -a la que adhirió desde el primer momento, aun a despecho de la actitud de su principal socio comercial, el Reino Unido- facilitó su recuperación. Pero el continuo escalar de este país de 3.700.000 habitantes -que viven en 70.282 kilómetros cuadrados y disfrutan de un PBI per cápita de 22.509 dólares- tiene otra explicación, y en los últimos días la escuchamos suficiente por estos pagos: déficit cero. Una política que los hombres de Dublín (la capital, con 952.692 habitantes)
cumplieron e hicieron cumplir a rajatabla.

Algunos números del tigre celta: el PBI aumentará, este año, el 8,1 por ciento, tras una cifra récord de 10,7 por ciento en 1997. Esto significa un aumento constante en los últimos ocho años.
El desempleo baja año tras año: hoy es del 3,9 por ciento; 1.737.900 irlandeses tenían trabajo, el 63,6 por ciento de ellos en el sector de servicios, mientras que en agricultura -otrora el principal sustento de la economía- lo hace sólo el 7,5 por ciento. El sector de servicios también hace punta en la conformación del PBI: el 54 por ciento le corresponde, frente a un 39 por ciento de la industria y el 7 por ciento del sector agrícola. El superávit comercial es de 17.823 millones de libras irlandesas (21.209 millones de dólares).
Exporta el 91 por ciento de lo que produce.

Y ya dejaron atrás, asimismo, el déficit cero: tiene superávit fiscal de cuatro mil millones de dólares. Con esta prosperidad, no fue extraño que el turismo también aumentara: en 1994 visitaron el país de los gnomos 3.700.000 personas; a finales del siglo pasado, la cifra casi se duplicó: 6.100.000. Lo más jugoso:
el sueldo promedio es de 20 mil dólares anuales, algo así como 1660 pesos por mes.

Tras la irrupción de la necesidad vital de implementar el déficit cero (que no es otra cosa que vivir con lo que tenemos) y la visita a nuestro país de Bertie Ahren, el Primer Ministro irlandés desde el 26 de junio de 1997, el interés por la isla del Mar del Norte se multiplicó. Por estos días, la representación diplomática está en manos de Jonathan Conlon (29) -la embajadora Paula Slattery está momentáneamente en Dublín-, quien hace tres años vive en nuestro país, y a quien el servicio exterior del suyo ha llamado para pegar la vuelta el mes próximo. Conlon cuenta que
en la Argentina viven 400 mil descendientes de irlandeses, cuya incidencia en nuestra vida se podría resumir en el protagonismo del creador de nuestra Armada, el almirante Guillermo Brown, natural del Condado de Mayo. Pero también en la fundación de prestigiosos colegios, como el
Cardenal Newman. O un club que reúne a muchos de aquellos descendientes, como el
Hurling, donde juegan rugby y beben la tradicional cerveza Guinnes, casi una cuestión de honor. Así, mientras utilizamos sin darnos cuenta cartuchos de tinta para impresoras o elementos de software -una de las industrias, junto con la farmacéutica, que dan mayor impulso a Irlanda es la informática-, ellos acceden a vinos argentinos
("más baratos que aquí", asegura Conlon) y, créase o no, al dulce de leche, que ya se fabrica allí con máquinas que un irlandés llevó desde la Argentina.

Conlon cuenta, además, cómo pudo Irlanda torcer su destino: "Había mucho pesimismo antes del plan. Faltaba confianza. En el '87, el gobierno que ganó las elecciones, del partido
Finna Fáil (Los soldados del destino en gaélico, el idioma local), una coalición cuyo ministro de Trabajo era el actual Primer Ministro. El primer paso fue anunciar que iban a recortar drásticamente el gasto hasta llegar al déficit cero, aunque no lo llamaron así. El principal partido de oposición, Fine Tael,
apoyó las medidas. Así, el gobierno tuvo fuerza para negociar con los otros partidos, los sindicatos, los empresarios. Al principio hubo algunas huelgas y protestas, sobre todo de maestros, pero al final hubo acuerdo.
En los primeros dos años se cerraron hospitales, colegios, servicios públicos. Fue duro: ahora, por ejemplo, se siente, porque tenemos necesidad de más hospitales. El programa inicial duró hasta el 90. Se congelaron los sueldos y, a cambio, el gobierno se comprometió a bajar los impuestos y a no despedir empleados públicos"
.

Habrá que puntualizar, aquí, una diferencia fundamental entre Argentina e Irlanda. Sus condados no son como nuestras provincias.
"El gobierno en Dublín tiene la administración muy centralizada. No hay gasto en política provincial. Claro, es un país pequeño", cuenta Conlon. Y algo más:
"Desde que se hizo el acuerdo, casi no hubo paros, y, mucho menos cortes de ruta (sonríe)".

Las consecuencias se empezaron a ver pronto: "Las tasas de interés empezaron a bajar. Y al mismo tiempo el gobierno hizo un gran esfuerzo para exportar. Las empresas irlandesas tienen muy poco mercado interno, entonces se promocionó mucho al país afuera. Hay oficinas comerciales por todo el mundo.
Se atrajo mucha inversión. Se hizo una política de bajos impuestos a las ganancias y a los activos financieros. Irlanda se promociona como la entrada a Europa, sobre todo para los Estados
Unidos"
.

No todo son rosas. Conlon admite: "¿Qué falta? Infraestructura, porque para ahorrar hubo desinversión. Además, están regresando muchos irlandeses que emigraron en épocas duras. Quedó todo chico (sonríe)". Por eso, son bien vistos arquitectos, ingenieros, y todo lo que tenga que ver con la construcción. Es más: en la embajada reciben 30 llamados diarios de
argentinos que quieren emigrar allí.

Irlanda, habitada por un pueblo que ama a sus escritores (basta mencionar a James Joyce y Oscar Wilde), músicos (digamos
U2 y dejamos todo dicho), lleno de leyendas de gnomos y el más auténtico romanticismo, tiene el único escudo nacional del mundo que ostenta un instrumento musical, el arpa. Nuestro país, si no sale pronto de este coma cuatro, va en el mismo camino. Dicho esto, claro, en el más criollo de los sentidos: cada vez estamos más cerca del arpa que de la guitarra. 

Una panorámica espectacular del Centro Financiero de Dublín.

Una panorámica espectacular del Centro Financiero de Dublín.

El martes 24 de julio, por primera vez en la historia, un primer ministro irlandés visitó nuestro país, donde residen 400 mil descendientes celtas. Bertie Ahren se reunió con Fernando de la Rúa. Su país crece a un ritmo sostenido y explicó la receta.

El martes 24 de julio, por primera vez en la historia, un primer ministro irlandés visitó nuestro país, donde residen 400 mil descendientes celtas. Bertie Ahren se reunió con Fernando de la Rúa. Su país crece a un ritmo sostenido y explicó la receta.

Jonathan Conlon, agregado comercial de la Embajada de Irlanda.

Jonathan Conlon, agregado comercial de la Embajada de Irlanda.

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