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Calentando motores

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Ciudad perfumada por su prosapia latina, caliente, de rumba sostenida bajo las estrellas de Ocean Drive. Colmada de boliches que balconean a la calle, en donde se pega fuerte la salsa como el sudor en la piel. Allí también desfilan el brillo y el lujo, vidrieras iluminadas por relucientes Rolex y trompas de Rolls Royces, Bentleys y Ferraris que se asoman sin pudor a las calles. Pero en esa misma tierra, Susana Giménez aliviana su carga de diva y cambia los stilettos y los vestidos edición limitada por los jeans y una onda más décontracté.

Después de todo, Miami se convirtió para la conductora en un espacio de entrecasa. Allí juega de local. Y la frecuencia con que desembarca en la Florida no da lugar a dudas. Por caso, después de cumplir con su show dominical, regresó a su mansión de Barrio Parque, descansó un par de horas y tomó un vuelo a la ciudadshopping. Una rutina que repite sistemáticamente desde hace más de veinte años. Pero en esta última ocasión, y como en las viejas épocas, sumó a su hija, Mercedes Sabarrayrouse (45), y a su yerno, Eduardo Celasco (47).

En tiempos de bandera blanca tras la crisis que sacudió al matrimonio, Mecha y su marido se refugiaron en la casa de Su, ubicada en uno de los canales de South Beach. Ellos, casi dueños de casa, fueron los encargados de recibir a la diva de vuelta a su segundo hogar. Un reencuentro post tormenta entre madre, hija y yerno que confirma los vientos de paz que comenzaron a soplar.

SWEET HOME MIAMI. Absorbida por su programa, sus negocios (entre otros, la revista que lleva su nombre), Susana viajó a Florida con un único objetivo: descansar. ¡Y qué mejor que hacerlo yendo de shopping! Para eso contó con Mecha como asesora y heredera ejemplar en cuanto a pasión por las compras.

Pero antes de tomar la avenida Collins hasta dar con el exclusivo mall de Bal Harbour, hicieron una parada en una estación de servicio. Un pit stop, que le dicen en la jerga tuerca, para chequear el estado de los neumáticos del Roll Royce y así llegar sin contratiempos a las tiendas. Una vez allí, Marcos –el único hombre a quien la diva confía la llave de su Rolls– le dio la bienvenida y cumplió con el servicio de valet parking.

El paseo comenzó con una visita a Giuseppe Zanotti, el famoso zapatero italiano, por el que madre e hija muestran gran debilidad. A las cuatro bolsas con las que salieron del local se sumaron otras de Prada, Louis Vuitton, Pucci y Dolce & Gabbana. Susana recorrió descalza esta última tienda, en busca de jeans.

Más tarde, con Mecha anclaron en Santa Fe News & Espresso, donde tomaron capuchinos, hojearon las mejores revistas de modas y conversaron. ¿De qué? Puede que uno de los tópicos de la charla intimista, que duró hasta la puesta del sol, haya girado en torno a Celasco. Las aguas parecen haberse apaciguado, superada la crisis matrimonial que Mecha atravesó con Eduardo y que terminó en un encuentro estilo pugilístico con Vito Rodríguez (29), la supuesta tercera en discordia.

Susana, que durante el conflicto siempre demostró absoluta reserva, volvió a compartir unos días con la pareja en la región más latina de los Estados Unidos. Las Giménez lo absolvieron de sus pecados más recientes, pero Celasco también hizo méritos para continuar limando asperezas. Por caso, se lo vio cambiando la bombita de una de las lámparas de la puerta de entrada a la casa. ¡Y así volvió la luz! Metáfora de los tiempos que atraviesa la relación con su mujer y su suegra.

Finalmente, Susana regresó a Buenos Aires para conducir su programa, ya sin huracán soplando sobre la costa de la Florida.

El calor tropical le sienta bien a Su. Con jeans, remera y plataformas, hizo calibrar los neumáticos de su Rolls Royce antes de seguir camino al shopping.

El calor tropical le sienta bien a Su. Con jeans, remera y plataformas, hizo calibrar los neumáticos de su Rolls Royce antes de seguir camino al shopping.

Susana y Mecha juegan de locales en Miami desde hace veinte años. El exclusivo mall de Bal Harbour es una de las paradas obligadas en sus viajes. Marcos, un argentino que trabaja desde hace cinco años de valet parking en el lugar, las ayuda a cargar las bolsas después de hacer shopping. Es el único hombre al que Su le da la llave de su Rolls.

Susana y Mecha juegan de locales en Miami desde hace veinte años. El exclusivo mall de Bal Harbour es una de las paradas obligadas en sus viajes. Marcos, un argentino que trabaja desde hace cinco años de valet parking en el lugar, las ayuda a cargar las bolsas después de hacer shopping. Es el único hombre al que Su le da la llave de su Rolls.

Ubicado al 9700 de la avenida Collins, Bal Harbour es el mall que Susana elige para renovar su guardarropa. En su último viaje compró cuatro pares de zapatos en Giuseppe Zanotti, vestidos de Pucci y bolsos en Louis Vuitton.

Ubicado al 9700 de la avenida Collins, Bal Harbour es el mall que Susana elige para renovar su guardarropa. En su último viaje compró cuatro pares de zapatos en Giuseppe Zanotti, vestidos de Pucci y bolsos en Louis Vuitton.

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