“Cada día, cuando me despierto, sonrío, porque es un regalo de Dios” – GENTE Online
 

“Cada día, cuando me despierto, sonrío, porque es un regalo de Dios”

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La mesa del living de su lindísimo departamento del barrio de Palermo está llena de objetos simples, comunes, esos que existen en cualquier hogar. Entonces, la chica que en julio de 2009 sufrió un ataque cerebrovascular isquémico se anima a un juego. Su novio, Juan Chapas (quien la conoció un año antes del ataque), levanta cosas de la mesa y Verónica Perdomo (32) las pronuncia en voz alta. "Caramelos, lapicera, vaso, pochoclo...", dice sin equivocarse, hasta que una simple maceta de color naranja impide que la lista sea perfecta. Se detiene, se traba, y cuando le dicen que ese objeto lleva el nombre de "maceta" no puede repetirlo. Hay que sentarse, escribirlo, separar la palabra en sílabas, y recién cuando ve las letras impresas en un papel, se anima a pronunciarlo. Pasaron tres años del incidente que la tuvo al borde de la muerte, y las secuelas todavía se palpan. Verónica es un milagro por todo lo que pasó y nadie en su sano juicio puede dudar de que esta morocha de 32 años y curvas perfectas, que hoy seduce en Bailando por un sueño, todavía se encuentra en plena etapa de recuperación.

"Lo que más me dolió fue que alguien dudara de mi condición. Si una sola persona creyera que yo estoy fingiendo algo, entonces mi vuelta a la televisión fue un fracaso. Sólo mi familia y mis amigos saben todo lo que sufrí y por lo que tuve que pasar... Que hoy pueda estar acá, hablando con vos, ya es un milagro", asegura. A un año de la última entrevista que hizo para GENTE (la primera luego del ACV), la mejoría en la pronunciación y el vocabulario es sorprendente. Sin embargo, damos fe de que le cuesta pronunciar las palabras cuando se emociona o se pone nerviosa. Todavía quedan cosas en el tintero. "No puedo escuchar una canción y repetir la letra; mi cerebro todavía no está preparado para esto. Por ejemplo, ahora estoy ensayando un paso de baile con un tema de... (Verónica no recuerda ni el título de la canción ni el autor. Juan la ayuda: 'Es Ave María, de David Bisbal'), y en el final tengo que decir parte de la letra, y no puedo...". Lo que Verónica tiene que pronunciar es "Ave María, ¿cuándo serás mía?", y aunque hace una semana que lo está ensayando, todavía no le sale. "Mano marina, margarina o margarita", es lo primero que puede pronunciar con el tono de la canción. Aunque esto parezca "gracioso", no lo es: Vero sabe que hoy su fuerte es el baile y no puede hacer muchas más cosas. Por eso, cuando este año firmó contrato con la agencia Multitalent, les dijo que sólo estaba preparada para bailar, y así fue. Hoy brilla en el programa de Marcelo Tinelli, y salvo el cruce que tuvo con Marcela Coronel –sobre que ella fingía su dificultosa forma de hablar cuando estaba en cámara–, su vuelta al trabajo está en pleno ascenso.

–Hace un año, cuando hicimos aquella primera nota, hablabas con mucha menos fluidez. ¿Cómo sigue la recuperación?
–Lenta, pero marcha sobre ruedas. Cada día hablo mejor y puedo hacer más cosas. Sinceramente, después de todo lo que me pasó, no lo puedo creer. Veo mis notas en las revistas, me veo en la televisión nuevamente, pero a veces siento que no soy yo. En aquella nota que me hiciste, llevé a mis amigos para que tradujeran lo que decía. Hoy me puedo sentar a hablar con vos y me vas a entender sin problemas.

–Lo lindo es que querías volver a trabajar y después de mucho sacrificio pudiste conseguirlo.
–Es verdad. Trabajar me da mucha felicidad y me ayuda. Tuve la suerte, primero de que la agencia Multitalent me incorporara a su staff, y después, que gracias a ellos Marcelo me aceptara en el Bailando. Hoy, después de todo lo que pasé, siento que la vida vuelve a sonreírme.

–¿Fue muy difícil entrar al Bailando?
–Muy duro. Cuando hice el casting, los productores me dijeron: "Tenés muy pocas chances de ingresar al programa". Lo que les dije fue: "Muchas veces en la vida me dijeron que tenía pocas chances, pero mientras exista una oportunidad la voy a pelear". Y así fue. A pesar de que tengo secuelas evidentes, sigo para adelante.

–¿Qué es lo que más te molesta de esas secuelas?
–Lo más complicado es no poder hablar correctamente. Pensá que yo era profesora de sordos y de repente no podía escribir, hablar ni leer. Fue como una maldición. Yo, que atendía pacientes y les daba clases de fonoaudiología, de repente tuve que pasar un montón de horas en el consultorio para volver a hablar.

"Dios aprieta pero no ahorca"...
–¡Mirá que aprieta fuerte...! (carcajadas). De verdad, si miro para atrás y veo cómo estaba: en silla de ruedas, sin poder hablar, ni leer, hoy todo esto es un regalo de Dios.

–En tu caso, los médicos hablaron de milagro, porque estabas viva. ¿También esta recuperación es milagrosa?
–Seguro. Pensá que tengo la mitad del cerebro muerto y las secuelas que me quedaron son casi imperceptibles. Tranquilamente podría haber quedado paralítica, ciega, muda, o directamente en estado vegetativo.

–¿Por eso te pusiste tan mal la semana pasada, cuando Marcela Coronel dudó de vos?
–Para mí, que no me crean fue muy feo y difícil de entender. Entiendo el medio y sé que se juega sucio. Pero cuando esta señora me miraba a los ojos y me decía que no me creía, no lo pude soportar. Sé que mucha gente hace cualquier cosa para estar en televisión, pero yo no.

–Lo lindo es que podés contar todo con una sonrisa.
–¿Sabés por todo lo qué pasé? Durante 30 días estuve en coma farmacológico; fui sometida a una craneotomía para descomprimir el cerebro, y los médicos les dijeron a mis familiares que en dos horas me moría. Sin embargo, acá estoy. Por eso la sonrisa. Estuve dos años de mi vida en stop, y hoy quiero disfrutar de cada momento y vivirlo como si fuese el último. Cada día, cuando me despierto, sonrío, porque sé que es un regalo de Dios. Miro la vida con ojos de niño y no tengo filtros.

–¿Qué sueños te quedan por cumplir?
–Después del accidente, mis sueños llegan hasta mañana. No me animo a proyectar mi vida muy lejos. Todo lo vivo a full. Prefiero pensar el día a día.

En la intimidad de su casa, Vero se maquilla y se arregla no bien abre los ojos. Siempre fue una chica muy coqueta y hoy disfruta de un presente que le sonríe.

En la intimidad de su casa, Vero se maquilla y se arregla no bien abre los ojos. Siempre fue una chica muy coqueta y hoy disfruta de un presente que le sonríe.

En el Instituto Fleni de Escobar, donde pasó gran parte de su recuperación.

En el Instituto Fleni de Escobar, donde pasó gran parte de su recuperación.

Después de la primera etapa de recuperación, Verónica retomó buena parte de sus rutinas. Y, sobre todo, no descuidó dos cosas: la coquetería y su relación con Juan Chapas, que ya lleva cuatro años.

Después de la primera etapa de recuperación, Verónica retomó buena parte de sus rutinas. Y, sobre todo, no descuidó dos cosas: la coquetería y su relación con Juan Chapas, que ya lleva cuatro años.

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