“Buenos Aires es una ciudad gris, pero con identidad propia” – GENTE Online
 

“Buenos Aires es una ciudad gris, pero con identidad propia”

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La edad no existe: es lo que uno hace desde el principio hasta el final" (Clorindo Testa, a sus 87 años) .................................................................
Y acaso tenía razón. Porque Clorindo Manuel José Testa, que abrió los ojos el 10 de diciembre de 1923, en Nápoles, a los seis meses –cuando sus padres emprendieron el viaje a Buenos Aires– ya tenía los ojos impregnados del maravilloso golfo, del azul del mar y de los barcos que se mecían, anclados y perezosos, y nunca los olvidó. Tanto que, niño todavía, soñaba con construir barcos, "y pensé que mi destino era la ingeniería naval". Pero, "un poco por azar", entró en la Escuela de Arquitectura de la UBA, y se graduó en 1948: primera camada. Desde entonces, con una febril capacidad de trabajo, alternó su primera pasión –el dibujo y la pintura– con la construcción de casas y monumentales edificios. ¿Su primer cuadro? El cuarto de una pensión de Sevilla, donde vivió de paso hacia Italia.

En adelante, y hasta 2009, pintó decenas de obras, figurativas y abstractas, al mismo tiempo que urdió –desde 1959– casi un centenar de edificios, desde centros cívicos hasta... ¡comisarías y balnearios! Por caso, La Perla marplatense, hasta hoy emblemática... Uno de sus maestros –de sus ídolos– fue Le Corbusier, con sus espacios y sus frentes de cemento crudo alisado. Y de su inspiración nació, en 1966, la gigantesca casa central del Banco de Londres: un milagro de espacios abiertos en la abigarrada City porteña, y con el inevitable toque marino: aberturas circulares que remiten a ojos de buey. Fue, en todas sus obras, un cóctel de estilos que abordó sin límites: además del London Bank, la colosal Biblioteca Nacional –demorada, por burocracia y otros tropiezos patrios, más de tres décadas–, en la que se jugó sin complejos al estilo brutalista brasileño. ¿La tercera gran obra? El Centro Cultural Recoleta, construido sobre la base de un convento colonial que fue, además, cárcel y asilo, y rematado con el imponente y ultramoderno Buenos Aires Design.

Le cambió la cara a Buenos Aires, incansable casi hasta su último día, desde su mítico estudio de Santa Fe y Callao que le permitía dominar media ciudad. ¿Le gustaba? Sí, pero con reparos. Estos: "Buenos Aires tapó todo avanzando sobre el río, del mismo modo en que lo devora todo. Pero es una ciudad gris, completamente gris, salvo ese cuadradito rosado que es la Casa de Gobierno, de hombres con traje gris y mujeres con traje sastre gris. Pero no es un demérito ni un signo de mediocridad. Borges era un típico porteño de traje gris... ¡pero brillante! No es un estado anímico: es una respetable moderación de las formas. Entre otras cosas, porque Buenos Aires se ha negado sistemáticamente a ser Latinoamérica, simplemente porque sus grandes obras fueron construidas por arquitectos europeos. Pero también, y eso sí es un defecto, nadie quiere hacerse cargo de nada; nadie quiere abrir las cartas que el destino pone en sus manos... Sin embargo, no fallamos en todo. Un italiano se asombraría al ver casas con ladrillo a la vista en Córdoba –inexistentes en Roma–, y al ver ciudades abiertas como Rosario, que contrasta con Milán, donde uno se asoma a la ventana... ¡y sólo ve la casa de enfrente!".

Pero algo le dolía, y mucho. "La ciudad, en apenas un siglo, fue destruida y construida otra vez sobre sí misma. Ninguno de los edificios o las casas que se ven en las fotos antiguas han sobrevivido, como sucede en París, Londres, Madrid, Atenas, toda América latina, e incluso los Estados Unidos. Eso significa que los argentinos no encontraron todavía su lugar en el mundo, su sitio definitivo, y esa búsqueda la concretan a golpes de piqueta. Es decir, un error sobre otro error. Como el de Rosas, que vendió la antigua Recova porteña... ¡para pagar la deuda externa!, que era apenas el 25 por ciento de la producción interna, cuando hoy debemos diez veces más. Sin embargo, soy optimista: al fin y al cabo, yo también soy un hombre que viste siempre de gris".

Pero, en la síntesis final, elogiaba la diversidad de Buenos Aires: "El colegio Roca, frente a los Tribunales, es un templo griego... Y de pronto, muy cerca, ese templo se estrella contra un edificio absolutamente racionalista. Más allá de críticas adversas, debo reconocer que esas sorpresas no suceden en la milenaria Roma... ¡donde todo es igual! Además, al juzgar a Buenos Aires hay que tener en cuenta sus brutales vaivenes económicos. En el 1900, cuando el dinero llovía, nacieron los edificios de grandes columnas, la Facultad de Medicina, los Tribunales, los palacetes de las familias patricias. Pero más tarde, cuando la decadencia económica nos marcó el paso, la arquitectura no tuvo otro remedio que someterse al dictado de las arcas anémicas, y entonces se levantaron edificios de lujosa fachada, pero interiores que no resistían análisis. Hubo pobreza, y la pobreza acarreó improvisación –a veces muy peligrosa: recordemos los derrumbes– y franca irresponsabilidad. Pero no me quejo: soy optimista. Además, tampoco hay que atarse ciegamente al pasado. Muchas obras –incluso algunas mías– fueron destruidas, pero no las lloro: son parte de la evolución de una ciudad. No olvidemos que Pompeya y Herculano fueron sepultadas en cenizas, y que de las antiguas Siete Maravillas del Mundo apenas se conservan las pirámides. El mundo es acción y reacción, construcción y destrucción".

Tuvo Clorindo Testa, hasta sus últimos años, decenas, centenares de discípulos a quienes les costará asumir su ausencia, su guía, su rigor, sus brillantes ideas. Pero él mismo lo ha dicho: "Nada es eterno". Y aunque no lo sea, con sus infinitos planos, dibujos y proyectos, y de la mano de sus alumnos, Buenos Aires seguirá renaciendo. Testa en su estudio. Detrás, uno de sus cuadros abstractos, con los que ganó varios premios. Entre ellos, dos Konex de Brillante. Sus discípulos lo recuerdan como “irónico, bromista, pero con firme determinación a la hora de trabajar”.

Testa en su estudio. Detrás, uno de sus cuadros abstractos, con los que ganó varios premios. Entre ellos, dos Konex de Brillante. Sus discípulos lo recuerdan como “irónico, bromista, pero con firme determinación a la hora de trabajar”.

La Biblioteca Nacional, de estilo brutalista brasileño y toques propios, que culminó luego de tres décadas de marchas y contramarchas; una gran deuda pendiente, de la que no fue culpable.

La Biblioteca Nacional, de estilo brutalista brasileño y toques propios, que culminó luego de tres décadas de marchas y contramarchas; una gran deuda pendiente, de la que no fue culpable.

“Desde mi estudio, Santa Fe y Callao, de estilo renacentista, domino una gran parte del centro de Buenos Aires: una ciudad gris con pocos golpes de color, pero magnífica en más de un sentido”

“Desde mi estudio, Santa Fe y Callao, de estilo renacentista, domino una gran parte del centro de Buenos Aires: una ciudad gris con pocos golpes de color, pero magnífica en más de un sentido”

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