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A las siete de la tarde parece que el viento se lleva la tormenta para el norte de la ciudad. Genial, entonces. Y miles de pibes llenan de tierra sus ojotas y sus dedos, mientras bajan por el acceso de Rock and Pop Beach. “¡Zafamos! ¡Esta vez el agua no nos va a suspender!”, dice Nora, una chaqueña de 19 años que viene de empaparse en el recital que Babasónicos dio hace unos días en Pinamar bajo una lluvia torrencial.

En esa oportunidad fueron nomás un par de temas, pero hoy todo pinta distinto. Esa luna en cuarto menguante que cuelga en el cielo garantiza noche óptima. Y ya está todo listo para que Primer trueno –con el auspicio de Quilmes– sea algo así como la noche de Mar del Plata.

La previa al show de los Baba es, por lo menos, terrible. Arrancan cuatro jinetes que desafían las leyes de gravedad sobre sus motos y vuelan quince metros por el aire. Son los Motocross Free Style, que saltan a toda velocidad desde una rampa de veinte metros y empiezan a darle onda –y un poquito de nafta– a la noche. Cada vuelo desata un alarido. Un trueno, bah. Pero nadie quiere perder su lugar para el plato fuerte que está al caer. Por eso todos miran desde lejos a los motoqueros. Y llegan tan alto que se los puede ver desde casi todos los puntos de esta playa de dos mil metros cuadrados de decks y 16 mil metros de arena.
Ya son cerca de 20.000 personas en el Outdoor Main Arena, el anfiteatro que inauguró Gustavo Cerati en lo que había sido el mejor recital de la Costa Atlántica hasta ese momento.

Ahora cada vez falta menos para un derroche de glamour y actitud al por mayor. Pero ahora llegan los santafesinos de Caosmos. Ocho trapecistas colgados a 30 metros de altura, sostenidos por la pluma de una grúa y por unas telas elásticas.

La ley de gravedad, momentáneamente suspendida… Y mucha audacia. Sólo va a superarlos alguna chica que cerca de la medianoche se animará a mostrarle sus atributos a Dárgelos y a sus Babasónicos en general.

Para terminar con la previa, Primer trueno se despacha con más de tres toneladas de fuegos de artificio. Y llega el frontman, made in Lanús pero con residencia en Palermo, con esa arrogancia bien vestida de siempre: zapatos blancos, pantalones chupines celestes, camisa blanca y corbata al tono.

Treinta y cinco mil personas ovacionan. La testosterona a full habilita para largar con la guitarra de Mariano Roger y el clásico Deléctrico, pero Dárgelos prefiere arrancar con Puesto, tributo a sí mismo, donde alimenta su ego y se dice “Soy hermoso, soy hermoso, soy hermoso”.

Las chicas avalan, y la multitud que continúa llegando ya se pierde entre la vegetación de los médanos. El cantante continúa con su juego de seducción, y el show es impecable: Deléctrico –ahora sí–, Y qué, Saturno… avalancha de hits. El juego histérico sólo llegará a su fin cuando Adrián mire a esa chica atrevida de la que hablábamos y le cante: “Quiero revolcarme con vos…”, línea killer de Saturno. La morocha no aguanta, y para probarle que ella también tiene los mismos planes, decide mostrarle lo que porta adelante.

Placer del rockstar, que le dicen. ¿Cómo sigue el cuento? No lo sabemos. Lo único claro fue que la hora y media del único recital playero nocturno de este verano marplatense se pasó corriendo. Con luna llena, quizá, hubiese sido mejor. Pero eso es apenas un detalle.

Los Baba a todo hervor rockero, con Adrián Dárgelos y sus recursos de showman ante la mayor multitud que se vio hasta el momento en un recital sobre la arena marplatense.

Los Baba a todo hervor rockero, con Adrián Dárgelos y sus recursos de showman ante la mayor multitud que se vio hasta el momento en un recital sobre la arena marplatense.

Arrogancia, talento y un Adrián Dárgelos sin fisuras sobre el escenario.

Arrogancia, talento y un Adrián Dárgelos sin fisuras sobre el escenario.

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