“Aunque sea famosa, nadie tiene por qué saber con quién me acuesto” – GENTE Online
 

“Aunque sea famosa, nadie tiene por qué saber con quién me acuesto”

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Vieron Volver, de Pedro Almodóvar? Ahí, Penélope Cruz hace de Raimunda, una mamá que se pasa de sufrida, con un marido que vive ebrio, una tía loca, padres muertos en un incendio, y una larga lista de pesares. Y lo hace realmente bien.

Por ese papel, es candidata a Mejor Actriz en los Screen Actor’s Guild Awards –los premios del gremio actoral americano–, que son como la antesala de los Golden Globe –a los cuales, obviamente, también está nominada–. Y estos son, a su vez, la antesala directa a los Oscar, cuyas nominaciones se anuncian el 23 de enero. Con un poquito de imaginación, parece totalmente lógico: Penélope, el 25 de febrero en Los Angeles, con el circo fabuloso y la anhelada estatuilla dorada. Para colmo, sería la primera actriz hispanoparlante en llevarse el mayor premio gordo de Hollywood.

Nada mal para una chica de Madrid que le donó todo un cheque a la Fundación de la Madre Teresa, con 32 años, 1,66 de estatura, hija de mecánico y peluquera, vegetariana absoluta, que gusta adoptar gatos callejeros y tiene un acento satánicamente encantador cuando habla inglés.
Antes de la red carpet y de esos premios que vendrán –o no–, Penélope se fue a la isla de Saint Barth’s, en el Caribe, con los Ray Ban bien puestos, para pasar Nochebuena y Año Nuevo con su hermanita Mónica, y tirarse de frente al mar color turquesa con los breteles de su malla enteriza tentadoramente abajo, sin dejar de atender su Blackberry. ¿Topless? Mmm… Difícil con ella.

Y hace justo un año estaba en el Caribe, pero en la isla de Turks & Caicos, con su hermanita y su novio de entonces, Matthew McConnaughey, cotizado galán del cine estadounidense, a quien conoció filmando Sahara, un bodrio supremo, como Bandidas, que coprotagonizó con su muy buena amiga Salma Hayek. Un romance bastante standard: conocerse en una filmación, ir juntitos a los Oscar, viajar por el mundo, que te corran los paparazzi, etcétera. Con McConnaughey se acabó hace unos meses, aunque se reunirá con él –en la ficción–, en su próxima película, The loop.

Y antes de eso, Tom Cruise. Tres años juntos, tras conocerse filmando Vanilla Sky –que no era para nada un bodrio–. Exactamente la misma fórmula, pero con muchos más paparazzi y muchísimo más glamour. Ella sintetiza: “Aunque sea famosa, nadie tiene por qué saber con quién me acuesto”. Con Tom se acabó en 2004, y todo más que bien. Penélope fue una de las primeras en conocer a Suri, la hijita que Cruise tuvo con Katie Holmes.

Dos años antes de empezar a salir con Tom, cuando eso de Hollywood recién arrancaba, decía: “Acá salgo todas las noches, porque nadie me reconoce”. También reflexionaba que “nadie te toma en serio si quedás en el cine como la chica linda”. Por suerte, las meramente lindas nunca van firmes para el Oscar a Mejor Actriz. Sus primeras clases de danza en el Conservatorio Nacional de Madrid –y esos bailes en los videoclips de Mecano, plomo pop de la España ochentosa, donde cantaba un antiguo novio, Nacho Cano–, parecen cosa del pasado. Lo que no es para nada del pasado es su aparente nuevo novio, Orlando Bloom, galancito hollywoodense también, que hizo de Legolas en El señor de los anillos, y con quien se la vio en Londres, o de noche en Los Angeles. Lógico, ella niega todo… por ahora.

Hay algo clave en todo esto de Penélope Cruz: supervivencia y victoria, entre tantas superstars femeninas que ganan más de 15 millones verdes por film. ¿Por qué? La actriz, en cámara, rinde más que bien, sea con Johnny Depp, Matt Damon, Nicolas Cage o el galán que pinte. Y después, está don Pedro Almodóvar, con películas más jugadas que las que hace en los Estados Unidos, donde es funcionalmente hispana o latina, y nada más.

Bueno, en la olvidable Woman on top, hace seis años, hasta hizo de brasileña. Volviendo al director manchego, Carne trémula y Todo sobre mi madre son ejemplos de cine bestial. “Siempre quise ser una de sus chicas”, dice ella. También está la cachondísima Jamón, jamón, dirigida por Bigas Luna, donde se tuvo que sacar la ropa para un par de escenas de sexo, cosa que la dejó decididamente shockeada.

Por desgracia, no se ve nada de eso en las arenas de Saint Barth’s. Y no se verá tampoco en la alfombra roja de los Oscar el mes que viene. Penélope, directo al agua en Saint Barth’s, donde pasó Nochebuena y Año Nuevo. ¿Nuevo novio? Dicen, Orlando Bloom.

Penélope, directo al agua en Saint Barth’s, donde pasó Nochebuena y Año Nuevo. ¿Nuevo novio? Dicen, Orlando Bloom.

Malla enteriza, topless ni hablar. Pero, obvio, totalmente hot. Su próximo film la verá reunida con su ex, Matthew McConnaughey. Por ahora, queda la red carpet. O el agua caribeña.

Malla enteriza, topless ni hablar. Pero, obvio, totalmente hot. Su próximo film la verá reunida con su ex, Matthew McConnaughey. Por ahora, queda la red carpet. O el agua caribeña.

Breteles abajo y el Blackberry que suena. Después, saludito al paparazzi, cosa que ella no se banca. ¡Privacidad ante todo!

Breteles abajo y el Blackberry que suena. Después, saludito al paparazzi, cosa que ella no se banca. ¡Privacidad ante todo!

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