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“Aunque parezca loco, hoy los chicos se pusieron de moda”

“Aunque parezca loco, hoy los chicos se pusieron de moda”

Redacción Gente

Dady (en inglés): Papi, pa. Papá. Y Dady juega. “Soy un tipo muy lúdico,
siempre lo fui. Cuando mis chicos eran chicos, y ahora también
”, dice. A su
lado, unos chupetines, caramelos masticables, galletitas de las que se abren
para chupar la cremita del medio y después tirar las tapas, una silla con cara
de dino, un pizarrón, algunas tizas, algunos crayones, completan el cuadro, su
cuadro: el cuadro infanto-juvenil del conductor de los más chicos en la
televisión argentina.

Hace cinco años, cuando arrancamos, era de culto, la crítica más
especializada me puso en un lugar de renovación
”, dice Dady. La pregunta se
cae solita: ¿Y hoy?.
–Hoy sigo adelante con el programa que más me gusta. Lo hago suelto, sabiendo
qué terreno piso. Es como los regresos con Midachi, un territorio conocido.

–Sos padre de Bruno y Franco, que ahora tienen 16 y 12, pero hace cinco
años eran niños. ¿Cómo hacés de tu paternidad tu rumbo profesional?
–Fue algo muy natural. Con los chicos que llegan al programa soy como fui
con mis hijos: juguetón, sincero, lo que no quiere decir que los trato como
bobitos. Les doy un lugar de importancia, los converso como puedo conversar a un
grande, y te juro que no es una tarea fácil.

–¿Por qué?
–Para quedarte con tres minutos editados de un chico por ahí tenés que estar
una hora buscándolo. Hacerlo sentir seguro, que se suelte y te hable. Ese es un
trabajo que hay que hacer con mucho cariño, porque sólo así da resultado.

–El año pasado le pediste a una nena que te mostrara la bombachita a
cambio de mostrarle vos el calzoncillo, y eso despertó críticas. ¿Encarás este
ciclo con más cuidado?
–No, para nada, porque yo hablo con los nenes con naturalidad, y la
naturalidad supone hablar de la bombachita o el calzoncillo. No alude para nada
al abuso de menores, a la explotación infantil, o a no sé cuántas otras cosas
que dijeron.

–Pero esos males existen y alguien puede encontrar alguna conexión.
–Existen y me resultan deplorables. Los condeno con toda mi energía, pero mi
charla con una nena no tiene ninguna conexión con eso. ¿A mi hermana sabés cómo
la llamo? “Chancha”, le digo. “Chancha de acá, chancha de allá”. Y
nunca creímos que eso aludía a un problema de bulimia o de anorexia, que eso la
podía llevar a irse al baño a vomitar después de cada comida. No. Le digo “chancha,
chanchita
”, porque la quiero, con todo el cariño del mundo se lo digo.

–¿Cuál es el secreto para hacer hablar a un nene?
–La naturalidad. Yo les hablo como hablo con un amigo, les digo malas
palabras, me río de lo que me hace gracia y no fuerzo la risa. Ellos lo
perciben, y cuando los nenes perciben, responden. Ahora, no me dejen con un
montón de ellos a solas, porque salgo corriendo.

Y un día, la tele descubrió a los chicos.  Es decir, ya los había
descubierto, pero Andrea del Boca y Marcelo Marcote eran apariciones que
funcionaban por oposición y contraste: la tele era un gran telón de fondo de
seriedad y adultez. Los chicos, los poquísimos que tenían algo parecido a un
protagónico, se iluminaban de puro infrecuentes. Ahora no. Ahora los chicos son
todo, insoportablemente todo. Esa voracidad tan argentina, la insaciable lógica
de descubrir y agotar. Que algo sea negocio (poner canchas de paddle, abrir un
parripollo, llevar chicos a la tele) no quiere decir que sea negocio para todos.
Pero ya ven: los chicos miden, metamos chicos hasta en el informe del tránsito.
En lo de Tinelli, en lo de Susana, en TVR. Es cierto, Dady lo hizo hace cinco
años, la edad del primer Agrandadytos.

–¿Qué pasó?
–No sé, aunque parezca loco, hoy los chicos se pusieron de moda.

–De moda…
–Sí, como otras cosas que un día empiezan a funcionar hasta que dejan de
hacerlo.

–Algo más debe haber cambiado.
–Sí, los padres. Últimamente se ponen insoportables. Y encima después te
piden regalos. En mi programa no los van a encontrar, no se van a ir de acá con
bicicletas o microondas.

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El mismo tipo que se sumerge en el humor adulto con Midachi, filma en
San Luis su primera película (contra viento, marea y algunas protestas en la
puerta del set), ahora vuelve a girar sobre sí mismo y se pone en la piel
del adulto lúdico que, dice, tanto le gusta ser. Dice Dady: “No habrá
sorpresas. Será, como siempre ha sido, un largo juego, a veces de puras
palabras, a veces no, con un montón de chicos a los que, te lo juro, les quiero
robar el corazón
”.

“<i>A los chicos les hablo como a un amigo, les digo malas palabras, me rio<br />
de lo que me hace gracia y no fuerzo la risa. Ahora, no me dejen con un montón<br />
de ellos a solas, porque salgo corriendo</i>””></p><div class='code-block code-block-13 ai-viewport-2 ai-viewport-3' style='margin: 8px 0; clear: both;'>
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<p class=A los chicos les hablo como a un amigo, les digo malas palabras, me rio
de lo que me hace gracia y no fuerzo la risa. Ahora, no me dejen con un montón
de ellos a solas, porque salgo corriendo

Dady juega. Dice que no puede parar de hacerlo: “<i>Soy un tipo muy lúdico,<br />
siempre lo fui, y eso me sirve para llegar a los chicos</i>”.<br />
 “></p>
<p class=Dady juega. Dice que no puede parar de hacerlo: “Soy un tipo muy lúdico,
siempre lo fui, y eso me sirve para llegar a los chicos
”.
 

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