“Aunque disfruto recordando el Mundial 78, sé que de la gloria no se puede comer” – GENTE Online
 

“Aunque disfruto recordando el Mundial 78, sé que de la gloria no se puede comer”

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Cuando viajo y camino por mi país, la verdad, no me conocen demasiado. De cada cien personas, quizá tres, cuatro, cinco. ¿Los pibes? Ninguno”, enfatiza Mario Alberto Kempes (53; Bell Ville, Córdoba; del 15 de julio de 1954, alias Matador y Guaso) antes de lanzar una carcajada frente a la siguiente pregunta, que se apura en repetir. “¿Te parece que si jugara ahora sería como Beckham, que me seguirían los paparazzi?”, reitera, y avanza mitad en serio, mitad en broma: “Bueno, mal no me mantengo. Peso los mismos 84 kilos que en el ’72, al fichar para Instituto de Córdoba, y mido el mismo 1,82 de altura que en la vieja época. El problema pasa por el pelo. Podría jurar que me lo corté pero, en realidad, se cayó, le di libertad de acción”, redondea. Y vuelve sobre la pregunta del periodista. “¿Por qué te parece que si jugara ahora sería como Beckham, que me seguirían los paparazzi?”, insiste.

–Disculpe, ¿cuál era su sueño de chico?
–Convertirme en futbolista.

–¿Después?
–Llegar a Primera División.

–¿Luego?
–Entrar en la Selección.

–¿Más tarde?
–Representar a mi camiseta en un Mundial.

–¿Otra cosa?
–Avanzar, acceder al partido decisivo y meterla en un par de oportunidades.

–¿Paramos ahí?
–Salir campeón.

–¿Cerramos?
–Quedar goleador, recibir el Botín de Oro.

–¿Listo?
–Y que me den la Pelota de Oro como mejor futbolista del planeta.

–Okay, ¿entiende la pregunta, entonces? Porque usted consiguió lo que soñó. ¿No le parece que si en la actualidad compitiera sería como Beckham, quien, a pesar de no poseer ni el diez por ciento de sus logros, se ha transformado en un personaje imprescindible para los paparazzi, sale en revistas de moda y negocios, no transita tranquilo por la calle?
–(Ríe) Cierto. Las distinciones que te nombré únicamente pudimos alcanzarlas Paolo Rossi, en España 1982; Ronaldo, en Corea/Japón 2002; y yo, en Argentina 1978. Sucede que ahora el fútbol ingresa a todos los hogares, tornándose un negocio fabuloso y una vidriera incomparable. Pagan millones de euros por los pases y ¡hasta las mujeres conocen vida y obra de cada profesional! Antes, antes...

–¿Cuánto costó su mayor transferencia?
–Quinientos mil dólares. En el ’76, de Rosario Central al Valencia español. En 1981 dejé el club, rumbo a River. No hubiese existido problema en ir a Boca. A mí me interesaba jugar. De allí que jamás me expulsaron en medio de un encuentro. Cobraba duro dentro de la cancha y me la bancaba. En mis diecinueve temporadas gané y gasté. Aunque disfruto recordando el Mundial, sé que de la gloria no se puede comer, y la sigo remando.

–Antes de avanzar, ¿qué imágenes lo invaden del 25 de junio del ’78, fecha de la final ante Holanda?
–La de un grupo mentalizado en un objetivo deportivo, la de la gente festejando. El tiempo ha demostrado lo difícil de obtener semejante título. Por algo conseguimos sólo dos en la historia.

–César Luis Menotti, el técnico de aquel equipo, acaba de declarar en el diario Corriere della Sera que se sintió usado por el presidente de facto, Jorge Rafael Videla. ¿Sabían lo que ocurría alrededor?
–Yo no me sentí usado, porque yo fui a jugar al fútbol. Aparte, nuestra sede se eligió en 1974, antes de que cayera la democracia. Recién conocimos la gravedad de lo acontecido al difundirse los detalles tras la Guerra de Malvinas, en el ’82. Acepto, a la distancia, que se trató de un momento desagradable, pero nosotros no sabíamos ni medio. Y extiendo la explicación a los que tildan de ‘arreglado’ el famoso 6-0 contra Perú.

–¿No lo estaba?
–Mirá, el equipo de Marcos Calderón venía desahuciado en la segunda fase, ya estaba afuera. No obstante, entre los 15 y 20 minutos clavó dos tiros en el palo que nos cargaron el alma de escalofrío. Te aseguro, y a no dudarlo, que teníamos el hambre necesario para pelear el campeonato. Hambre que faltó en 1982. Nunca se admitió que nos equivocamos y terminamos despidiéndonos temprano. En el ’78 pasamos cuarenta días encerrados, mentalizados. En España nos concentramos cerca de la familia, a orillas de la playita. Estaba corrido el blanco.

–Culminado su tercer y último Mundial, retornó al Valencia, continuó en el Hércules y saltó al Viena, al Sankt Pölten y al Kremser, de Austria. Durante 1991 se retiró de la Primera. Pese a que representó y dirigió conjuntos de diversas nacionalidades, su actualidad lo sorprende comentando fútbol internacional en los Estados Unidos. Revélenos la receta para que le paguen por ver partidos.
–Salté de aquí y allá, y regresé a Valencia, para emplearme en Canal 9. En Valencia soy más conocido que en cualquier lugar. Lógico, a lo largo de tres décadas y pico apenas permanecí tres años en la Argentina. Mis hijos mayores (Mario José, 23; Magalí, 28; y Arianne, 29; del matrimonio con la local María Vicenta) residen en la ciudad. Yo uso pasaporte español. Lo cierto es que cierto día llamaron de la cadena ESPN Latinoamérica. Pensé que se trataba de una joda. Y no. Me convocaron, superé las pruebas y firmé contrato. Julia (41, venezolana, su segunda mujer), Nicole (3), Natasha (8) y yo nos radicamos en Connecticut, al noroeste. Habitamos una casa de madera en Bristol. No falta la parrillita. Pido cortes especiales y los guardo en el freezer para asarlos las tardes en que aparezco temprano.

–Genial. ¿Y qué hay del idioma?
–Thank you (se tienta). Todavía necesito perfeccionarlo. Bah, no sé manejarme en inglés. Es como mi pierna derecha, cero habilidad. Por suerte, la palabra gol se pronuncia igual en distintos sitios, je. Yo gozo lo que me toque. De extrañar, extraño a mis viejos, Mario y Eglys, y a mi hermano Hugo, claro. Por fortuna, ESPN me ha pedido que continúe mi labor desde Buenos Aires. Pronto volaremos. Obvio que de recibir una linda propuesta como DT, pediré licencia.

–¿Tiempo de revancha, Mario? ¿Kempes se ha sentido reconocido en su tierra?
–Ninguna revancha. Si bien el único monolito que me han levantado descansa en la estación de ómnibus de mi pueblo, no me quedan asignaturas pendientes. Nadie me debe nada. Ni videos guardo. Me alcanza, de tanto en tanto, te juro, con descubrir las caritas asombradas de mis chiquitas preguntándose si ese señor de pelo largo que aparece gritando feliz en un programa homenaje es su padre.

Rodeado de sus hijas menores (Natasha, 8, y Nicole, 3) y su mujer venezolana, Julia, Mario vive y trabaja en el estado de Connecticut, a dos horas de Nueva York.

Rodeado de sus hijas menores (Natasha, 8, y Nicole, 3) y su mujer venezolana, Julia, Mario vive y trabaja en el estado de Connecticut, a dos horas de Nueva York.

“Teníamos el hambre necesario para pelear el campeonato. Hambre que faltó en 1982. En el ’78 pasamos cuarenta días encerrados, mentalizados. En España nos concentramos cerca de la familia, a orillas de la playita. Estaba corrido el blanco”

“Teníamos el hambre necesario para pelear el campeonato. Hambre que faltó en 1982. En el ’78 pasamos cuarenta días encerrados, mentalizados. En España nos concentramos cerca de la familia, a orillas de la playita. Estaba corrido el blanco”

Mientras sostiene el balón de la Eurocopa 08, dentro de los estudios de ESPN ubicados en Bristol, Connecticut.

Mientras sostiene el balón de la Eurocopa 08, dentro de los estudios de ESPN ubicados en Bristol, Connecticut.

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