Así son los días de Diego en la clínica – GENTE Online
 

Así son los días de Diego en la clínica

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El primer gol, el de Neri Cardozo, casi no pudo gritarlo: “No terminé de acomodarme en la cama y ya estábamos ganando uno a cero”, le dijo Diego a Julián, el enfermero que lo acompañaba en la habitación. A su lado, Alfredo Cahe, su médico personal e hincha fanático de River, sufría por la conquista. Es que no fue para menos: a los dos minutos y medio del primer tiempo, un derechazo cruzado del volante venció a Gastón Sessa, y Boca comenzó a ganar un partido clave para llegar a la punta.

En su habitación, la número 2 del piso 13, Maradona festejó, acomodó las almohadas sobre su cabeza y, entre risas, le dijo a Julián y a Cahe: “Prepárense para ver buen fútbol. Tengo el presentimiento de que hoy goleamos”.

Hacía tres días que Diego estaba despierto, luego de nueve sedado y en profundo sueño. Su grave cuadro de hepatitis tóxica aguda por abuso de alcohol empezaba a quedar atrás. Lo que asombró a todos fue su estado de ánimo al despertarse: “Primero nos preguntó por qué estaba ahí, ya que no tenía conciencia de lo que le había pasado. Se lo explicamos diciéndole –sin ocultamientos– lo que tuvo, el tratamiento al que lo sometimos, y cómo estaba evolucionando. Y después le sugerimos qué debería hacer desde ahora en adelante, aunque eso es decisión de él y de su familia…”, le dijo a GENTE Héctor Pezzella, el director médico del sanatorio, que estuvo a su lado desde el primer minuto en que el doctor Alfredo Cahe decidió internarlo, convencido de que su vida corría peligro.

Otra vez (y van…), la evolución de Maradona es favorable. Según los exámenes, estaría superando su cuadro de hepatitis tóxica: una crisis que en la mayoría de los casos tarda entre quince y veinte días para revertirse, pero que en su caso avanzó mucho más rápido. Tanto, que ya puede comer por sus propios medios, se levanta de la cama y camina por su cuarto dos veces por día.

Se lo ve mucho más activo, hace chistes y ya dejó su alimentación parenteral (por suero). En su habitación tiene un televisor donde mira dibujos animados, y desde el domingo tiene el codificado para ver los partidos”, explica Pezzella.

COMO VIVE EN LA CLINICA. A las siete de la mañana, Diego abre los ojos. A lo largo de las veinticuatro horas del día lo acompaña un enfermero. Lo primero: pide un vaso de jugo Ser de naranja. Vuelve a dormirse por efecto de los sedantes que recibe en forma oral y parenteral para controlar su cuadro de abstinencia. A las dos horas se levanta a desayunar: té con jugo de naranja y unas tostadas, pero un día pidió dos medialunas de manteca y un vaso de leche chocolatada. Camina un rato (no más de cinco minutos) y vuelve a dormirse. Se despierta a las doce del mediodía y almuerza puré de papas con pollo trozado porque, por ahora, sólo puede comer papillas. ¿Comida permitida? Pescado, gelatina y postres dietéticos. En una habitación contigua hay una suite para que alguien de su familia pueda quedarse todo el tiempo que quiera. Pero, por permiso de Cahe, sólo lo acompañan Claudia, Dalma, Gianinna y Verónica, su actual pareja. “Quiero que Diego se cure de una vez por todas, y para eso debe alejarse del entorno que lo rodea. Venía muy bien, pero empezó a viajar por todo el mundo para cumplir algunos contratos de showbol, y… ¡otra vez los problemas! Alcohol en exceso, habanos… Todo eso lo arrastró y se desató esta crisis, realmente muy grave”, dice Cahe.

Pero hay buenas noticias. Según los últimos estudios, “su corazón está impecable” (testimonio médico): un Talón de Aquiles que pudo ser fatal. Su mejoría es tan notable que si hoy quiere, si su organismo responde como hasta ahora, podrían darle el alta. Desde luego, Cahe sigue firme en lo que quiso desde el principio: continuar su tratamiento psicológico para desterrar su alcoholismo. Pero, dice: “Todo depende de su voluntad. Primero hay que superar esta etapa y después hablaré con él cara a cara, como hicimos siempre. Pero es clave separarlo de su ambiente habitual y llevarlo a un lugar donde esté aislado, donde haya una infraestructura adecuada, severa, con funcionamiento de spa, que seguramente le hará muy bien”.

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El primer gol de Rodrigo Palacio casi lo hace saltar de la cama. Cuando terminaron los primeros 45 minutos llegó la merienda: gelatina, jugo de naranja y algo especial y hasta entonces inédito: ¡un sandwich de jamón y queso! Ultimos 45: descuento de Vélez (33 minutos, Maxi Pellegrino, de cabeza), y sesenta segundos después, segundo de Palacios. Tres a uno, y a cobrar… “Este pibe es un fenómeno, una luz”, dijo Diego, y golpeó la palma de su mano derecha con la zurda de Julián, el enfermero, mientras Cahe sonreía con una mueca de bronca. Y después, la tortura para el médico personal. Porque juntos miraron el partido de River y Belgrano de Córdoba: “¡Vamos, Chelito! ¡Siempre le hacés goles a la Gallina! ¡Cuando pueda te voy a ir a dar un abrazo personalmente!”, gritó Diego cuando Marcelo Delgado convirtió el primer gol de penal en el Monumental.

Que su salud, su médico y sus hados se lo permitan. Que así sea. No por pura, simple y natural expresión de deseos. Ni siquiera porque es el atleta más extraordinario y amado del mundo. Tampoco porque pronuncian su nombre desde Arabia Saudita hasta Jamaica, desde Tailandia hasta Australia, desde Marruecos hasta Groenlandia. Tampoco porque ante él se inclinaron desde populares y atestadas tribunas hasta auditorios universitarios. Tampoco por los goles imposibles, por los títulos, por la infancia gris en Fiorito o la vida dorada en Europa. Nada de eso. Simplemente porque su mujer (aunque sea ex), sus hijas y aquellos que realmente lo aman –no los amigos del ídolo, los oportunistas, los traidores– merecen seguir teniéndolo entre ellos. A Maradona, el Pelusa. No al monstruo sagrado. Sólo a Diego, el Pelusa. Al que aman porque sí, y no por su historia dentro de una cancha. Sólo porque sí.

El domingo de Pascua, Claudia y Gianinna visitaron a Diego, quien pidió ver el partido de Boca contra Vélez y festejó, alborozado, la victoria del equipo de Russo por un contundente 3-1.

El domingo de Pascua, Claudia y Gianinna visitaron a Diego, quien pidió ver el partido de Boca contra Vélez y festejó, alborozado, la victoria del equipo de Russo por un contundente 3-1.

Su médico personal, Alfredo Cahe, le dijo a GENTE: “<i>Quiero que siga en la clínica, porque Suiza es un lugar muy light</i>”.

Su médico personal, Alfredo Cahe, le dijo a GENTE: “Quiero que siga en la clínica, porque Suiza es un lugar muy light”.

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