“Antes que el escenario, prefiero rescatar niños de las calles” – GENTE Online
 

“Antes que el escenario, prefiero rescatar niños de las calles”

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Ricky Martin llegó a Buenos Aires y estuvo sólo dos días. Y como siempre, su sonrisa y estilo –halagador y suave– hacen que hasta la más arisca caiga a sus pies. Jeans, ojotas y una remera blanca ajustada que deja entrever el gran tatuaje de una mujer desnuda en su brazo izquierdo, son parte de ese look. El cantante portorriqueño más famoso del mundo, con su capuccino en la mano, habló de todo. Pero cuando habla de su fundación, su mirada brilla.

–¿A qué vino?
–Acepté la invitación de Marcelo (Tinelli) para ser parte de su primer programa. Eso no se piensa dos veces. Luego vuelvo a Miami y sigo con la gira en Europa, donde vamos a visitar muchas ciudades a las que nunca fui a cantar. También voy a ir a Beirut, Tel Aviv, Ammán y El Cairo. Luego junio, tranquilo, para esperar la Copa del Mundo y preparar un material que voy a largar a fin de año, en castellano. La idea es, con ese lanzamiento, hacer recitales en Latinoamérica. Quiero volver a la Argentina, pero no sólo a Buenos Aires. Quiero hacer shows en el interior: Rosario, Córdoba, Mendoza.

–¿Este año?
–Sí, a comienzos del verano.

–Bueno, lo esperamos con ansiedad.
–Porque el año que viene tengo sólo una meta: trabajar más fuerte en mi fundación con el tema de la trata de niños. Quiero hacer documentales, películas. Desafortunadamente, cada día que pasa las cosas se ponen peor.

–¿Y siente que usted tiene que estar ahí? ¿Necesita estar más involucrado?
–Hice unas alianzas muy interesantes con Microsoft para 140 mil escuelas en Latinoamérica para educar a maestros, padres y alumnos. Para que se pueda elegir entre las cosas buenas de Internet y las malas. Lamentablemente, la pornografía y la prostitución infantil entran por Internet… Es una locura. Quiero hacer un proyecto bien claro, bien crudo de esta realidad, y llevarlo a las masas a través de la televisión. Quiero que llegue a todo el mundo.

–¿Eso lo hace feliz?
–Honestamente, eso es lo único que me inspira al día de hoy. La música está, pero lo confieso: hoy, si me pones una pistola y me dices que tengo que elegir entre el escenario y rescatar niños, prefiero rescatar niños de las calles. Mira: estuve en la India y saqué tres niñas de adentro de bolsas plásticas. Después ya nada importa. ¿De qué me puedo estar quejando yo de la vida? ¿Qué necesito de verdad yo para vivir?

–Cuando abandonó la música y se acercó al budismo, ¿qué le pasó?
–Definitivamente eso me cambió la vida, me cambió la perspectiva. Yo sólo quería caminar sin itinerario, sin agenda, necesitaba sentir. Estaba un poco anestesiado. Antes, lo único que yo quería era ser el mejor. Vivía obsesionado. Quería vender muchos discos. Quería éxito. Estoy satisfecho con lo que he logrado, pero todo era un “” en mi vida. Una vez me dije: “¿Qué pasa si digo ‘no’? ¿Qué pasa si paro aquí?”. Y cuando dije “no” por primera vez, me encantó. Y esas caminatas en silencio, poder sentarme a hablar con los pescadores, simplemente sentir, me reconfortaron.

–¿Se enoja a veces? ¿Hay cosas que lo enfurecen?
–Por supuesto que me enojo, pero no me aferro. Lo analizo, veo por qué estoy enojado, y Dios me da la serenidad para saltar las cosas que no puedo cambiar, coraje para cambiar las que sí puedo, y sabiduría para saber la diferencia.

–¿Qué cosas lo enojan?
–El cinismo. Antes estaba obsesionado por el control y cuando lo perdía, me volvía loco. Creo que me he desprendido de eso, con amor. El día de hoy, sólo quiero simplificar todo. No es fácil, porque cuando tienes veinte años con un código, la decodificación es un poco jodida. Mi disco, Life, nace en esa transición. Por primera vez, mi música nació sin prisa. El proceso creativo no fue nada doloroso, no hubo sabotaje.

–¿Qué lugar ocupa el dinero en su vida?
–Estoy cómodo.

–Tengo entendido que una vez le ofrecieron un millón doscientos mil dólares por cantar un 31 de diciembre en el hotel Delano de Miami, y dijo que no.
–Yo voy a hacer las cosas que quiero hacer. La comodidad hoy está, mis padres están bien, que es lo que más me importa. Puedo dejar de trabajar hoy. Lo único que me desvela es ver qué puedo hacer por mejorar, hacer algo por la sociedad. Hay muchos problemas sociales, y están todos relacionados. No hay que estar ciego a las realidades de la vida, y por eso hay que trabajar el interior.

–¿Le preocupa la estética?
–Me gusta verme bien, sentirme bien. Hago deportes, pero porque me hace bien. A veces me enojo, hago un poco de capoeira y ya. Tengo dos años haciéndolo y ya no levanto más fierros. Me siento bien cuando lo hago. Es bien completo, y aparte tiene música.

–Le gusta mucho bailar. ¿Va a bailar?
–Sí, por supuesto. Me encanta.

–Si usted no me conociera, estuviéramos en una disco y yo le dijera que venga a bailar conmigo, ¿vendría?
–Por supuesto. Me encantan las raves, Paul Van Dick y Tiesto. Entro en un trance y no paro. No me drogo ni tomo alcohol, pero dame mi botellita de agua, una buena música, y no paro de bailar. Y quien quiera bailar conmigo, bien; si no, bailo solo.

–Le puedo conseguir varias candidatas, no se preocupe. Cuando no trabaja, ¿qué hace?
–Me gusta nadar. Puerto Rico es mi hogar, yo pertenezco ahí. Tengo casa en Los Angeles, en Nueva York y Miami, pero Puerto Rico es mi casa. Ahí tengo mi gente.

–¿Camina por la calle en su tierra?
–Es un poco difícil, pero ahí están mis amigos. Yo siempre he sido casero. Estuve mucho tiempo desconectado. Había abandonado lo simple, los amigos, la familia.

–¿Qué tuvo que sacrificar por esta carrera?
–Sacrifiqué mis sentimientos: era una máquina. Tal vez me preguntaban cómo estaba, y yo decía que bien, pero por dentro me dolía el estómago. No se me podía ver mal.

–Y hoy, si está mal, ¿lo demuestra?
–Sí, totalmente. Dios es Dios y no todo el mundo lo acepta. Yo quiero ser yo, en cuerpo y alma, todo lo honesto que pueda.

–Tengo entendido que la última vez que vino se fue a caminar solo por la ciudad.
–Sí, me gusta mucho caminar. Nos fuimos a comer unas ricas milanesas frente al Parque Lezama. Me gusta un toque familiar. Y volvemos a lo mismo: conozco los mejores restaurantes del mundo, comí en palacios, viajo en un avión privado, a los doce años tenía un piso de hotel para mí, y no tenía una computadora con juegos de video: tenía un cuarto lleno de juegos de video. Esa era mi realidad. Pues sí, esas caminatas que yo me di por la ciudad me hacen bien. Pasé por donde yo vivía cuando estuve acá, me paré frente al edificio donde pasé mis quince, dieciséis años. Fue necesario, una linda nostalgia.

–¿Esas son las cosas que lo inspiran a la hora de escribir?
–Totalmente. Es que ahora escribo. No como antes, que estaba en la locura. Pero insisto, eso que soy hoy, es también eso que fui. No quiero renegar de nada.

Ricky se alejó de los escenarios por tres años y cambió su forma de mirar la vida: “Antes, lo único que quería era ser el mejor: vivía obsesionado. Quería éxito. Estoy satisfecho con lo que he logrado, pero todo era un ‘sí’ en mi vida. Una vez me dije: ¿Qué pasa si digo ‘no’? ¿Qué pasa si paro aquí? Y cuando dije ‘no’ por primera vez, me encantó”.

Ricky se alejó de los escenarios por tres años y cambió su forma de mirar la vida: “Antes, lo único que quería era ser el mejor: vivía obsesionado. Quería éxito. Estoy satisfecho con lo que he logrado, pero todo era un ‘sí’ en mi vida. Una vez me dije: ¿Qué pasa si digo ‘no’? ¿Qué pasa si paro aquí? Y cuando dije ‘no’ por primera vez, me encantó”.

“El budismo me cambió la vida. Yo sólo quería caminar sin itinerario, sin agenda, necesitaba sentir”

“El budismo me cambió la vida. Yo sólo quería caminar sin itinerario, sin agenda, necesitaba sentir”

 “Esas caminatas que me di por la ciudad me hacen bien. Me paré frente al edificio donde pasé mis quince, dieciséis años. Fue necesario, una linda nostalgia”

“Esas caminatas que me di por la ciudad me hacen bien. Me paré frente al edificio donde pasé mis quince, dieciséis años. Fue necesario, una linda nostalgia”

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