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"Ante la inseguridad, créame, los legisladores no somos ciegos ni sordos"

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En la inédita -y récord mundial- semana de los cinco presidentes, fue el
último antes de la asunción de Eduardo Duhalde: gobernó apenas 29 horas (desde
el 31 de diciembre del 2001 a las cinco de la tarde, hasta el primero de enero
del 2002 a las diez de la noche). Fue, además, concejal provincial, intendente
de Quilmes, diputado nacional -reelecto dos veces por la provincia de Buenos
Aires-, y desde el 10 de diciembre del 2001 es el presidente de la Cámara de
Diputados. Su vocero, el periodista y escritor Julián Mandriotti, jura que
"Camaño no para un minuto: me vuelvo loco para manejar su agenda". Así fue su
diálogo con GENTE:

-Camaño, ¿por qué los políticos van detrás y no delante de los dramáticos
pedidos de la gente?
-Lo que hoy, 14 de abril, debatimos, son propuestas que trabajábamos desde
antes…

-¿No es una respuesta oficial, de ocasión?
-No. Lograr la figura del arrepentido, fijar recompensas y terminar con la droga
y con la pobreza son cosas básicas que tienen relación directa con esta
coyuntura. Ante la inseguridad, créame, los legisladores no somos ciegos ni
sordos…

-Pero la gente siente que se pusieron a trabajar en serio gracias a la presión
de la marcha que organizó Blumberg.
-Entiendo esa sensación. Pero veníamos trabajando desde antes, créame.

-La que tiene que creerle es la gente. ¿Cómo se explica que la justicia libere a
delincuentes que luego vuelven a robar o a matar?
-Sucede que esas libertades o excarcelaciones no tienen el control necesario…

-Durante el debate en el Senado, se propuso negarle a los jueces la facultad de
liberar antes de tiempo a autores de delitos aberrantes. ¿No cree que esa
negativa debería existir desde mucho antes, y que hubiera evitado muchos
crímenes y violaciones?
-Insisto: las leyes que se trataron fueron impulsadas desde el Poder Ejecutivo,
adelantándose a lo que sucedió después. Pero, por supuesto, reconozco que el
pedido de Blumberg tuvo un efecto fenomenal en la gente y en los legisladores.

-¿Qué fue lo que más lo impresionó de la marcha de las velas?
-La enorme cantidad de víctimas, y las mujeres que acompañaron a Blumberg. Como
María Denegri, madre de un joven asesinado por delincuentes, que demostraron
mucho valor para luchar contra la inseguridad.

-Muchos dirigentes y legisladores pasaron años diciendo que la inseguridad no es
tan grande. Que sólo es una sensación térmica agrandada por los medios
periodísticos. ¿Qué opina?
-El que dijo eso…, debe hacerse cargo de lo que dijo.

-Pero la mayoría está convencida de que los legisladores le dan la espalda al
problema. Que no les preocupa porque no lo sufren como el resto de la sociedad.
¿Qué responde?
-Mire, yo soy un vecino de Quilmes, y bastante reacio a andar con custodia. ¡Y
hasta a mí me robaron el auto! Además, antes, a mis dos hijas las llamaba una
vez por día para ver si estaban bien, ¡y ahora las llamo cuatro veces, y tampoco
me quedo tranquilo! No soy un extraterrestre.

-La policía bonaerense está en el centro de las sospechas, y el avance del
delito es cada vez mayor. ¿Eso es sensación térmica o es la verdad?
-La gran mayoría de la policía bonaerense es honesta y paga con sangre todos los
días su servicio a la gente. Pero solucionar definitivamente el deterioro
institucional es imperioso.

-¿Qué le dijo al padre de Axel Blumberg?
-En lo formal, que tomábamos con respeto y consideración todas sus inquietudes.
En lo humano…, ¿qué explicación se le puede dar a un padre al que le mataron su
hijo? Creo que la mujer de Blumberg es la verdadera cara interna del padre de
Axel. Está destrozada, y se le nota todo el tiempo.

-También el señor Blumberg…
-Sin duda. Sostiene una lucha que lo mantiene ocupado en algo muy importante,
pero no quiero imaginarme cómo se desplomará de dolor al llegar a su casa por la
noche…

-¿Vio a Blumberg levantar la mano durante la sesión?
-Sí, por supuesto. Tuve que mirar para otro lado, porque no le estaba permitido
hablar. Pero comprendí su sentimiento. Es un hombre creíble y honesto, con un
compromiso irrenunciable: tratar de salvar a otros jóvenes.

-Blumberg fue muy crítico respecto de lo que calificó como falta de respeto por
parte de muchos diputados. Dijo que no escuchan, no enriquecen el debate, y que
se van del recinto a pesar de que sus sueldos los paga la gente. ¿Le parece
fácil desmentirlo?
-Entiendo su indignación, pero hay mecanismos de la Cámara de Diputados que él
no tiene por qué conocer. En comisión parlamentaria se acuerdan muchas cosas que
después simplemente se leen, y algunos diputados acostumbran a leer lo que ya
todos tienen escrito. Eso puede tornar monótono el debate, pero es así.

-Póngase en el lugar de Blumberg…
-Claro, a él le hubiera gustado que las leyes se votaran en dos horas. Pero el
Parlamento está para debatir. Tengo en mis espaldas un debate de más de veinte
horas, y la maratón de oradores no es lo que más me entusiasma. Sin embargo, la
tarea legislativa es así…

-Pero ver por televisión a muchos diputados conversando o hablando por celular
mientras se debaten leyes tan importantes indigna tanto a Blumberg como a la
mayoría de los argentinos…
-Comprendo. Pero imagínese qué pasa cuando hay una lista de cincuenta oradores,
y algunos diputados hablan más de media hora seguida o leen hojas y hojas de
acuerdos ya consensuados. Por eso algunos se levantan, y vuelven para seguir con
otros temas.

-A usted le tocó enfrentar la marcha pacífica ciudadana más importante de la
democracia. ¿Qué saldo le dejó?
-Me emocionó ver semejante expresión de la gente. Si Blumberg fuera otro tipo de
persona y hubiera incitado a la violencia, la marcha podría haber terminado en
un desastre. Pero gracias a Dios es un hombre de bien, confía en los
legisladores, e hizo lo correcto.

-¿Qué recuerda de sus breves horas como Presidente de la Nación?
-Le aseguro que muy poca gente sabe lo cerca que estuvimos del desastre más
grande de la historia argentina. Llegué a una Casa Rosada en penumbras y con
autos quemados en los alrededores. El vacío de poder era absoluto. Querían darle
la presidencia a la Corte Suprema, y entonces asumí sabiendo que estábamos al
borde del abismo. Hoy, a pesar de todo, hay una luz de esperanza.

Camaño en su despacho de la presidencia de la Cámara de Diputados. Como telón de fondo, Perón y Evita. Aclara: No tengo la de Kirchner porque todavía no me la entregaron…".">

Camaño en su despacho de la presidencia de la Cámara de Diputados. Como telón de fondo, Perón y Evita. Aclara: "No tengo la de Kirchner porque todavía no me la entregaron…".

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